
De la silicolonización del mundo al tecnoconservadurismo: el renacimiento del extremismo político brasileño en el siglo XXI✽
Augusto Jobim do Amaral, Pablo Ornelas Rosa y Jesús Sabariego
Recibido: 30 de marzo de 2025 | Aceptado: 6 de agosto de 2025 | Modificado: 11 de agosto de 2025
https://doi.org/10.7440/res94.2025.04
Resumen | A partir de la investigación realizada por Éric Sadin sobre la llamada silicolonización del mundo, este artículo propone un análisis de la influencia de la racionalidad neoliberal estadounidense que potencializó el discurso emprendedor de Silicon Valley, nacido en la década de 1970 a partir de un sesgo contracultural y que se adhirió progresivamente a una perspectiva conservadora tratada por Nancy Fraser como reaccionarismo neoliberal. Esta racionalidad fue conquistando un espacio cada vez más significativo en la política internacional, lo que ha permitido que la extrema derecha vuelva al poder en varios países en el siglo XXI, con la ayuda de las plataformas digitales. En Brasil, surge el tecnoconservadurismo construido por Olavo de Carvalho que, desde finales de la década de 1990, comenzó a articular segmentos difusos de la extrema derecha alcanzando una enorme visibilidad e influencia en la opinión pública, sobre todo, por medio de la emergencia de las plataformas digitales y de un mercado editorial destinado a legitimar su discurso, mediante la traducción, publicación y difusión de libros que son utilizados como armas en la guerra cultural. El texto, anclado en una perspectiva genealógica foucaultiana, se organiza en dos secciones: en la primera, se presenta una genealogía de los discursos producidos en Silicon Valley y sus distintos momentos históricos identificando las fuerzas que estaban en disputa en esa época; en la segunda, se exponen las bases que sustentan el tecnoconservadurismo brasileño, no solo evidenciando su relación con la extrema derecha internacional, sino también presentando una cartografía compuesta por sujetos, grupos y empresas que se reconocen como conservadores. La investigación es resultado de esfuerzos destinados a comprender la articulación de la extrema derecha brasileña con la derecha radical y ultrarradical de otros países, y pone de presente su relación con las plataformas digitales y sus modelos de negocio.
Palabras clave | conservadurismo; MAGA (“Make America great again”); tecnopolítica; Silicon Valley
From the Silicolonization of the World to Technoconservatism: The Revival of Brazilian Political Extremism in the 21st Century
Abstract | Drawing on Éric Sadin’s research on the so-called “silicolonization of the world,” this article analyzes the influence of U.S. neoliberal rationality, which amplified Silicon Valley’s entrepreneurial discourse. Originating in the 1970s with a countercultural bent, this discourse gradually aligned with the conservative perspective that Nancy Fraser describes as neoliberal reactionism. This rationality has gained growing prominence in international politics, enabling the far right to return to power in several countries in the 21st century, aided by digital platforms. In Brazil, technoconservatism emerged through the work of Olavo de Carvalho who, beginning in the late 1990s, mobilized diffuse segments of the far right and achieved significant visibility and influence in public opinion. This influence expanded especially through the rise of digital platforms and a publishing market dedicated to legitimizing his discourse by translating, publishing, and disseminating books used as weapons in the cultural war. Anchored in a Foucauldian genealogical perspective, the article is organized into two sections. The first offers a genealogy of the discourses produced in Silicon Valley and their historical moments, identifying the forces at play. The second outlines the foundations of Brazilian technoconservatism, showing not only its connections with the international far right but also mapping the individuals, groups, and companies that identify as conservative. The study reflects efforts to understand how the Brazilian far right is articulated with the radical and ultra-radical right abroad, while also underscoring its ties to digital platforms and their business models.
