Los profesionales forestales y la inteligencia de las plantas*

Rodrigo Severo Arce Rojas**

Universidad Ricardo Palma (Perú)

Naturaleza y Sociedad. Desafíos Medioambientales • número 7 • septiembre-diciembre 2023 • pp.

https://doi.org/10.53010/nys7.07

Recibido: 9 de agosto de 2023 | Aceptado: 17 de noviembre de 2023

Resumen. El presente artículo revisa las relaciones existentes entre las acciones de los profesionales forestales y el emergente campo del conocimiento acerca de la inteligencia de las plantas. Múltiples son las disciplinas académicas que han sustentado la inteligencia de las plantas desde el siglo XIX, pero no ha sido sino desde inicios del XXI que los ingenieros forestales del Perú y Latinoamérica han empezado a contribuir al conocimiento de la inteligencia y sensibilidad de estos seres. Independientemente de los grados que puedan presentar capacidades de este orden en las plantas, es importante revisar la relación entre estas y los profesionales forestales en el marco de una ética biocultural en calidad de cohabitantes de la Tierra. Por tanto, el objetivo del artículo es sensibilizar a la comunidad latinoamericana dedicada a la profesión forestal sobre la importancia del reconocimiento del valor intrínseco de la vida en los bosques, más allá del aprovechamiento utilitarista. Para el efecto se realiza una revisión bibliográfica de documentos especializados, bajo un enfoque cualitativo descriptivo; y se concluye que, aunque existe un fuerte consenso en la comunidad científica especializada en las plantas y en la filosofía vegetal sobre las características de la inteligencia y sensibilidad de estas, todavía hay resistencias en sectores de la academia, y especialmente entre los profesionales forestales que aún inscriben en el marco del antropocentrismo y el mercantilismo. Esta actitud ha sido reforzada por la institucionalidad forestal internacional y los marcos normativos nacionales con elementos que niegan o subestiman el valor intrínseco de la vida no humana o más que humana en los bosques.

Palabras clave: bioética ambiental, bosques, ética forestal, filosofía vegetal, inteligencia vegetal, pensamiento vegetal

Forestry professionals and plant intelligence

Abstract. This article reviews the relationship between the actions of forestry professionals and the emerging field of knowledge about plant intelligence. Many academic disciplines have supported plant intelligence since the nineteenth century; nevertheless, it is only since the beginning of the twenty-first century that forest engineers in Peru and Latin America have begun to contribute to the knowledge of the intelligence and sensitivity of these beings. Regardless of the degrees to which plants may present capacities of this order, it is pertinent to review the relationship between plants and forestry professionals within the framework of a biocultural ethic as co-inhabitants of the Earth. Therefore, the article aims sensitize the Latin American community dedicated to forestry careers about the relevance of recognizing the intrinsic value of life in forests beyond utilitarian exploitation. For this purpose, a bibliographic review of specialized documents is conducted under a descriptive qualitative approach; and it is concluded that, although there is a strong consensus in the scientific community specialized in plants and plant philosophy on the characteristics of the intelligence and sensitivity of these, there is still resistance in sectors of academia and, especially, among forestry professionals who still inscribe in the framework of anthropocentrism and mercantilism. This attitude has been reinforced by international forestry institutions and national regulatory frameworks with elements that deny or underestimate the intrinsic value of non-human or more-than-human life in forests.

Keywords: environmental bioethics, forests, forest ethics, plant intelligence, plant philosophy, plant-thinking

Os profissionais florestais e a inteligência das plantas

Resumo. Neste artigo, analisa-se a relação entre as ações dos profissionais florestais e o emergente campo de conhecimento sobre a inteligência das plantas. Muitas disciplinas acadêmicas têm apoiado a inteligência das plantas desde o século 19, mas é só a partir do início do século 21 que os engenheiros florestais do Peru e da América Latina começaram a contribuir para o conhecimento da inteligência e sensibilidade desses seres. Independentemente do grau em que as plantas possam ter estas capacidades, é importante rever a relação entre as plantas e os profissionais florestais no âmbito de uma ética biocultural como coabitantes da Terra. Assim, o objetivo deste artigo é sensibilizar a comunidade florestal latino-americana para a importância de reconhecer o valor intrínseco da vida nas florestas, para além da exploração utilitária. Para isso, é realizada uma revisão bibliográfica de documentos especializados, utilizando uma abordagem qualitativa descritiva; e conclui-se que, embora exista um forte consenso na comunidade científica especializada em plantas e filosofia vegetal sobre as características da inteligência e sensibilidade destas, ainda existe resistência em sectores da academia e, sobretudo, entre os profissionais florestais que ainda as inscrevem no âmbito do antropocentrismo e do mercantilismo. Essa atitude tem sido reforçada pelas instituições florestais internacionais e pelos referenciais normativos nacionais, elementos que negam ou subestimam o valor intrínseco da vida não humana ou mais do que humana nas florestas.

Palavras-chave: bioética ambiental, ética florestal, filosofia vegetal, florestas, inteligência vegetal, pensamento vegetal


Introducción

Aun cuando las plantas ya hayan sido motivo de curiosidad científica para los griegos y a lo largo de la historia de la humanidad en general, el conocimiento de estas ha sido subestimado frente al fuerte peso del antropocentrismo, el zoocentrismo e incluso lo que se podría denominar el vertebradocentrismo (Maldonado, 2022). Ello no obvia desconocer los importantes avances de la ciencia en su orden de aparición: descriptiva, taxonómica y ecosistémica —etapas marcadas aún por el antropocentrismo—. Se requiere abrir la comprensión del mundo de las plantas, desde perspectivas epistemológicas, ontológicas y también metafísicas.

Por otra parte, ha habido un interés más biocéntrico, como el expresado por Darwin, quien con su obra referida a las plantas marca un hito significativo en el conocimiento, motivado no necesariamente por la utilidad, sino por la admiración de las plantas como seres vivos con capacidades adaptativas y con indicios de comportamiento (Darwin, 1843, 1844, 1855a, 1855b, 1855c, 1855d, 1875 y 1880; Gómez, 2009; Pozner y Cocucci, 2009). Además, es importante mencionar a los naturalistas y los botánicos, principalmente europeos, tanto por su interés en el conocimiento de las plantas como por la búsqueda de nuevas fuentes de recursos para los países colonizadores, entre los cuales se puede mencionar a Hipólito Ruiz, Joseph Dombey y José Pabón, solo por citar algunos nombres (Sabogal, 2019).

