Las costas japonesas son las regiones más urbanizadas del mundo, mientras que un gran porcentaje del interior se conserva como bosque. Alrededor del 80% de la población reside en ciudades. Entre tanto, las regiones rurales lejanas a los grandes centros urbanos disminuyen en población, estableciendo cada vez más niveles de relación e interdependencia entre las regiones rurales y las grandes áreas metropolitanas. Este artículo analiza, desde dos estudios de caso, manifestaciones de interdependencia territorial y desarrollo económico comunitario en zonas rurales de incidencia metropolitana en las prefecturas de Saitama y Chiba, estudiadas como parte de la investigación “Experiencias en Japón sobre la planificación territorial de las comunidades como estrategias de implementación en ciudades y pueblos pequeños en Colombia que han sido víctimas de conflictos o desastres naturales”. Dichos estudios dan cuenta de nuevas dinámicas locales con incidencia física y espacial, haciendo énfasis sobre impactos ambientales sostenibles representados en el manejo adecuado de sus paisajes naturales intervenidos.
Territorialidad rural suburbana
La historia del desarrollo de la planificación urbana moderna en Japón comienza en el período Meiji, cuando las intervenciones estatales en los procesos de desarrollo urbano fueron impulsadas tanto por las demandas cambiantes en las áreas urbanas derivadas de la modernización e industrialización de la economía, como por el deseo del gobierno de proyectar un aspecto moderno y civilizado al mundo exterior.
Por su parte, el rápido crecimiento económico impulsó la rápida urbanización, la concentración de la población y la capacidad productiva en las grandes regiones metropolitanas creadas durante este período. Sobre el territorio japonés trazado sobre el eje entre Tokio y Osaka, conocido como el Cinturón del Pacífico o metrópolis de Tokaido, se produjeron las mayores tasas de expansión industrial. Allí, los problemas urbanos y ambientales creados por la industrialización fueron más severos.
Desde estos procesos de crecimiento urbano y desarrollo industrial la metrópolis de Tokaido se convirtió en un territorio en donde las antiguas distinciones entre lo rural y lo urbano ya no se aplicaban. Como resultado, el paisaje rural de este territorio no se ajusta a su antiguo significado. En estos territorios intermedios entre lo urbano, la idea de la ciudad se abandona como una unidad estrechamente estructurada y organizada a un área dispersa en la que las personas y las actividades se agrupan en un entorno no urbano. Cada ciudad de esta región se extiende a lo largo y ancho alrededor de su núcleo original y crece en medio de una mezcla irregular de paisaje rural y suburbano (Sorensen, A., 2002).
Hoy en día, sobre esta territorialidad rural suburbana, las dinámicas socioeconómicas, laborales y funcionales se mantienen entorno a las dependencias e interacciones con los grandes centros urbanos desde ámbitos metropolitanos, gracias a las grandes infraestructuras de transporte, en particular el sistema férreo. Sin embargo, nuevas dinámicas locales se vienen presentando, impulsadas principalmente por procesos de participación e iniciativa comunitaria. Estos se fundamentan en tradiciones locales rurales que desde hace algunos años han venido surgiendo desde una concepción territorial más sostenible y apropiada ambientalmente que compensa los impactos de los procesos de urbanización.
Economías locales y territorialidades ambientales integrales
La inclusión del componente ambiental y la idea del territorio sostenible, desde la suburbanidad rural japonesa y desde sus propias cadenas económicas productivas, ofrecen novedosas iniciativas comunitarias integradas y dependientes de las estructuras ecológicas naturales y las tradiciones locales, mediante zonas ambientalmente protegidas conocidas como paisajes satoyama (Ohkubo y Sadohara, 2012). Estos paisajes son conocidos como acciones humanas colectivas de intervención en ecosistemas rurales y se han convertido en ejemplos apropiados para poder entender mecanismos de organización comunitaria local y territorial integral, principalmente desde las evidencias de mejoramiento y transformación física y espacial del entorno. En la evolución de estos procesos se asume que “las áreas especificadas para los paisajes satoyama se colocan en un mosaico espacial, así como en estructuras de zonificación condicionadas por la participación de las comunidades involucradas las cuales deben tomar acciones desde la formulación de pautas fundamentadas en la comprensión de la biodiversidad y los ecosistemas, así como en un sistema de seguimiento, conservación y restauración de biodiversidad y utilización de la cultura tradicional regional y local”. (Ohkubo y Sadohara, 2012. pp. 353).