Keywords | conservatism; MAGA (Make America Great Again); technopolitics; Silicon Valley
Da silicolonização do mundo ao tecnoconservadorismo: o renascimento do extremismo político brasileiro no século 21
Resumo | Com base na pesquisa realizada por Éric Sadin acerca da chamada “silicolonização do mundo”, este artigo propõe uma análise sobre a influência da racionalidade neoliberal estadunidense que potencializou o discurso empreendedor do Vale do Silício, nascido em 1970, a partir de um viés contracultural, que aderiu paulatinamente uma perspectiva conservadora, tratada por Nancy Fraser como reacionarismo neoliberal. Essa racionalidade foi conquistando um espaço cada vez mais significativo na política internacional, possibilitando que a extrema direita voltasse ao poder em diversos países no século 21, com o auxílio das plataformas digitais. No Brasil, emerge o tecnoconservadorismo construído por Olavo de Carvalho, que, desde o final da década de 1990, passou a articular segmentos difusos da extrema direita, alcançando uma enorme visibilidade e influência na opinião pública, sobretudo por meio da emergência das plataformas digitais e de um mercado editorial destinado a legitimar o seu discurso, por meio da tradução, publicação e difusão de livros que são utilizados como armas na guerra cultural. O texto, ancorado em uma perspectiva genealógica foucaultiana, está organizado em duas seções: na primeira, é apresentada uma genealogia dos discursos produzidos no Vale do Silício e seus distintos momentos históricos, identificando as forças que se encontravam em disputa à época; na segunda, são expostas as bases que sustentam o tecnoconservadorismo brasileiro, não apenas evidenciando sua relação com a extrema direita internacional, mas também apresentando uma cartografia composta por sujeitos, grupos e empresas que se reconhecem como conservadores. A investigação apresentada decorre de esforços destinados a compreender a articulação da extrema direita brasileira com a direita radical e ultrarradical de outros demais países, evidenciando sua relação com as plataformas digitais e seus modelos de negócio.
Palavras-chave | conservadorismo; MAGA (Make America great again); tecnopolítica; Vale do Silício
Introducción
La entrada al siglo XXI estuvo marcada por profundas transformaciones, algunas de ellas impensables en otros momentos de la historia. En otras épocas habría sido imposible imaginar que, en lugar de la interacción presencial, tendríamos una interacción mediada por dispositivos electrónicos, convertidos en plataformas digitales, que alterarían significativamente la dinámica de nuestras vidas. Este fenómeno, nombrado como plataformización (Poell et al. 2020), sociedad de plataformas (Van Dijck et al. 2018), capitalismo de plataformas (Srnicek 2018), capitalismo de la vigilancia (Zuboff 2020), gobierno de los algoritmos (Silveira 2017 y 2021), gubernamentalidad algorítmica (Rosa 2019; Rouvroy y Berns 2015; Telles 2018), algoritarismo (Sabarigo et al. 2020), infocracia (Han 2022), etc., pasó a incidir en la política, la cultura, el ocio, el comercio, las transacciones bancarias, las formas en las que circula la información, los productos humanos y no humanos, “evidenciando así el giro digital como la principal característica de la época actual”1 (Rosa et al. 2023, 3).
Desde Alan Turing —quien fue el gran responsable de propiciar las condiciones necesarias para la creación de los algoritmos y los computadores mediante la publicación de su importante artículo “On computable numbers, with an application to the entscheidungsproblem” [Sobre números computables, con una aplicación al problema de la decisión] (1936)— se presenció el surgimiento de las tres primeras tecnologías de este tipo producidas durante y después de la Segunda Guerra Mundial. Por ejemplo, el Z-3, fabricado en Alemania en 1941, el Colussus, creado en Reino Unido en 1943, y el Eniac, construido en Estados Unidos en 1946 (Miskolci 2016). Aunque eran completamente diferentes de sus versiones actuales, la creación de las primeras máquinas identificadas como computadores generó una gran expectativa en la población mundial, dada la creencia en un futuro de alta tecnología supuestamente más humanizado, que permitiría una mayor democratización del acceso a la información y mejoraría posiblemente las formas de comunicación.
Sin embargo, para desarrollar este tipo de tecnología informática era necesario utilizar un componente electrónico denominado transistor, inventado en Nueva Jersey en 1947, con una versión en miniatura a partir de un único chip de silicio, producido por la empresa Texas Instruments. El transistor comenzó a utilizarse en la fabricación de computadores a partir de 1954, y esa es la razón por la que la región de la bahía de San Francisco, en el estado de California, empezó a denominarse como Silicon Valley [Valle de Silicio], como constató Richard Miskolci (2016).