Afortunadamente, la subestimación del mundo vegetal ha venido disminuyendo, pero aún lentamente y no con la suficiente contundencia como para que el tema de la inteligencia vegetal esté marcando el paso en el escenario internacional donde se gestiona el mundo de los bosques. Existe una profusa literatura científica y filosófica que da cuenta de ello (Calvo, 2016; Calvo et al., 2020; Calvo y Keijzer, 2009 y 2011; Gagliano, 2013a, 2013b, 2015 y 2017; Gagliano et al., 2014; Gagliano et al., 2016; Gagliano et al., 2018; Gagliano y Grimonprez, 2015; Gagliano y Marder, 2016a y 2016b; García Gómez, 2021; Mancuso, 2017; Mancuso y Viola, 2015a y 2015b; Myers, 2015; Nealon, 2014; Pelizzon y Gagliano, 2015; Simard, 2021; Wohlleben, 2015, entre otros).

Antes de presentar las relaciones entre los profesionales forestales y las plantas, es necesario aclarar los alcances del término forestal. Existen dos formas de entenderlo: una referida a los bosques conformados por especies con uso maderable (o en contraposición con los usos no maderables) y otra que remite a la totalidad de especies silvestres (biodiversidad forestal). Pero esta división no es nítida, por cuanto muchos ecosistemas concebidos como naturales —en el sentido de “sin intervención humana”— en realidad son culturales, pues los seres humanos han participado en su modelación. El problema de pensar que los bosques están conformados únicamente por especies maderables minimiza el rol de los otros componentes del ecosistema forestal con el cual están estrechamente interrelacionados como sistemas complejos adaptativos. Bajo esta mirada reduccionista se separan los humanos de los bosques, cuando en realidad estamos hablando de los bosques como socioecosistemas.

También es importante señalar que al hacer referencia a los profesionales forestales se los toma en sentido lato, porque existen diversas denominaciones para las disciplinas que están vinculadas con los bosques, tales como la ingeniería forestal, la ingeniería de montes, la ingeniería en recursos naturales renovables, la ingeniería agroforestal, entre otras. Así, cuando aquí se habla de profesionales forestales se está aludiendo a todas las denominaciones existentes y afines, y se está pensando tanto en mujeres como en hombres.

Hablar de bosques exige reconocer toda su complejidad ecológica y socioecológica. Dado que la orientación hacia la fauna tiene más desarrollo, aunque todavía con importantes brechas, en este artículo se presta especial atención, solo en términos metodológicos, a las plantas de los bosques. Pero, como se puede entender, hablar de plantas implica también referirse a las complejas interrelaciones con los animales, sea como depredadores en la cadena trófica, sea como dispersores o polinizadores. Por lo tanto, la separación es artificial y convenida.

Hechas estas precisiones, se desarrollan unos comentarios respecto a la relación entre los profesionales forestales y las plantas. Una primera aproximación remite a los objetivos centrales que movilizan a los profesionales forestales según su perfil ocupacional. Una forma de esta relación alude a la orientación al aprovechamiento sostenible de los recursos forestales; la segunda, a la conservación de los ecosistemas; la tercera, a los diferentes eslabones de la cadena de valor, es decir, planificación, manejo, transformación, transporte y comercialización. Esta última forma no es sino una especificidad del vínculo orientada al aprovechamiento sostenible.

En la medida en que los bosques son socioecosistemas y sistemas complejos adaptativos, es necesario que los profesionales forestales superen una visión estrictamente disciplinaria para incorporar perspectivas interdisciplinarias, transdisciplinarias e incluso antidisciplinarias. Con ello se abre el campo de actuación a todas las áreas que quieran o puedan aportar a un abordaje más complejo de los bosques.

Para el caso peruano, Arce (2018a, 2018b, 2020 y 2022) ha estudiado el enfoque de desarrollo forestal en el Perú y concluye que, aunque en el marco institucional nacional se hable de objetivos de aprovechamiento sostenible y conservación de bosques para el bienestar humano y el desarrollo sostenible, en la práctica hay un fuerte sesgo economicista. El desarrollo forestal en el Perú es concebido fundamentalmente como un aporte al crecimiento de la economía nacional, que apuesta por el incremento de la productividad y la competitividad. Asimismo, plantea que el sector forestal peruano se desenvuelve en el marco de un paradigma de desarrollo simplificante caracterizado por ser disyuntivo, reduccionista, mecanicista y determinista, entre otros atributos, por lo que señala la necesidad de formular el desarrollo forestal desde el paradigma epistemológico de la complejidad. En la revisión de las estructuras curriculares de las facultades forestales del Perú se encuentra una fuerte orientación disciplinaria con escaso tratamiento de las ciencias sociales y de las humanidades (Arce, 2020). Arce y Yábar (2023, p. 20), en una investigación orientada a identificar las relaciones entre la forestería y el otro-que-humano, categoría que reconoce el valor intrínseco de todas las expresiones de vida en la Tierra, encuentran que, en el ámbito institucional, el Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (Serfor) mantiene la lógica de recursos forestales con orientación productiva; aunque en su estructura existe un buen marco de respeto al otro-que-humano de los bosques, los profesionales todavía mantienen una concepción fuertemente utilitarista y productivista.

De acuerdo con lo anterior, la filosofía, a diferencia de la ciencia formal, tiene más libertad para buscar nuevas perspectivas de los problemas de la realidad, lo que es sustantivo para hacer preguntas que de repente no tienen cabida o sentido en el marco limitado de las ciencias forestales normales. He allí la riqueza de su participación. Como consecuencia de esta apertura, lentamente empieza a incorporarse la perspectiva filosófica en las ciencias forestales en el Perú, especialmente a partir de la inclusión de estos temas en la Revista Forestal del Perú desde 2018.

Para la investigación realizada se planteó como objetivo establecer parámetros para una discusión con la comunidad de profesionales forestales en Latinoamérica sobre la importancia del reconocimiento del valor intrínseco de la vida en los bosques, más allá del utilitarismo. Ahora bien, como se verá, esta apertura tiene fuertes connotaciones epistemológicas y ontológicas en el relacionamiento que se produce entre los profesionales forestales y los bosques.

Metodología

Se planteó una metodología cualitativa, con enfoque descriptivo e interpretativo. El alcance de la indagación es latinoamericano y el marco temporal es sobre todo contemporáneo. Para tal efecto, se realizaron búsquedas bibliográficas, principalmente en las plataformas ProQuest, Academia.edu, ResearchGate, Redalyc, SciELO y Google Académico. Las palabras clave que permitieron ubicar los artículos fueron: inteligencia de las plantas, inteligencia vegetal, inteligencia de la naturaleza, pensamiento vegetal, neurobiología vegetal, biología cuántica, epigenética, neurofisiología de las plantas, electrofisiología y plantas maestras. Adicionalmente, se vieron y analizaron videos especializados de ponencias de investigadores destacados en el tema de la inteligencia de las plantas. La información recogida fue interpretada relacionalmente.

