La vivienda como máquina de Shōzō Uchii


Sakuradai Village: Perspectiva

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Caminando menos de 20 minutos desde la estación de Aobadai, en la ciudad de Yokohama, se encuentran dos proyectos relativamente olvidados del gran legado metabolista de la arquitectura japonesa de posguerra. Ambas obras, proyectadas a finales de la década de 1960 por el arquitecto Shōzō Uchii, materializan una teoría arquitectónica, urbana y social que proponía nuevos modos de vivir a un país que, con una economía en crecimiento, buscaba en referentes internacionales modelos complementarios a su aparente inmutable tradición histórica.

Hijo y abuelo de arquitectos, Shōzō Uchii nació en 1933 y creció en la capital de un Japón imperial. Al finalizar su posgrado en arquitectura en la Universidad de Waseda, se unió en 1958 a la oficina del visionario maestro Kiyonori Kikutake, cofundador del movimiento metabolista, para así formarse bajo los principios de una novedosa filosofía urbana y arquitectónica.

En 1967, tras abrir su propio estudio, desarrolló sus dos primeros encargos: Sakuradai Village (1969) y Sakuradai Court Village (1970), los cuales se convertirían en referentes de un nuevo tipo de vivienda multifamiliar en su época.

No obstante, aunque su fructífera trayectoria profesional posterior opacaría el impacto de estos conjuntos, sus reflexiones son aplicables aún en proyectos contemporáneos.

Históricamente, la expansión de la región metropolitana de Tokio ha sido promovida por la planeación urbana e inversión inmobiliaria de empresas privadas de ferrocarril. Estas corporaciones han desarrollado proyectos comerciales en terrenos no urbanizados aledaños a sus futuras líneas de tren; asegurando así tanto la futura demanda de pasajeros, como el incremento de su valor una vez se consolidan urbanísticamente (Sorensen & Okata, 2010).

Consecuentemente, en 1960 la corporación Tōkyū encarga a Kikutake la formulación de un plan de desarrollo regional para la línea Tōkyū Den-en-toshi, mediante el cual le asigna a Uchii los dos proyectos de vivienda anteriormente mencionados. Este artículo se limitará a describir el primero de estos: Sakuradai Village.

Sakuradai hace referencia tanto al nombre del barrio, como a su traducción: el lugar elevado del cerezo japonés. Este árbol, al conformar un espacio interior que conecta permanentemente a los residentes con la naturaleza, es un elemento fundamental en la identidad arquitectónica de un proyecto que se estructura desde la consolidación de un espíritu sublime de comunidad. Esto lo llevaría a ganar el premio de excelencia arquitectónica de la prefectura de Kanagawa en 1972.

Según la recopilación de la vida y obra de Shōzō Uchii, en este momento de su carrera, su filosofía de diseño se basaba en la búsqueda de una arquitectura relumbrante, simple y sin ornamento, en la cual cualquier persona se sienta bien. Sin embargo, es también una crítica explícita a la arquitectura mediocre que se estaba haciendo en ese momento, a la cual le sobraba sentido común, y que no asumía riesgos acerca de las formas de habitar: una arquitectura en donde sencillamente no pasaba nada (Uchii, 2008). Lastimosamente, aún después de 50 años, esta sigue siendo una preocupación vigente para otras generaciones.

Adicionalmente, al priorizar la eficiencia económica es inevitable que lo espiritual y sublime (精神) se pierda en la arquitectura que más lo necesita: viviendas, colegios y edificios públicos.

De este modo, al entrar a Sakuradai Village por su imponente escalera principal y caminar bajo sus frondosos árboles, se hace evidente que, al proponer un espacio sacro central, definido por la vida en comunidad, existe la intención no solo de recuperar, sino también de resaltar estos elementos perdidos. Noción que, aunque parezca fundamental en la concepción de conjuntos multifamiliares, es frecuentemente relegada a espacios sin carácter y residuales.