Desde estas pautas de ordenamiento local y ambiental, los casos descritos en el estudio estructuran una cadena de procesos fundamentados en principios integrales de reordenamiento organizados sobre el territorio como estrategias de respuesta a problemas sociales, demográficos y económicos que plantean nuevos valores para aprovechar estos paisajes, pero también como espacio estratégico dentro del desarrollo económico local. En ese sentido, los proyectos estudiados han podido constatar la correlación de los procesos asociados al ordenamiento territorial desde la dependencia entre: la interrelación urbana y rural, la alteración artificial de los ambientes naturales, la comercialización de productos y las estrategias de las economías locales. Esta visión integral del territorio se convierte entonces en el escenario sobre el cual se evidencia el desarrollo económico como estrategia desde una visión ecosistémica, donde las zonas productivas y las zonas de protección ambiental se intervienen e interactúan desde iniciativas comunitarias.
Los programas analizados en las prefecturas de Saitama y Chiba dan cuenta de cómo, desde los procesos acelerados de urbanización, las contrapartes rurales japonesas han generado la reciente expansión de la participación ciudadana en los esfuerzos de mejora ambiental local, representando uno de los procesos más esperanzadores en la planificación japonesa en muchos años.
Dos procesos de desarrollo local e impacto ambiental
El caso estudiado en la prefectura de Saitama consiste en un programa de resistencia comunitaria como respuesta a la fumigación, el uso de químicos e intereses privados. El proyecto se formula como un programa de desarrollo local de economía solidaria organizado entre varias familias y corresponde a una granja especializada en agricultura orgánica. La Granja Shimosato, entendida como un proyecto integral de organización comunitaria, busca la generación de una granja autosostenible de producción agrícola con productos orgánicos complementada con un proceso de recuperación ambiental y conservación de los paisajes satoyama.
El proceso de esta granja inició en 1971 como un programa de preparación de abono orgánico contra del uso de pesticidas y como respuesta a presiones externas para construir nuevos centros recreativos urbanos. Este proyecto se formuló bajo los principios de asistencia compartida, decisión de precios, buenas relaciones, cooperación mutua y mantenimiento de la escala apropiada. La filosofía de la granja ha sido la producción de una variedad grande de porciones reducidas de diferentes productos. Anualmente se producen 80 productos diferentes.
En términos espaciales y ambientales, se trabaja junto y con el Satoyama, estableciendo un sistema de reforestación y quema de especies no nativas compartidas con bosques nativos intocables (bosque oscuro y bosque claro sobre el río Sukinawa). De tal forma, la comunidad se organiza como una cooperativa para rotar cada año 30 hectáreas entre todos, para cubrir un total de 70 familias. Junto a hortalizas y frutas, siembras de soya, trigo y arroz, el esquema de gestión implementado está compartido entre agricultores, aprendices inmigrantes, comerciantes locales y restaurantes.
David Burbano González, Paisaje satoyama en Saitama Ogawamachi, Prefectura de Saitama | Proyecto Granja Shimosato cruzada por el río Sukinawa [Fotografía digital], 2004.
David Burbano González, Tanada y paisaje satoyama. kamogawa, Prefectura de Chiba. | Proyecto Kamanuma y Ooyama-Senmaida [Fotografía digital], 2004.
Por su parte, el caso estudiado en el prefectura de Chiba corresponde a los programas de producción y comercialización de productos agrícolas locales, principalmente arroz, llamadas Tanadas, las cuales están gestionadas y trabajadas por iniciativas comunitarias conformadas por residentes del lugar, población joven y visitantes urbanos residentes principalmente en Tokio. La Tanada es una parcela aterrazada cultivada con arroz de uso colectivo y consta de un sistema de riego escalonado natural. El proyecto “Tanada Kamanuma” es un movimiento de conservación y recuperación de cultivos como respuesta a un fenómeno de abandono de las áreas rurales y surge como una estrategia para atraer gente de la ciudad y así participar como miembro de una asociación que lo financia. La gente urbana asiste los fines de semana a trabajar sobre los Tanada. El programa, además, se fundamenta en el valor cultural de la región, así como en la relación con el paisaje natural colindante mediante la intervención de los Satoyama.
Ambas experiencias de Saitama y Chiba se enmarcan dentro intervenciones rurales suburbanas insertas dentro de áreas urbanas municipales cercanas, sobre las que se establecen los procesos de articulación y complemento a las cadenas productivas desde su comercialización. Sin embargo, es Tokio el gran centro metropolitano sobre el cual el sistema económicamente funciona.