El problema que se quiso investigar es el escaso reconocimiento de la inteligencia de las plantas en el marco teórico y operacional de los profesionales forestales. En tal sentido, la pregunta principal de investigación fue: ¿en qué se fundamenta el escaso reconocimiento de la inteligencia de las plantas en el marco teórico y operacional de los profesionales forestales? Las preguntas específicas planteadas fueron las siguientes:

  1. ¿En qué consisten la conciencia, la inteligencia y la sensibilidad en las plantas?
  2. ¿Cuáles son los aportes de las diversas disciplinas al entendimiento de la inteligencia vegetal?
  3. ¿Cuál es el marco institucional de actuación de los profesionales forestales?

Para dar respuesta a los anteriores interrogantes, en primer lugar, se hacen aclaraciones sobre los alcances conceptuales de la conciencia, la inteligencia y la sensibilidad en las plantas, y se ponen de manifiesto las evidencias que las sustentan. En segundo lugar, se valoran los principales aportes de las diversas disciplinas al entendimiento de la inteligencia vegetal. Y, en tercer lugar, se presentan los elementos centrales del marco institucional de actuación de los profesionales forestales para entender su relación con la inteligencia de las plantas.

Es importante señalar que el presente artículo se sustenta en otras investigaciones realizadas previamente por el autor, que tuvieron como fuentes de información: una jornada de cuatro reuniones con profesionales del sector forestal para analizar la complejidad del sector forestal, análisis de sitios web institucionales de las facultades forestales peruanas, estadísticas forestales y cuadros comparativos.

Resultados

Conciencia, inteligencia y sensibilidad en las plantas

Hasta hace algunos años, hablar de la conciencia, la inteligencia y la sensibilidad de las plantas era considerado como algo inconsistente, pues se consideraba a las plantas como seres vivos, pero sin capacidad de agencia. Sin embargo, esta situación ha venido cambiando lentamente e, incluso, se habla de un giro vegetal, gracias al cual la inteligencia de las plantas se convierte en un tema de investigación científica en equipados laboratorios de los países desarrollados del norte, mientras que en Latinoamérica todavía es un tema muy débilmente comprendido (Real Jardín Botánico CSIC, 2022).

Las plantas han desarrollado evolutivamente rasgos adaptativos que les permiten tener mejores respuestas ante los múltiples desafíos que enfrentan en su estado sésil. “Antes que meras adaptaciones, las plantas son capaces de producir su propio espacio” (Coccia, 2018, p. 10). En el mismo sentido, afirma Maldonado (2022) que “la interacción entre las plantas determina la estructura y la composición de una comunidad vegetal” (p. 105). Ahora, cada vez más se reconoce que las plantas no solo son una forma de vida, sino que intervienen significativamente en la vida en general de todos los demás seres vivientes, incluyendo al ser humano. Bajo esta perspectiva, cobra sentido hablar de mixtura de la vida, en la que toda vida se entrecruza con las otras en perspectiva de unicidad (La Térmica, 2021).

Hablar de conciencia, inteligencia y sensibilidad de las plantas tiene que entenderse desde la perspectiva de estas. Es importante mencionar que, hasta donde se conoce actualmente, toda expresión de vida tiene conciencia, inteligencia y sensibilidad en diferentes grados. Como afirma Arnau Navarro (2016), la inteligencia es una propiedad de la vida. Por su parte, Maldonado (2020 y 2022) señala que la capacidad de resolver problemas está presente en todos los sistemas vivos. Las plantas lo hacen a través de ajustes a sus procesos de metabolización.

No obstante, es necesario precisar los alcances de los términos conciencia, inteligencia y sensibilidad en relación con las plantas. En tal sentido, conciencia vegetal refiere al estado de estar despierto, alerta al entorno (Ares, 2019, p. 362). Sin embargo, hay que dejar claro que el tema de la conciencia de las plantas aún está sujeto a mucha controversia científica e, incluso, Requena Rodríguez (2019) señala que los estudios conocidos hasta ahora dan cuenta de que las plantas no tienen conciencia.

Existen muchas formas de definir la inteligencia: capacidad de resolver problemas, capacidad para responder ante las presiones y desafíos del entorno, capacidad para anticiparse, entre otras (Ares, 2019, p. 362; Narby, 2009). En este sentido, Osorio (2018, p. 55) señala que un “comportamiento inteligente en sentido evolutivo requiere que el organismo sea sensible a las diferentes señales en el ambiente y que tome las acciones necesarias para optimizar su adaptación al medio”. Por su parte, Francis Hallé complementa que la capacidad de respuesta debe asegurar su supervivencia y bienestar (Real Jardín Botánico CSIC, 2022). Por ello, las plantas requieren la capacidad de aprendizaje y tener memoria que les sirva para tomar decisiones. Simard llega a hablar incluso de la sabiduría de los árboles (Long Now Foundation, 2021).

Desde una perspectiva antropológica, el pensamiento de los bosques ha sido referenciado por Kohn (2013). En esa misma dirección, Maldonado (2016, p. 50) afirma que la naturaleza “piensa, y piensa más y mejor que los seres humanos”.

El conocimiento indígena del pueblo shipibo konibo, que se ubica en la Amazonía peruana, reconoce la sabiduría de las plantas maestras, que se encuentra en el plano de los mundos suprasensibles (Favarón, 2017; Favarón y Bensho, 2021). En la cultura shipiba, las plantas no solo tienen inteligencia, sino además sensibilidad y participan del lenguaje (Favarón y Gonzales, 2019, pp. 21-22).

Por su parte, Michael Marder prefiere hablar de pensamiento vegetal para desprenderse de la posible instrumentalización del concepto de inteligencia vegetal y valorar la existencia en sí misma, independientemente de su utilidad (La Térmica, 2021). La tabla 1 a continuación muestra la diferencia entre inteligencia vegetal y pensamiento vegetal:

Inteligencia vegetal

Pensamiento vegetal

Es instrumental

No es instrumental

Está orientada a resolver problemas y lograr objetivos determinados

Problematiza las cosas y las hace indeterminadas

Herramienta del éxito evolutivo que permite la supervivencia del más apto

Es una marca de la inadaptación, sin la cual, sin embargo, la adaptación no es posible

Permite la mercantilización

Puede resistir este fenómeno expansivo

Tabla 1. Diferencias entre la inteligencia vegetal y el pensamiento vegetal. Fuente: La Térmica (2021) y Marder (2013).

Marzec (2020), por su lado, considera como equivalentes el pensamiento vegetal y la filosofía vegetal. Así mismo, alude a un pensamiento débil o pensamiento rizomático. De otro lado, Hallé no está seguro de hablar de inteligencia vegetal, pero sí de que la inteligencia humana no es superior a la denominada inteligencia de las plantas (Real Jardín Botánico CSIC, 2022).