El conjunto residencial se ubica sobre un eje urbano que conecta a la estación de tren y su implantación resuelve una topografía empinada a través del terraceo de un gran parque central o plaza (広場), como la denomina su autor. Sus 30 árboles de cerezo se asientan como guardianes de las actividades comunales, y, simultáneamente, al crecer de una manera orgánica y aleatoria, generan relaciones individuales con los balcones de cada apartamento. Así mismo, dependiendo del matiz que la estación del año indique, sus pétalos se colorean como relojes infalibles de la vida de sus residentes, quienes a diario deben pasar bajo ellos para ingresar a sus apartamentos, siendo además los anfitriones por excelencia de varios festivales durante su florecimiento en primavera.

Sakuradai Village: Localización

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Sakuradai Village: Entrada

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Sakuradai Village

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Sakuradai Village

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Sakuradai Village: Implantación

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Sakuradai Village

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Sakuradai Village: Apartamento

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Una propietaria comenta, “cuando vuelvo del trabajo, siento que estoy siendo guiada […] sin importar lo cansada que esté, muchas veces prefiero tomar el camino más largo ya que esto aligera mi corazón, me hace sentir bienvenida a mi propio apartamento. Después de vivir acá, considero que este sentimiento es lo más valioso.” (Umehara, 2017). Esta afirmación, guardando proporciones, retoma el carácter sublime de lo natural y lo contemplativo de los antiguos palacios japoneses (p.ej. Villa Imperial de Katsura), en los cuales la importancia de los jardines es equivalente o superior al diseño de las edificaciones.

Adicionalmente, este espacio central se plantea como una red natural urbana que se conecta con futuros desarrollos vecinos, a través de parques lineales internos, y contrasta la dinámica comercial exterior; mientras que la vivienda, al participar visualmente de ambos espacios, conecta firmemente la parte con el todo (Uchii, 1981). En este punto es pertinente resaltar lo desconcertante que es dedicar la primera mitad de un artículo titulado “La vivienda como máquina” a la importancia conceptual de lo no construido, que ni es vivienda ni es máquina. Sin embargo, la segunda mitad carecería de sentido sin haber explicado las emocionantes relaciones que nacen desde aquí.

En el 2019, con ocasión del aniversario número 50 del conjunto, la asociación de residentes inauguró una placa conmemorativa con una descripción del fallecido arquitecto (2002). En ésta se menciona que el diseño de la unidad de apartamentos nació como crítica a los tugurios intelectuales (知的スラム), es decir, aquella vivienda multifamiliar, por decisiones que trascienden lo arquitectónico, se diseñaba mal intencionalmente (Hokura, 2019). En el mismo texto, se define a esta relación entre los elementos naturales y la vivienda como un dispositivo o máquina (装置) de regulación ambiental que fomenta el espíritu de solidaridad de sus habitantes.

El acceso principal es por medio de una amplia escalera ubicada entre los bloques 1 y 2, que sube aproximadamente 5 metros en dos tramos, separando la plaza interior de un corredor comercial de 16 locales de escala vecinal en el primer piso. En contraste, 124 unidades residenciales se dividen en 4 grandes bloques de 5 pisos, conformados en total por 14 módulos de escalera central y 2 apartamentos por nivel. Estos cuentan con dos habitaciones y zona social independiente a la cocina (2LK), y con área desde 51 a 85 m2, dependiendo del tamaño de la terraza.

En los bloques ubicados sobre la avenida principal, la dimensión de las terrazas se reduce gradualmente en los pisos superiores para permitir un control visual sobre la calle y orientar las zonas sociales hacia el sur oeste, y así recibir durante todo el año al sol naciente. La volumetría resultante juega con la perspectiva desde donde sea observada, siguiendo una tendencia arquitectónica denominada gankōgata (雁行型), la cual, aunque atractiva, es cada vez menos usada debido a que su geometría es susceptible a la concentración excesiva de esfuerzos sísmicos.

El arquitecto reflexiona alrededor del significado de vivir en conjunto al reseñar que, a diferencia de casas individuales por encargo, la vivienda multifamiliar es abordada como producto prefabricado. Esto es debido a que, una vez los residentes empiezan a habitarlos, el proceso creativo ha terminado hace mucho tiempo y ellos no tienen más opción, sino la de adaptar sus estilos de vida a lo que el producto les ordene.

Se niega a aceptar que los apartamentos no tengan más remedio que ser solo artículos comerciales, cuya racionalidad superficial se basa únicamente en la eficiencia económica, en la que, siempre y cuando se venda, no es necesario hacer ningún esfuerzo adicional en mejorar el hábitat de sus usuarios.