Según el autor, el primer computador electrónico producido industrialmente fue el EES-1, creado en 1969 por la empresa estadounidense Bell, una subdivisión de la compañía telefónica AT&T, lo que marcó un vínculo indisociable entre la telefonía y la informática desde su invención. Además de la creación del primer computador, este hito tecnológico inaugural evidenció el papel del sector privado en el desarrollo y la difusión de este tipo de productos, junto con el apoyo estatal efectuado por las fuerzas armadas del país.
La primera red de comunicación que resultó de la creación del computador se desarrolló, principalmente, gracias a una iniciativa del Departamento de Defensa de Estados Unidos, mediante su Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada y que, en septiembre de 1969, presentó Arpanet. Esta fue reconocida por ser la primera red de comunicación informática desarrollada hasta ese momento, la cual conectaba a la Universidad de California, en las ciudades de Los Ángeles y Santa Bárbara, con la Universidad de Stanford, en la región de San Francisco, y con la participación también de la Universidad de Utah. El objetivo era crear un sistema de comunicación protegido contra posibles ataques nucleares.
En 1983, Arpanet se dividió en dos empresas diferentes: Milnet, destinada para el uso exclusivo de las fuerzas armadas de Estados Unidos y Arpa-Internet que, a pesar de seguir contando con el apoyo militar, pasó a ser gestionada por la Fundación Nacional de Ciencias. Así, se puede constatar que “Silicon Valley nació de los presupuestos públicos de las grandes guerras del siglo XX, dentro de esa monstruosidad del presupuesto estatal estadounidense que llamamos complejo militar-industrial” (Ceolin 2022, 43). Puesto que desde su creación se ha beneficiado de un significativo flujo de financiamiento público, se ha posibilitado lo que Éric Sadin (2018) denominó la “silicolonización del mundo”.
Según Sadin (2018), la expresión silicolonización del mundo proviene de la quinta y última generación de empresarios de Silicon Valley y destaca el impacto global promovido por grandes empresas tecnológicas como Apple, Amazon, Alphabet, Meta, Microsoft, entre otras, que han llegado a concentrar capital, información y poder de una forma nunca antes vista en la historia. El término silicolonización designa un proceso de colonización instrumentalizado por estas empresas, nacidas en Silicon Valley, que han expandido progresivamente su dominio sobre la vida de las personas y las instituciones, comprometiendo los sistemas sociales, políticos y económicos a escala global.
El autor señala además que estas grandes empresas, al expandir sus actividades más allá de las fronteras de Estados Unidos, impusieron una lógica tecnológica que comenzó a afectar todos los aspectos de la vida, desde la privacidad individual hasta la estructura de los mercados globales. Esto se debe a que comenzaron a ejercer una fuerte influencia en la manera como se recopila, procesa y utiliza la información, lo que ha propiciado el surgimiento de una nueva forma de “colonización” que viene transformando la sociedad en sus diversas dimensiones.
Como lo demostró Miskolci (2016), la aparición del computador que permitía el uso de las redes sociales se produjo solo a partir de 1995, cuando el internet se privatizó en Estados Unidos y se expandió rápidamente hacia otros países, hasta alcanzar su formato actual. Esto impulsó el éxito de las plataformas digitales, desde Orkut hasta el actual Facebook, que desde 2021 se incorporó al grupo Meta, el cual incluye, además de Facebook, productos como Instagram, Messenger, WhatsApp, Oculus, Threads, Mapillary, Workplace, Portal y Meta Horizon World. Cabe anotar que el proceso solo fue posible como resultado de las mejoras implementadas en la red, así como en la calidad y la velocidad de la circulación de la información.
Las transformaciones ocurridas en el siglo XXI han alterado significativamente las formas de interacción presenciales, ahora mediadas por las plataformas digitales. Esto ha permitido a su vez que las empresas se apropien de los datos de sus usuarios; datos que posteriormente son comercializados con otras organizaciones para explotar su capacidad predictiva con fines comerciales y políticos (Zuboff 2020). Ante la posibilidad de orientar las conductas mediante el simple uso de computadores, teléfonos inteligentes y tabletas, estas empresas han producido nuevas formas de subjetivación, derivadas de la aplicación de estrategias algorítmicas e inteligencia artificial. Esto ha provocado que la política que era tradicionalmente liderada por medios de comunicación como el periódico, la radio o la televisión diera paso a las tecnopolíticas lideradas por las plataformas digitales.