Es posible que en varios de estos temas existan dificultades para desarrollar un lenguaje común. Aunque las plantas no tienen un sistema nervioso central, sí cuentan con la capacidad de procesar información del entorno. Por ello, es plausible referirse a una neurofisiología de las plantas (Maldonado, 2020). Como afirman Chaparro et al. (2021, p. 212), “las plantas tienen mecanismos de percepción y transmisión de información entre sus órganos y tejidos para responder rápidamente a estímulos externos abióticos y bióticos, produciendo diferentes tipos de potenciales eléctricos”, que son motivo de estudio de la electrofisiología vegetal.

Ahora bien, no es solo el comportamiento, sino también la estructura descentralizada lo que les permite a las plantas tener respuestas frente a las presiones del entorno (Real Jardín Botánico CSIC, 2022; Vargas-Roncancio, 2017). Así, el enfoque de cognición corporeizada pone de relieve “el papel constitutivo que el cuerpo tiene para entender la arquitectura cognitiva y hace hincapié en las interacciones de carácter dinámico entre el agente y su entorno a través de la percepción y la acción”, más allá del procesamiento de información (Calvo y Gomila, 2008, como se citó en Osorio, 2018, p. 54). Aquí cobra sentido el rol de la epigenética, que configura las relaciones entre el genotipo y el entorno (Maldonado, 2021).

Múltiples son las manifestaciones de la inteligencia de las plantas adecuadamente documentadas en la literatura científica. No obstante, las expresiones de inteligencia de las plantas pueden visualizarse nítidamente en unas especies y no en otras. También se ha encontrado que incluso dentro de una especie solo un porcentaje muestra determinado comportamiento (Real Jardín Botánico CSIC, 2022). Por lo tanto, existen expresiones particulares que no son generalizables. Aun así, se trata de importantes aspectos que deben ser tomados en cuenta.

Entre estas manifestaciones es posible mencionar el fenómeno denominado timidez de las copas de los árboles, la imitación de la forma de las hojas de las plantas hospederas para defenderse de la herbivoría y las asociaciones simbióticas con hormigas como aliadas en la defensa contra los herbívoros. Así mismo, se encuentran expresiones de la comunicación entre árboles vía las raíces con ayuda de los micelios (micorrizas); de la comunicación bioquímica entre árboles de la misma especie y de diferentes especies de plantas y animales, e incluso entre partes de la planta para protegerse de peligros; del mantenimiento con vida de tocones alimentados por sus congéneres; o del desprendimiento de los compuestos inflamables para defenderse de los incendios forestales. De otra parte, hay que mencionar el reconocimiento y cuidado de los hijos a los que ayudan a crecer con agua y nutrientes, la capacidad para contar, la capacidad de recordar lo que les ha pasado antes, la capacidad de anticiparse y predecir, entre otras (Ares, 2019; Baluška y Mancuso, 2009; Long Now Foundation, 2021; Maldonado, 2022; Maldonado et al., 2021; Mancuso, 2017; Mancuso y Viola, 2015a y 2015b; PetroShore Compliance Business School, 2006; Real Jardín Botánico CSIC, 2022; Wohlleben, 2015).

Los árboles son seres sociales que en el bosque funcionan como una gran comunidad en la que todos están interrelacionados (Long Now Foundation, 2021; Raxworthy, 2021). Arnau Navarro (2016, p. 90) menciona que las plantas pueden pedir favores y solicitar la intervención de otras especies en caso de necesidad. Por ello, este autor señala que, más que pensar en ellas como individuos, hay que verlas como colonias. En tal sentido, existe la tendencia a reconocer que la vida vegetal transita los caminos de lo plural o comunitario, las metapoblaciones (White, 1979). Simard reconoce que los árboles son complejos y los bosques son sistemas complejos en los que existen árboles madre que hacen el papel de nodos y cuya presencia es fundamental para todo el sistema (Long Now Foundation, 2021).

La comunicación entre las plantas es expresión de la biología cuántica (Marais et al., 2018). Según Baluška et al. (2006, como se citó en Maldonado, 2022, p. 107), los sistemas de comunicación vegetal se encuentran constituidos por cinco tipos de señales: feromonas, kairomonas, alomonas, atrayentes y repelentes. De otro lado, se habla incluso de que existe el lenguaje bioquímico de los árboles para comunicarse con la familia, con otros individuos de su propia familia o con diferentes especies, incluyendo animales. Es muy relevante el caso de los árboles que emiten compuestos orgánicos volátiles para atraer depredadores de los herbívoros que los atacan (PetroShore Compliance Business School, 2006).

En el mundo de las plantas hay relaciones de competencia y de colaboración. Esta última puede entenderse como producto de la coevolución (Long Now Foundation, 2021). Es lo que ocurre cuando aparecen las delicadas relaciones con insectos, pájaros, murciélagos y anfibios que hacen las veces de polinizadores, a veces con recompensa (el néctar) y otras veces a cambio de nada. También se hallan expresiones de simbiosis en las raíces con hongos y con bacterias. Ambos fenómenos son muy importantes para la vegetación forestal. Se ha destacado en gran medida el rol que cumplen los micelios para constituir una especie de red neuronal que comunica a toda la comunidad a modo de una internet vegetal (Long Now Foundation, 2021).

Ahora bien, no es cierto que todas las plantas sean autótrofas. También hay plantas heterótrofas, como las plantas carnívoras que requieren completar su dieta con nutrientes de origen animal. Esto es aplicable en los casos en que las plantas se han desarrollado en medios pobres de nutrientes. Tampoco es cierto que solo las plantas fotosintetizan, pues existe una especie de babosa de mar con capacidad de realizar este proceso. Ello invita a abrir la perspectiva del mundo animal y del mundo vegetal, que hasta ahora se consideraban completamente separados.

El mundo de las plantas no es idílico, como podría verse desde la perspectiva humana, porque también hay expresiones de engaño y de lo que llamaríamos crueldad, pero ese es un término antropocéntrico, porque lo que están haciendo las plantas, en esos casos, es simplemente dejar que fluya la energía, pues, en ocasiones, el sacrificio de una vida es necesario para que continúe la vida. Además, los árboles se nutren de la descomposición de plantas y animales, incluyendo los microorganismos. Al final hay que entender que el fenómeno de la vida es único, que es un sistema altamente interconectado en el que fluyen incesantemente materiales, energía e información (Coccia, 2021b). Por ello se puede afirmar que los humanos no solo son habitantes de la Tierra, sino que son habitados por esta, es decir, están interconectados con todas las manifestaciones de materia y energía del planeta, sin dejar de lado la conexión cósmica en la que la fotosíntesis que desarrollan las plantas tiene un rol fundamental (Giraldo y Toro, 2020; La Térmica, 2021).

Las plantas tienen expresiones de aprendizaje, experiencia guardada en la memoria, que les permite tomar decisiones (Ares, 2019; Fleisner, 2018). Se sabe ahora que no se necesita un sistema nervioso central o neuronas para tomar decisiones inteligentes.