Escenarios propios de Japón
Los componentes y los resultados vinculados a las experiencias estudiadas son consecuentes con la realidad de un contexto como el japonés, su cultura, educación, economía y ante todo su visión del mundo y de la sociedad. Parte de esta realidad la determina el nivel de dotación y organización física, funcional y social del territorio japonés. En ese sentido se reconocen y evidencian las siguientes condiciones básicas del territorio sobre las que se permiten llevar a cabo cada uno de los programas analizados.
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Infraestructura vial y dotacional: Se establece un sistema integrado de grandes autovías nacionales y regionales que garantiza y facilita la movilidad constante, eficiente y regular de personas entre las grandes ciudades y las zonas rurales. Esta infraestructura se complementa con un sistema vial férreo altamente eficiente y rápido que garantiza el flujo constante de carga y de productos propios desde cada región dirigidos hacia los principales centros metropolitanos de venta y distribución.
Sobre las autovías, además, se tienen localizados en el país más de 1000 Michinoeki, estaciones de paso que sirven como dotaciones comerciales y de promoción de economías locales. Dentro de la idea de “economías solidarias”, los Michinoeki son estratégicos en la medida en que se convierten en centros fundamentales dentro de las cadenas productivas. Además, sirven como modelos de recuperación de identidades locales y de comercialización desde las infraestructuras viales para acceder a las principales ciudades.
Conciencia ecológica: A pesar del impacto y la extensión de las grandes zonas urbanas, desde la crisis ambiental de los años 60 y 70, el territorio japonés está organizado por una amplia y extensa área de protección y reserva ambiental distribuida sobre la alta montaña, los bosques y los bordes marítimos. Sobre ellos las intervenciones físicas territoriales están articuladas bajo su reconocimiento y preservación, como es el caso de los Satoyama.
Revalorización del campo: El dilema entre campo y ciudad se resuelve en Japón ante la necesidad de entenderlo como un ente territorial correlacionado. Por lo tanto, se plantean alternativas de control de impactos de lo urbano sobre lo rural y se revalorizan las actividades hacia el campo. Asimismo, se evidencia que es necesario promover una verdadera descentralización desde las áreas metropolitanas y promover el regreso al campo, mejorando la infraestructura en educación y salud en el campo y los pequeños poblados, garantizando así una verdadera descentralización. El campesino se ha revalorizado como productor de comida y la ruralidad como forma y espacio para un mejor vivir. Las experiencias, como las granjas estudiadas en Saitama y Chiba, demuestran que los “neorurales” deben ser “neocampesinos”: productores de comida y restauradores de ecosistemas para proteger las cuencas, reforestar y fortalecer la agricultura orgánica.
Autogestión comunitaria y apoyo estatal: Se le da el papel central a una nueva forma de negocio llamada negocio social, el cual no es creado únicamente para resolver los problemas de las personas sin que se pueda obtener ganancia. Dentro del principio de economía solidaria, si se saca ganancia, esa ganancia tiene que invertirse para replicar o generar otros focos o núcleos de negocio local solidario. Si bien las iniciativas se fundamentan en decisiones colectivas locales, en algún momento el apoyo del Estado puede llegar ser fundamental, en la medida en que institucionaliza y formaliza los procesos, así como impulsa su propio desarrollo y efectividad. Es una articulación a nivel de gestión entre los procesos de abajo hacia arriba y de arriba abajo.
Desde las experiencias analizadas, se ha identificado una visión integral del territorio desde la inclusión del componente ambiental como catalizador de la ruralidad japonesa. Esta aproximación permite cerrar el ciclo del proceso de desarrollo local visto desde la lógica de la sostenibilidad, partiendo desde el componente participativo hasta llegar a la preservación de los componentes ecológicos del entorno en donde se desarrolla. Los proyectos estudiados dan cuenta, además, de que los actores económicos locales en algunas áreas rurales de Japón tienen incentivos tan fuertes para mantener su influencia sobre la toma de decisiones locales de su entorno físico. Estos determinan formas de nuevas ruralidades emergentes fundamentadas tanto en el reconocimiento de tradiciones rurales y culturales propias, como en la importancia de las interacciones e interdependencias sociales y económicas de las áreas metropolitanas, convirtiéndose en ejemplos de una ruralidad contemporánea.