El término tecnopolítica utilizado en este artículo proviene del libro Tecnopolítica, cultura cívica y democracia, escrito por Jesús Sabariego y Francisco Sierra Caballero (2022). Los autores reconocen una definición más popular propuesta inicialmente por Javier Toret (2015) en la aplicación táctica y estratégica de herramientas digitales para la organización, la comunicación y la acción colectiva. Toret (2015) expone la idea de las multitudes conectadas a partir de una propuesta presentada por José Pérez Lama (2006), en un evento realizado en la Universidad Internacional de Andalucía en 2003, que culminó con el artículo publicado por él en 2020, en el que propone una definición más profunda sobre las tecnopolíticas (Lama y Sánchez-Laulhé 2020).
El artículo publicado por Lama (2006) impulsó la apropiación y el desarrollo del término tecnopolítica(s) para referirse al uso del internet y, más recientemente, las plataformas digitales con fines políticos. Este concepto se encuentra en los estudios de Sabariego y Caballero (2022), que se toman como referencia en la investigación precisamente porque actualizan el debate. Según los autores, tecnopolítica o tecnopolíticas son términos que cobraron relevancia tras movimientos como la Primavera Árabe y el Occupy, y fueron promovidos principalmente por centros de investigación en España, que se referían en principio al uso de plataformas digitales por parte de movimientos sociales con fines de activismo político, práctica que también adoptaron posteriormente partidos y otras organizaciones (Lama y Sánchez-Laulhé 2020, 15).
Si bien estos autores introdujeron el concepto para abordar la articulación de los movimientos sociales globales en las redes sociales, la noción de tecnopolíticas adoptada aquí se refiere al renacimiento de la extrema derecha brasileña. Contramovimientos, movimientos contrarrevolucionarios y contrainsurgentes en conjunto con otras fuerzas internacionales, principalmente representantes de la derecha radical y la derecha ultrarradical2 (Mudde 2022). Su éxito reside en las acciones que realizan en las plataformas digitales, precisamente porque el contenido conspirativo, el discurso de odio, la xenofobia, la misoginia, la homofobia, la transfobia, etc., aumentan los ingresos de las empresas de comunicación, en la medida en que captan la atención de sus usuarios con mayor eficacia (Cesarino 2022; Da Empoli 2019; Kalil 2018; Nemer 2022; Rosa 2019; Rosa, Angelo et al. 2024).
Esto se debe a que los nuevos dispositivos de registro que componen el régimen de la información han comenzado a revelar rasgos totalitarios como forma de dominación. En este escenario, los datos y su procesamiento mediante el uso de los algoritmos y la inteligencia artificial han determinado decisivamente todos los procesos sociales, culturales, políticos y económicos que involucran a la población mundial, insertándola en una nueva fase del capitalismo que surge en el siglo XXI (Sabariego y Caballero 2022).
Byung-Chul Han (2022, 7) entiende el régimen de la información como “la forma de dominación en la que la información y su procesamiento mediante algoritmos e inteligencia artificial determinan de manera decisiva los procesos sociales, económicos y políticos”. El autor sostiene que “a diferencia del régimen disciplinario, no son los cuerpos y las energías los que se explotan, son la información y los datos” (Han 2022, 7, cursivas en el original). Para el autor, “el régimen de la información, sin embargo, cuyo surgimiento Foucault evidentemente no previó, no sigue una biopolítica. Su interés no está en el cuerpo. Se apodera de la psique mediante la psicopolítica” (Han 2022, 10, cursivas en el original). Además, “la técnica digital de la información convierte la comunicación en vigilancia. Cuantos más datos generamos, más intensamente nos comunicamos, más eficiente se vuelve la vigilancia” (Han 2022, 13).
Al reconocer que el concepto de tecnopolítica tiene sus límites, aunque pueda parecer paradójico, Sabariego y Caballero (2022) destacan que el principal problema que evidencia este diagnóstico reside en que, en la actualidad, presenciamos una subordinación de la política en relación con la tecnología, especialmente por las redes sociales y los servicios de mensajería privada en internet. Esto configura una verdadera pospolítica, una posdemocracia, al eliminar la esfera pública, establecer un régimen de posverdad y una especie de encapsulamiento social.