Evolutivamente, las plantas han desarrollado capacidad de respuesta al entorno, pues interpretan las múltiples variables de luz, temperatura, humedad, gravedad y electromagnestismo, entre otras. Gracias a ello han adquirido hasta veinte sentidos (Mancuso y Viola, 2015a y 2015b) que hacen que lleven a cabo procesos cuánticos que les permiten aprovechar al máximo la energía y preservar su coherencia (Maldonado et al., 2021, p. 15). Aquí vale aclarar que los tropismos (respuestas a estímulos permanentes) y las nastias (respuestas reversibles a estímulos temporales) son mecanismos adaptativos inducidos. Las plantas también presentan movimientos que están bajo su control, como es el caso de la “circumnutación o movimiento elíptico que describen los ápices de tallos y zarcillos al crecer” (Sotelo, 2015, p. 2).

Entonces, las plantas disponen de una programación genética con aportes de epigenética y un margen de actuación individual que requiere flexibilización y capacidad anticipatoria (Cavalcante Uhlmann et al., 2023). Como afirman Aristizábal-Tobler et al. (2019, p. 32), los sistemas epigenéticos de la herencia y los mecanismos comportamentales “les otorgan a las plantas [y a los animales] la capacidad de generar y transmitir información que no necesariamente reposa en su acervo genético”.

Hay que aclarar que no se puede evaluar la inteligencia de las plantas desde el punto de vista humano. Esta sería una posición antropocéntrica, antropológica y antropomórfica. Es importante reconocer que las plantas siguieron otra ruta evolutiva y organizaron su supervivencia de una manera distinta a la nuestra. Sería posible reconocer estructuras equivalentes, solo para efectos de comprensión a la luz de la perspectiva antropocéntrica, pero de ninguna manera para generar un sentido de jerarquía o de subordinación. Consecuentemente, es tan legítimo hablar de la vida de una planta como hablar de una vida humana. La tabla 2 muestra las carencias de las plantas y sus respuestas en perspectiva antropocéntrica.

Carencias de las plantas en perspectiva antropocéntrica

Respuestas de las plantas en comparación con la perspectiva antropocéntrica

No tienen ojos

Pero ven

No tienen boca ni cuerdas vocales

Pero gritan

No tienen lengua

Pero tienen gusto

No tienen nariz

Pero huelen

No tienen orejas

Pero escuchan

No tienen sentido del tacto

Pero sienten otros cuerpos

No tienen cerebro

Pero aprenden, tienen memoria, perciben la duración de las noches, se anticipan, toman decisiones; sienten dolor, sienten alegría, duermen, se estresan; manipulan a otros animales

No tienen estómago

Pero pueden digerir

No tienen pulmones

Pero respiran

Tabla 2. Carencias de las plantas y sus respuestas en perspectiva antropocéntrica. Fuente: elaboración propia con base en Ares (2019), Arnau Navarro (2016), Maldonado (2022), Mancuso y Viola (2015a y 2015b), PetroShore Compliance Business School (2006) y Real Jardín Botánico CSIC (2022).

Por otra parte, no solo se habla de la inteligencia de las plantas, sino también de la inteligencia de las flores (Maeterlinck, 2020) o de las raíces (Gagliano y Marder, 2015; León-García y Echevarría-Machado, 2020), que ya había sido anticipada por Darwin (1880). Actualmente, desde la neurofisiología de las plantas, se sostiene que los seres autótrofos y fotosintéticos tienen el cerebro en las puntas de las raíces (caliptra) (Maldonado, 2022, p. 106). En lo que respecta a la inteligencia de las raíces, esta puede ser catalogada como de enjambre, pues no necesita una dirección central (Arnau Navarro, 2016).

Como se puede apreciar, la inteligencia y la sensibilidad de las plantas, a la manera de las plantas, son elementos para tomar en cuenta en las ciencias forestales y en la gestión forestal, con el fin de alcanzar un mejor relacionamiento con los bosques que parta del reconocimiento de que todas las expresiones de vida en la Tierra somos cohabitantes. En consecuencia, se plantea la necesidad de convivir bajo la perspectiva de una ética biocultural, esto es, integrar los derechos humanos con los derechos de la naturaleza.

Los aportes de las diversas disciplinas al entendimiento de la inteligencia vegetal

Los profesionales forestales se vinculan con las plantas principalmente en los bosques, en los viveros forestales y en los herbarios forestales. Precisamente, una de las formas de dicho relacionamiento se refiere al trabajo de la dendrología, fundamentalmente por interés científico, aunque se podría inferir que en algunos casos también por admiración y amor a las plantas. La publicación El Herbario de la Facultad de Ciencias Forestales de la UNALM (Reynel et al., 2020) da cuenta de las contribuciones del Herbario Forestal a la ciencia con una profusa producción científica. La historia de las exploraciones botánicas en el Perú ha sido registrada por Weberbauer (1945).

Profesionales forestales se han involucrado activamente en el conocimiento de la inteligencia de los árboles. Por ejemplo, importantes aportes sobre la comunicación de los árboles en los bosques han sido realizados por la ecóloga forestal canadiense Suzanne Simard (2021). E ingenieros forestales, como el español Enrique García Gómez (2021) o el alemán Peter Wohlleben (2015), entre otros, ponen en evidencia que desde las propias ciencias forestales se empieza a prestar atención al tema de la inteligencia y la sensibilidad de las plantas.

Pero la inteligencia vegetal no se queda solo en las ciencias, sino que también se proyecta a las artes, como en la obra teatral Estado vegetal de Manuela Infante (Pinchot, 2022) o en la escultura (Yanase y González, 2017). Por su parte, los arquitectos han reflexionado sobre el rol de las plantas en su quehacer, a la luz de los nuevos conocimientos sobre la inteligencia de estas (Díaz, 2021; Raxworthy, 2021).

Tompkins y Bird (1974) elaboraron una sugestiva publicación, aunque con una mezcla de misticismo, sobre la vida secreta de las plantas (Yanase y González, 2017). Desde la década de 1970 se ha producido un gran avance en el entendimiento de la inteligencia y la sensibilidad de las plantas, no solo por los aportes de botánicos y biólogos (Stephano Mancuso, Mónica Gagliano, entre otros), sino también de filósofos, quienes están entrenados para hacer preguntas fuera del marco convencional de las ciencias, lo que les da un valor agregado a sus interpretaciones. Además, es importante señalar que estas contribuciones filosóficas se hacen con base en evidencia científica, lo que las libra de acusaciones gratuitas de ser simple especulación. Solo por mencionar algunos nombres, se cita al español Paco Calvo (2016), a la italiana Mónica Gagliano (2017), al italiano Emanuele Coccia (2018, 2021a y 2021b), al canadiense Michael Marder (2013 y 2014)1, entre otros.