Esto resulta en que sus habitantes nunca puedan abandonar la idea de que viven en un espacio temporal e intercambiable por otro producto genérico más nuevo y llamativo.

Por supuesto que la vivienda económicamente inviable es un problema. Sin embargo, Uchii se preguntaría si acaso no es más esencial pensar al menos en cómo facilitar la creación de estilos de vida propios. Consideraría que la causa del problema está en la uniformidad obsesiva: si cada unidad tiene una única forma, la libertad del modo de habitarla está matemáticamente limitada. Acaso, ¿un apartamento que cumpla con todos los aspectos funcionales, pero con forma rectangular genérica, es capaz de proporcionar satisfacción mental a sus residentes? La respuesta a esta pregunta evolucionaría a una filosofía de diseño denominada Arquitectura Saludable, posterior en su carrera.

De este modo, propone que la vivienda sea pensada no como un producto comercial terminado, sino como una máquina (装置) contenedora de familias; diseñándola como un agregado de elementos independientes y multidimensionales que puedan ser reparados y modificados por sus usuarios de acuerdo a las necesidades que surjan con el tiempo (Kurita, 1973). Para lo cual, evidentemente, el sistema estructural de pórticos en concreto es ideal, ya que convierte los muros divisorios en elementos no estructurales y proporciona la flexibilidad requerida.

Sakuradai Village

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En conclusión, Uchii responde a los proyectos inmobiliarios de su época con una propuesta en la que ocupantes se apropian del espacio en función a su estilo de vida particular. Simultáneamente, al abrir dos balcones opuestos, se genera una transición desde la apropiación de las dinámicas urbanas del exterior con su terraza frontal, hacia el espíritu comunitario interno a través de la luz filtrada por los enormes cerezos sobre el ámbito privado. Así, logra el objetivo de proponer una arquitectura amable y humana, cuya simplicidad seduce a los que no estamos satisfechos con la calidad de la arquitectura multifamiliar contemporánea.

No obstante, como en cualquier experimento, hay elementos que han perdido vigor con el tiempo. El espacio comunitario es tan contemplativo que es inquietante la falta de espacios de encuentro que alberguen otras actividades recreacionales o de reposo, así sea como transición hacia el corredor comercial que hoy en día ha perdido vitalidad y se limita a locales genéricos que no proponen un estilo de vida particular.

Así mismo, debido a la complicada topografía, el diseño poco accesible de las circulaciones internas y la ausencia de elevadores dificultan la movilidad de los residentes de la tercera edad, de coches de bebé e, incluso, la mudanza de nuevos vecinos; aspectos que pudieron haberse solucionado mejor, si la premisa era la de formular la vivienda multifamiliar del futuro. No obstante, la osadía de predecir el pasado no es particularmente perspicaz ni demerita decisiones que muy probablemente fuesen las más adecuadas en su momento y sin las cuales es posible que el proyecto no fuera lo que es.

Sakuradai Village

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Sakuradai Village: Sección

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Bibliografía

1 

Hokura, K. (2019). 50-Nen-me no `sakura’ o kaku ni. Machi no komyunitihabu o mezasu. Obtenido de https://suumo.jp/library/article/entry/to_0008359513/

2 

Kurita, I. (1973). Gendaisaku Kashū Gendainihon kenchikuka Zenshū 2 (24) (2 ed.). Tokio: San’ichishobō.

3 

Okata, J., & Murayama, A. (2011). Tokyo’s Urban Growth, Urban Form and Sustainability. Megacities: Urban form, governance, and sustainability (pp. 15-41). Tokio: Springer.

4 

Uchii, N. (2008). Architect Uchii Shōzō: 1933-2002. Tokio: Shin Kenchikusha.

5 

Uchii, S. (1981). Uchii Shōzō. Tokio: Shin Kenchikusha.

6 

Umehara, A. (2017). Sakuradai bireji ni miru,‘kenkō’na kenchiku ttena ndarou? Obtenido de http://morinooto.jp/2017/05/16/ecodiy2016-05/

Notes

[*] ニコラス・フェリペ・オルティス・ララ

Ingeniero Estructural de RISE Structural Design RISE

RISE 構造設計 構造設計者