En su artículo titulado “Psicologia das massas digitais e análise do sujeito democrático”, Christian Dunker (2019) afirma que el mayor riesgo para la democracia brasileña se relaciona con los discursos que involucran lo que Theodor Adorno denominó como síndrome fascista, cuyo afecto dominante se basa en el odio segregador. Para Dunker, existe “una reducción dualista de las personas, como líder-seguidor o ganador-perdedor. Así como una proyección esencialista del enemigo. Aquí, predominan la identificación de masas y una especie de reacción hipnótica de odio que actúa por contaminación” (2019, 128, cursivas en el original).
En este caso, el afecto producido mediante el odio segregador que opera en las plataformas digitales como una reacción hipnótica parece quedar en evidencia en la interpretación de Giuliano da Empoli (2019), en su libro Os engenheiros do caos, que pone de manifiesto la relación entre la extrema derecha internacional y su actuación política en las redes sociales. Como sostiene el autor, en el contexto en el que existía cierta hegemonía de los medios de comunicación corporativos, tales como el periódico, la radio y la televisión, había una tendencia centrípeta: entre más consensuadas y amplias eran las coaliciones y más tiempo se destinaba a la propaganda política institucional, mayores eran las posibilidades de que el candidato fuera elegido.
Sin embargo, con el auge de las plataformas digitales, nos enfrentamos a un efecto contrario y, por lo tanto, centrífugo. En resumen, cuanto más radicalizado, polarizado, vehemente y violento sea el discurso, mayores serán las posibilidades de obtener un amplio alcance en la difusión de contenidos. Las sugerencias que ofrecen las empresas de comunicación resultan de la inversión en publicidad que ejecutan mediante sus planes de negocio, los cuales no se preocupan por la calidad y la veracidad de la información que circula en estos espacios, sino en los beneficios que obtienen de estas inversiones.
En este sentido, Byung-Chul Han (2022, 54) sostiene que el “nuevo nihilismo es un síntoma de la sociedad de la información. La verdad es inherente a una fuerza centrípeta que mantiene la sociedad unida y cohesionada. La fuerza centrífuga es inherente a la información que destruye la cohesión social”. Lo anterior se debe a que, según el autor, este “nuevo nihilismo tiene lugar dentro de ese proceso destructivo, en el que el discurso también se desintegra en información, lo que conduce a la crisis de la democracia” (Han 2022, 84, cursivas en el original).
Teniendo en cuenta la discusión sobre el auge de la extrema derecha junto con la intensificación del uso de las plataformas digitales que ha provocado una ruptura de las democracias liberales (Castells 2018), en este artículo se pretende comprender el proceso de renacimiento de los discursos pronunciados por personas, empresas y grupos brasileños que se identifican como conservadores, a partir de las acciones de Olavo de Carvalho, principal responsable de la selección de libros publicados en Brasil por autores de extrema derecha estadounidense, en particular, macartistas anticomunistas, neoliberales y neoconservadores (Rosa, Angelo et al. 2024).
Desde el punto de vista metodológico, el artículo parte de una perspectiva genealógica sustentada en el análisis foucaultiano para comprender las fuerzas en disputa en este campo agonístico compuesto por dispositivos que operan en dimensiones políticas, económicas, tecnológicas y de seguridad (Foucault [1976] 2000). Al articular estas dimensiones se permitió el surgimiento de nuevos modos de subjetivación producidos por las empresas de Silicon Valley, que no solo extendieron su dominio por el mundo en el siglo XXI, colonizando datos (Couldry y Ali Mejias 2019) y modulando comportamientos (Zuboff 2020), sino que también originaron un nuevo sujeto histórico: un nuevo homo œconomicus, caracterizado por la competencia, la rivalidad y el riesgo, guiado por lo que Foucault ([1979] 2007) denominó racionalidad neoliberal estadounidense y constantemente motivado por el lucro: el empresario de sí.