En el medio académico ya existe la disciplina de la filosofía de la biología, y solo en el último decenio ha empezado a configurarse lo que se podría denominar la filosofía vegetal (Irigaray y Marder, 2016; La Térmica, 2021). Sorin (2019, p. 483) presenta un recuento de los aportes de filósofos como Michael Marder y Jeffrey T. Nealon que, entre otros, han sentado las bases de la interpretación posmetafísica de la filosofía vegetal como campo de creciente interés.

El conocimiento sobre la inteligencia y la sensibilidad de las plantas descansa en sólidas bases científicas y en reflexiones filosóficas que, a su vez, se retroalimentan mutuamente. Este conocimiento, que no había sido motivo de reflexión ni de práctica en las ciencias forestales, constituye una invitación a revisar la relación entre los profesionales forestales y los bosques, por ejemplo, en asuntos como el reconocimiento de la comunicación entre las comunidades de árboles en un bosque o la extracción de árboles madre, en el manejo forestal (Long Now Foundation, 2021; Simard, 2021).

El marco institucional de actuación de los profesionales forestales

Para entender la relación actual entre los profesionales forestales y la inteligencia vegetal es menester revisar el marco institucional internacional que orienta las políticas forestales de los países. Es por ello que se pasa revista a instrumentos internacionales clave.

Reconociendo la importancia de los bosques para la humanidad, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), en el proceso de recuperación pospandemia (2022a, p. VI), en su informe El estado de los bosques del mundo 2022. Vías forestales hacia la recuperación verde y la creación de economías inclusivas, resilientes y sostenibles, plantea las acciones para

respaldar la recuperación económica y ambiental. Estas vías son las siguientes: 1) detener la deforestación y conservar los bosques; 2) restaurar las tierras degradadas y ampliar la agroforestería, y 3) utilizar los bosques de manera sostenible y crear cadenas de valor verdes.

Para esta última vía considera que “fomentar la utilización sostenible de los bosques y la creación de cadenas de valor verdes ayudaría a responder a la demanda futura de materiales y respaldaría las economías sostenibles” (FAO, 2022a, p. 53). Como se puede apreciar, aun cuando es legítima la necesidad de la recuperación económica, no existe una revisión de las relaciones con la naturaleza y menos el reconocimiento del valor de la vida en los bosques, más allá del interés humano.

Figura 1. Los elementos del Objetivo de Desarrollo Sostenible 15 de las Naciones Unidas. Fuente: elaboración propia con datos de Naciones Unidas (ONU, 2018).

Por su parte, el Plan Estratégico de las Naciones Unidas para los Bosques 2017-2030 contempla los siguientes Objetivos Forestales Globales (OFG):

Figura 2. Objetivos Forestales Globales (OFG) contemplados en el Plan Estratégico de las Naciones Unidas para los Bosques 2017-2030. Fuente: elaboración propia con datos de la Red Internacional de Bosques Modelo (2019).

Como se puede apreciar, ambos instrumentos internacionales se encuentran en clave antropocéntrica y con fuerte orientación utilitaria, aun cuando se hable de detener la pérdida de bosques (ODS) o de proteger los bosques (OFG). Hay quienes piensan que no podría ser de otra manera, por cuanto el bienestar del ser humano está por encima de cualquier consideración, es el fin supremo del desarrollo.

Como resultado del XV Congreso Forestal Mundial, se generó la Declaración de Seúl, en la que

se reconoce que las soluciones basadas en los bosques deben incluir y empoderar a todas las partes interesadas, y que se necesita una mayor inversión y creación de capacidades en materia de comunicación y educación forestal, así como más investigación, para aumentar la comprensión y la sensibilización sobre los beneficios de los bosques y los árboles gestionados de forma sostenible. (FAO, 2022b, p. 5)

Estos resultados son similares al Llamamiento a la acción sobre la educación forestal, elaborado en la Conferencia Internacional sobre Educación Forestal (CIEF) celebrado virtualmente del 22 al 24 de junio de 2021. En uno de los acápites del llamamiento se plantea

promover en todos los niveles de educación una comprensión más holística e interdisciplinaria de los bosques, una mayor apreciación de las consideraciones de género, edad, enfoques basados en los derechos, inclusión social y valores del paisaje en el manejo de los bosques y los árboles, y una mejor comprensión del conocimiento tradicional e indígena relacionado con los bosques. (FAO, 2021, p. 2)

Como lo señala claramente la Secretaría del Convenio sobre la Diversidad Biológica (2010, p. 15), tanto la propia vida como la diversidad biológica “tienen un valor intrínseco, y no son ecológicos, estéticos, espirituales, culturales, morales y económicos razones para conservarlo”. Es decir, el relacionamiento con las plantas tendría que darse de sujeto a sujeto, en el reconocimiento de que tanto los seres humanos como los no humanos (más que humanos, otros que humanos) tienen un origen común y forman parte de la misma trama de la vida. Ello, independientemente de las diversas expresiones evolutivas.

Como se puede apreciar, la institucionalidad forestal internacional, coincidente con la orientación en el sector forestal y la educación forestal en el Perú, aún tiene un fuerte sesgo antropocéntrico y productivista. No obstante, ya se empiezan a notar demandas de una visión más integral y de reconocimiento del valor intrínseco de la vida en todas sus manifestaciones, aunque todavía de manera poco relevante. Por las implicancias que tienen en las ciencias forestales y en la gestión forestal, es importante seguir discutiendo estos temas para que se traduzcan en políticas, en regulaciones y prácticas.

Discusiones

En la comunidad académica que estudia la inteligencia y la sensibilidad vegetal, existen niveles de aceptación en lo que se refiere a la conciencia vegetal. Estos transitan desde el reconocimiento de una percepción mínima hasta la convicción de que las plantas tienen capacidad de resolver problemas, incluyendo las opciones de anticipación y de proyección futura. Las respuestas de las plantas se dan de una manera interactiva con el entorno porque no solamente son pasivas, sino que también modelan el medio. Consecuentemente, no se puede dejar de expresar asombro por sus múltiples posibilidades de ser y estar.

Como se ha expresado, hay un margen de autonomía más allá de las programaciones genéticas o de las influencias epigenéticas, por lo cual es plausible hablar de conciencia, inteligencia y sensibilidad de las plantas. Sin embargo, no se trata de establecer jerarquías de inteligencia o de pensamiento vegetal, sino de cómo incorporamos una relación respetuosa con los bosques por lo que son y no tanto por qué tan útiles son; aunque son fundamentales para la vida humana, lo relevante es cómo desplegamos nuestra afectividad ambiental para actuar como cohabitantes (Rozzi, 2016 y 2019). Eso implica, además, que la sensibilidad por los grandes árboles es importante pero no suficiente, pues necesitamos comprometernos con el valor de la vida. Es decir, es imprescindible sentir que la pérdida (exterminio) de la biodiversidad equivale a perder parte de la riqueza de la propia vida humana. Esta afirmación es consecuente con el reconocimiento de que hay una sola vida que es compartida por las diferentes manifestaciones de la vida (Raxworthy, 2021), tal como lo han expresado los filósofos al interpretar la información científica disponible.

