Un universo variopinto de conexiones colombo-japonesas


“Levantéme al día siguiente cuando amanecía. Los resplandores que delineaban hacia el Oriente las cúspides de la cordillera central, doraban en semicírculo sobre ella algunas nubes ligeras que se desataban las unas de las otras para alejarse y desaparecer. Las verdes pampas y selvas del valle se veían como al través de un vidrio azulado, y en medio de ellas, algunascabañasblancas, humaredasdelosmontesrecién quemados elevándose en espiral, y alguna vez las revueltas de un río. La cordillera de Occidente, con sus pliegues y senos, semejaba mantos de terciopelo azul oscuro suspendidos de sus centros por manos de genios velados por las nieblas. Al frente de mi ventana, los rosales y los follajes de los árboles del huerto parecían temer las primeras brisas que vendrían a derramar el rocío que brillaba en sus hojas y flores”.

María - capítulo 9

Esta y otra de las vívidas y hermosas descripciones del paisaje vallecaucano cautivaron a Yūzō Takeshima, joven nacido en Tokio en 1899, quien se acercó a la lengua española mediante nuestra novela fundacional, María, de Jorge Isaacs. Fue tanta su impresión que sus ensoñadoras palabras algunos dicen que su propia traducción de la obra– movieron a cuatro de sus amigos a embarcarse a Colombia en 1923. El propio Takeshima solo pudo arribar en 1924 durante una licencia de su trabajo como secretario de Kaigai Kogyo Co en Brasil. El resto de su vida transcurrirá en un trasegar constante por la geografía colombiana ocupándose de inmigración, comercio e intercambio de productos agrícolas y tecnológicos.

También fue el arte, pero esta vez, el de la jardinería el que condujo a Tomohiro Kawaguchi desde los jardines imperiales y condales de Japón hasta nuestro Bosque de San Diego. Poco sabemos de su trabajo en la Exposición Agrícola e Industrial de 1910; seguramente junto con el quiosco japonés, sus plantas, rocas, cuerpos de agua, linternas recreaban su cosmovisión en el corazón de nuestra ciudad y para celebrar nuestra nación. El equilibrio delicado entre la naturaleza y la intervención humana, su sinergia perfecta, introdujo en Colombia el saber ancestral japonés. Complejo y diverso es, pues, el vínculo entre Colombia y Japón y muy frecuentemente mediado por el arte, las letras y el intercambio humano que es origen de la cultura. Por ello, acepté como un gran honor la invitación para prologar estas páginas en las que ustedes encontrarán ese universo variopinto de conexiones colombo-japonesas.

Un primer bloque de artículos vincula los ejes de la arquitectura, la cultura y la lengua. Como apertura al número, David Burbano González estudia dos casos de poblaciones rurales japonesas cuya propuesta de interacción entre el campo y la ciudad aspira a una integración entre dichos ámbitos sin supeditar, como es habitual, el primero al segundo. Como en el caso de aquellos inmigrantes mencionados ya en este texto, podemos recurrir a Japón y su específica manera de comprender esas relaciones entre la naturaleza y la cultura para armonizar ambos ámbitos y resignificarlos. Una armonización entre lo propio y lo foráneo, entre las estructuras sociales tradicionales y las nuevas dinámicas de inserción de las mujeres en la cultura examina Keiko Susaki en su artículo titulado “Las escritoras en ascenso en el Japón contemporáneo: Yōko Tawada y el periodo Heisei”. Allí la autora evidencia la influencia de las mujeres en la denominada “era de la literatura en lengua japonesa”, a pesar de que en la sociedad japonesa su participación entre otros ámbitos sigue siendo minoritaria. Su interesante forma de referirse al estado actual de las letras japonesas demuestra cómo la expresión de una cultura encuentra su espacio incluso en los intersticios del desarraigo, la migración y el bilingüismo.

Tras la hermosa pintura del maestro Ariza en el que se hibridan técnicas japonesas con colores originalmente americanos como el rojo, Abe Shin reflexiona sobre el influjo de la cultura y el contexto en la lengua. Así en su texto “Creencias de estudiantes y profesores sobre el aprendizaje de la lengua japonesa” se resaltan un conjunto de juicios que intervienen en el estudio de una lengua y condicionan la aproximación de profesores y maestros a una cultura. El lugar de la historia y su poder para otorgar sentido a los hechos, vincularlos y justificarlos es el eje central de la conversación entre el equipo editorial de Kōbai y el profesor Kaoru Iokibe. De acuerdo con su explicación es precisamente una mirada integral de la sociedad la que condujo a Japón convertirse en un líder mundial en el periodo Meiji; esta mirada supuso inversiones en educación, desarrollo económico y fuerza militar.

El segundo bloque de artículos comienza con “Sinergias entre la inversión y el comercio Colombia-Japón: una mirada al panorama actual”. En este, Tetsuya Toyota retrata el estado de las relaciones comerciales entre Japón y nuestro país. Colombia es el tercer país de América Latina que más y mejores vínculos tiene con Japón, solo detrás de los gigantes Brasil y México. Este hecho es caracterizado en el artículo demostrando que dichas relaciones se han duplicado en los últimos veinte años en especial gracias al intercambio de tecnología agrícola y de otro tipo.

La política conecta también un segundo bloque de artículos que se ocupan de esa historia militarista ya mencionada por el profesor Iokibe y que de nuevo en el artículo “Japón como disonancia estratégica en Asia” resulta nuclear. En este texto, Pío García explica cómo fue posible la formación del bloque económico Regional Comprehensive Economic Partnership, responsable de cerca del 30% de PIB mundial, gracias al pragmatismo asiático que ha permitido cerrar disputas y diferencias y encontrar algunas de las alianzas comerciales más fuertes de los últimos tiempos. El último artículo de Ricardo Peña Silva analiza las experiencias que pueden aprovechar otros países, como nuestra propia Colombia, sobre el progresivo e inevitable envejecimiento de la población. “Envejecimiento saludable: retos y lecciones desde Japón” se ocupa de una paradoja de las sociedades en las que los avances científicos, los servicios de salud y el bienestar es tal que la vida de sus pobladores se prolonga. Aunque en una menor proporción, también nuestro país enfrenta un envejecimiento de suerte que las estrategias científicas, los programas sociales y las políticas públicas estudiadas por Peña Silva son sin duda relevantes para nosotros hoy.

La revista intercala estos artículos con secciones de diverso tipo: una infografía sobre el desarrollo tecnológico puesto a disposición de la emergencia por Covid en Japón, Japón 101 con datos clave sobre este país, la imagen memorable del afiche promocional de una película que intenta resignificar el rol de las mujeres en la sociedad japonesa y una píldora de sabiduría y arte de hermosa caligrafía. Cabe agregar que las imágenes que acompañan cada sección resultan del trabajo creativo y de curaduría del equipo de la revista. Los invito pues a conocer algunas de esas relaciones colombo-japonesas que entrelazan nuestras naciones gracias al arte, la cultura, la política y el intercambio económico y tecnológico.

Notes

[*] Andrea Lozano Vásquez

Decana de la Facultad de Artes y Humanidades Universidad de los Andes (Colombia)

アンドレア・ロサノ・バスケス

ロスアンデス大学人文芸術学部長