Cuando se estudia a los bosques en perspectiva de recursos forestales se aprenden varios aspectos, como la fisiología vegetal, para conocer del funcionamiento biológico de las plantas; la botánica forestal, para saber cuáles son las plantas que tienen interés para la industria forestal; la entomología forestal, para defenderse de los ataques de los insectos; la patología forestal, que se enfoca en cómo reconocer las enfermedades y parásitos que atacan a las plantas y cómo combatirlos; la botánica económica, para identificar las plantas con uso actual o potencial para el interés humano; y los suelos forestales, para conservarlos, enriquecerlos y hacer más productivas las plantaciones forestales, entre otras aproximaciones. Es un conocimiento instrumental más que mediado por los afectos a las plantas. Díaz (2021, p. 12), para el caso de las plantaciones forestales, considera que:

la industria forestal ve a los árboles como un “recurso renovable”, lo que se traduce en grandes plantaciones cuyas especies se clonan y replican como si fueran productos, manteniendo el flujo de un ciclo de plantación y explotación que acaba por drenar los nutrientes de los suelos.

Cuando los bosques se reducen a “recursos forestales” se pierde todo lo que implica reconocerlos como expresión de vida con conciencia, inteligencia y sensibilidad, aunque se entienda en diferentes grados. En este sentido, se habla de un cognitivismo mínimo (Castro, 2011).

No obstante, el despliegue de investigaciones y publicaciones sobre la inteligencia vegetal no es un tema que todavía haya calado en los profesionales peruanos. Es por ello que se sigue pensando, sintiendo, actuando y hablando en términos de “recursos forestales”, lo que implica una mirada reduccionista fundamentalmente orientada a la productividad y la rentabilidad. Como refiere el Informe de evaluación sobre los valores diversos y la valoración de la naturaleza publicado por la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (Ipbes, 2022), una mirada de valoración centrada principalmente en el mercado es uno de los factores fundamentales de la debacle de la biodiversidad.

Como se ha podido apreciar, no solo son los biólogos, botánicos o naturalistas quienes han aportado al conocimiento inicial de la conciencia, la inteligencia y la sensibilidad de las plantas, sino que actualmente hay una construcción interdisciplinaria en la que participan diferentes profesionales, entre los que también se encuentran algunos ingenieros forestales de los países desarrollados. A ello además se deben contribuciones especializadas de la biología cuántica, la neurobiología vegetal, la neurofisiología, la genética y la epigenética, la fitosemiótica, entre otras disciplinas. Los filósofos también están aportando sustancialmente por la virtud que tienen de incorporar otras perspectivas, otras preguntas que no se hacen desde la ciencia positivista. Se requiere seguir desarrollando la filosofía vegetal que contribuya a la filosofía forestal y a la filosofía de la biología (Rojo et al., 2013).

Por ejemplo, los filósofos hacen notar la situación en la que se encuentran las plantas, que al mismo tiempo pueden estar en la oscuridad (por el geotropismo) y en la luz (fototropismo), o compartir la vida y la muerte de manera simultánea (La Térmica, 2021). Es por ello que las plantas hacen de interfaz entre la tierra y el cosmos (Ingold, 2018; La Térmica, 2021).

Considérese además que, vista la vida como un fenómeno compartido por toda expresión de vida, las diferencias entre la vida y la muerte se diluyen y ambas corresponden a una misma realidad. Los árboles se nutren de los productos de descomposición de la vida y a la vez son dadores de ella. Tómese en cuenta que el xilema que conforma la madera es una estructura muerta que sirve para la circulación del agua, pero hace parte de la estructura de la planta, que en su totalidad está viva (La Térmica, 2021). Es decir, además de prestar atención a la materia muerta con fines económicos, es importante atender a la vida misma y a la sensibilidad de las plantas (Giraldo Palacio y Toro, 2020).

Por ejemplo, según lo manifiesta Simard (2021)2, los conocimientos sobre la comunicación de los árboles y el papel de los árboles madre deberían ser considerados de manera especial en el manejo forestal. Entonces, ya no se trata de tumbar un árbol y creer que no pasa nada, ya que, por más que usemos técnicas de impacto reducido, pasa mucho en el sistema complejo de comunicación y relaciones en el bosque. Es preciso anotar que un manejo forestal más ético y consciente del valor de la vida en los bosques tiene mayor costo, pero es un costo que debemos aceptar para garantizar que no se afecte ostensiblemente la comunidad vegetal.

El marco institucional de actuación de los profesionales forestales está moldeado por la formación recibida que se ubica en la ciencia dominante, los instrumentos internacionales formales e informales, y las políticas y normas propias del país. Este marco es fundamentalmente antropocéntrico y está orientado al sistema político-económico de corte capitalista neoliberal. Es por ello que el tema de la conciencia, la inteligencia y la sensibilidad de las plantas está ausente, tanto en los programas de formación como en las actividades profesionales, tal como se encuentra en los estudios revisados.

El sector forestal fundamentalmente se reconoce como productivo, por lo que las preocupaciones centrales están en la contribución a la economía y el desarrollo nacional a partir del aprovechamiento sostenible y la conservación de los bosques. De aquí que las principales acciones estén orientadas al aumento de la producción, la productividad y la competitividad. El problema es que esta orientación economicista debilita las consideraciones ambientales. Aunque existen expresiones avanzadas de manejo forestal responsable, no constituyen una generalidad, pues no siempre se sustenta en bases científicas, como afirman los autores Dourojeanni (2020) y Kometter (2022).

Esta narrativa, que está institucionalizada, en opinión del autor de este escrito, presenta varios problemas: separa al ser humano de la naturaleza, reduce los bosques a una canasta de recursos, los bosques son tratados como objetos, entre otros. Aun la conservación se hace en términos de salvaguardar la provisión de servicios ecosistémicos o los recursos para el futuro de la humanidad. Para nada aparece el reconocimiento del valor intrínseco de la propia vida de los bosques, tanto en su complejidad ecológica como en su complejidad socioecológica. El valor intrínseco hace referencia a “la idea de que los animales, las plantas, las especies, los ecosistemas y la naturaleza misma tienen un valor propio, independientemente de su utilidad para los seres humanos” (Ten Have, 2010).

Como se deduce de la literatura analizada, a nivel global existe una tendencia hacia un entendimiento más holístico de los bosques, pero no cambia la mirada de estos como recursos. Se pone énfasis en los beneficios y contribuciones de los bosques hacia las personas, pero no en cómo de manera explícita las personas contribuyen al bienestar de los bosques. Es decir, el cambio de una relación de sujeto-objeto a una relación sujeto-sujeto.

No es que se quieran desconocer los grandes beneficios que brindan los bosques a las personas y a la humanidad en general, sino que dicho enfoque está incompleto si no se plantea con reciprocidad y respeto la relación con los bosques. No se trata únicamente de las contribuciones de la naturaleza (y de los bosques en particular), sino también de los aportes de las personas al bienestar de los bosques. Tampoco es suficiente decir “Bosques para todos por siempre”, como reza el lema de una reconocida institución global, sino también “Todos por los bosques, por siempre”. Es en este marco de reciprocidad que se entiende el valor de la propuesta de ética biocultural (Rozzi, 2016 y 2019) o de una bioética forestal en perspectiva compleja.

De la revisión realizada se deriva que una mejor comprensión de las capacidades cognitivas y comunicativas de las plantas pone en evidencia la necesidad de reconocerlas como sujetos que merecen respeto ético y político (La Térmica, 2021; Marder, 2013 y 2014; Stadler, 2017). Por ello, Díaz (2021) invita a pensar con la vegetación, lo que implica romper con el antropocentrismo y considerar también el bienestar de las plantas y los ecosistemas. Incluso Hall (2011) plantea que deben ser tratadas como personas que merecen ser escuchadas. Se requiere una conexión más igualitaria entre plantas y personas (Ryan et al., 2021).

Los seres humanos no estamos absolutamente separados de las plantas; estamos conectados a ellas a través de la fotosíntesis y el oxígeno resultante. Es decir, parte de nuestra humanidad está constituida por vegetalidad (Fleisner, 2018; La Térmica, 2021). Otra forma de decir esto es que la humanidad forma un solo cuerpo con las plantas (Giraldo Palacio y Toro, 2020).

Es necesario recordar el papel que han desempeñado las plantas como diseñadoras y dadoras de vida, lo que incluye al ser humano (Coccia, 2021b). Ya Leopold (2007) lamentaba la ausencia de una ética con la Tierra que vinculara a plantas y animales. De ahí la importancia del reconocimiento de los derechos de la naturaleza, incluyendo los derechos de las plantas (Figueroa, 2021; Infante, 2021), pero no en la ontología disyuntiva, sino en la ontología relacional que toma en cuenta las conexiones multidimensionales, diversas y plurales en América Latina (Echazú Böschemeier y Flores, 2018).

Desde la perspectiva de la bioética ambiental, Márquez (2021, p. 69) plantea una relación sensata con la naturaleza sin provocar daños innecesarios; asimismo, considera que es urgente “la ampliación de los límites de la moral humana para también incluir a las plantas”. Según Raxworthy (2021), el reconocimiento de que las plantas tienen agencia es una manera de seguir usando la naturaleza, pero de una forma ética y sostenible. Como afirma Marder (٢٠١٦), en la actualidad es fundamental entender a las plantas para entendernos.

La presente investigación es producto de la convergencia de aportes científicos de los especialistas de la inteligencia y la sensibilidad de las plantas y de los filósofos del novedoso campo de la filosofía vegetal. Frecuentemente, desde el campo de la ingeniería se conceptualiza que los filósofos se dedican al pensamiento especulativo y que por tanto sus afirmaciones serían superficiales. Esto les restaría credibilidad. Sin embargo, la filosofía vegetal ha sido desarrollada sobre sólidas bases científicas. La virtud de los filósofos es que son capaces de pensar más allá de los paradigmas dominantes de la academia y de la institucionalidad, y ello les abre posibilidades para ampliar el entendimiento de la realidad. No obstante, es importante reconocer que el conocimiento nunca es acabado y la verdad es un proceso en permanente reelaboración.

El tema de la inteligencia y la sensibilidad de las plantas es muy controversial en el sector forestal por las implicancias económicas que tiene. Ahora bien, no es propósito del presente artículo desconocer la dimensión económica, sino repensarla en el marco del reconocimiento de la crisis civilizatoria, y específicamente de la crisis ecológica. La reciente pandemia del COVID-19 ha dejado, como una de las grandes lecciones, la necesidad de revisar la relación con la naturaleza, con los ecosistemas y los bosques. La profundización del estudio de la inteligencia y la sensibilidad de las plantas es una de las formas de afrontar el reto de reconocerse como cohabitantes de la Tierra. Más allá del desarrollo, es importante contribuir al buen habitar y los buenos vivires, y convivires, entre todas las expresiones de vida en el planeta.

Conclusiones

Aunque existe un fuerte consenso en la comunidad científica especializada en la vegetación y en la filosofía vegetal sobre la inteligencia y la sensibilidad de las plantas, todavía hay resistencias en sectores de la academia, y especialmente entre los profesionales forestales, que hoy se inscriben en el marco del antropocentrismo y el mercantilismo, reforzado por la institucionalidad forestal internacional y los marcos institucionales nacionales que niegan o subestiman el valor intrínseco de la vida no humana o más que humana en los bosques. Múltiples son las disciplinas académicas que han sustentado la inteligencia de las plantas desde el siglo XIX, cuyo conocimiento se ha ampliado en el presente siglo, producto del trabajo de biólogos, botánicos, filósofos y antropólogos No ha sido sino hasta principios del siglo XXI que los ingenieros forestales de los países desarrollados del norte han empezado a contribuir al conocimiento de la inteligencia y la sensibilidad de las plantas. Independientemente de los grados de conciencia, inteligencia y sensibilidad de ellas, es importante revisar la relación entre los profesionales forestales y las plantas, en el marco de una ética biocultural en calidad de cohabitantes de la Tierra.

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Notas

* El artículo es resultado de parte de las investigaciones desarrolladas para la preparación de clases del curso de Ecología Antropológica, de la Maestría de Ecología y Gestión Ambiental de la Universidad Ricardo Palma, en Lima, Perú. El artículo fue desarrollado entre los meses de julio y agosto de 2023 sin auspicio externo.

** Doctor en Pensamiento Complejo, magíster scientiae en Conservación de Recursos Forestales e ingeniero forestal por la Universidad Nacional Agraria La Molina (Lima, Perú). Con treinta años de experiencia y aportes a las interacciones entre sociedad, naturaleza y cultura. Entre sus últimas publicaciones se pueden mencionar: “Críticas a la conservación de la naturaleza y la necesidad de su resignificación a la luz de los derechos bioculturales”, artículo publicado en 2023 en Biotempo (20[1], 117-132, https://doi.org/10.31381/biotempo.v20i1.5570); y “Complejidad y derechos de la naturaleza”, publicado en 2022 en Pluriversidad (10, 13-24, https://doi.org/10.31381/pluriversidad09.5423). rarcerojas@yahoo.es

1 Véase también La Térmica (2021).

2 Véase también Long Now Foundation (2021).