Cabe anotar que parte del análisis presentado aquí se deriva de estudios previos realizados por los autores a partir de investigaciones que articulan el conservadurismo y la plataformización mediante procedimientos cartográficos. Dichos estudios incluyeron una etnografía basada en la observación encubierta (lurker), realizada con personas, grupos y empresas que se identifican como conservadores y que actúan desde sus perfiles en plataformas digitales como Facebook, YouTube y WhatsApp (Rosa, Angelo et al. 2024; Rosa, Souza et al. 2025).
El texto se estructura en dos secciones. La primera propone una genealogía de los discursos producidos en Silicon Valley y sus cinco momentos históricos distintivos, evidenciando las fuerzas sociales, políticas y económicas que estaban en disputa en esos momentos y a partir del análisis de Éric Sadin (2018) sobre la silicolonización del mundo. La segunda sección presenta el tecnoconservadurismo brasileño, no solo estableciendo su fundamento e identificación con la extrema derecha internacional, en especial la estadounidense, sino también proponiendo una cartografía que muestra la articulación de una red compuesta por distintas personas, grupos y empresas que se identifican como conservadores y que actúan exitosamente en las redes sociales, a partir de los análisis de Rosa, Angelo et al. (2024). Es importante mencionar que la hipótesis presentada presupone que el tecnoconservadurismo brasileño sería un efecto de la silicolonización del mundo (Sadin 2018).
La hipótesis de la silicolonización del mundo
La posesión de Donald Trump en su segundo mandato como presidente de Estados Unidos, que tuvo lugar el 20 de enero de 2025, fue muy significativa desde el punto de vista cultural, político, económico y de seguridad, no solo por exponer la influencia de las mayores empresas capitalistas de la historia en el Gobierno de ese país (Da Empoli 2019) y de otros países (Mello 2020), sino también por evidenciar la fuerza neoconservadora impulsada por la agenda Make America Great Again (MAGA), que surgió en la campaña presidencial de Ronald Reagan en 1980. Aunque sus propuestas no fueron acogidas inmediatamente por el parlamento de la época, el establecimiento de un orden económico basado en la desregulación defendida por Milton Friedman y los Chicago Boys se impulsó durante su administración (Sadin 2018), influenciando países latinoamericanos como Brasil.
Sin embargo, cabe mencionar que, en la década anterior, a principios de 1970, Estados Unidos, especialmente el estado de California, figuraba como la gran vanguardia difusora de la contracultura, por medio de su música y los movimientos sociales y psicodélicos. Esto puso de manifiesto un espíritu libertario que ejerció múltiples influencias sobre jóvenes que buscaban posturas más auténticas, al margen de un país que parecía obsesionado con valores restringidos al trabajo, la familia y el consumo. Para Éric Sadin (2018, 24), ese aliento utópico, sostenido por el sueño de cambiar de vida, se agotó en la misma década, siguiendo un camino menos encantador y, en consecuencia, más frío, que acabó por convertirse en hegemónico, precisamente porque optó por una vía que privilegia la iniciativa empresarial como un estilo de vida.
Aquí es necesario mencionar los estudios presentados por Michel Foucault ([1979] 2007) sobre el nacimiento de lo que él denominó racionalidad neoliberal estadounidense, marcada por la aparición de un nuevo sujeto histórico a mediados del siglo XX y, por ende, un nuevo homo œconomicus, caracterizado por la competencia en lugar del intercambio. Según el autor, el neoliberalismo estadounidense surgió a partir de una crítica keynesiana, principalmente mediante los pactos sociales de guerra y el crecimiento de la administración federal con sus programas económicos. Sin embargo, aunque esta defendía la mínima intervención del Estado en la economía, las empresas de Silicon Valley recibieron inversiones significativas tanto del sector privado como público, sobre todo provenientes de una agenda de seguridad.
Foucault ([1979] 2007) sostiene que si bien existen diferencias significativas entre los modelos económicos liberales de Estados Unidos, Alemania y Francia, el neoliberalismo estadounidense —que empezó con Ronald Reagan en 1980— se distingue de los demás precisamente porque no es una simple teoría económica ni una ideología política, sino una forma específica de pensar, orientar las conductas y posicionarse en el mundo. Esto es evidente cuando se observa que mientras en Francia o Alemania los conflictos entre los individuos y el Estado giraban en torno a problemas relacionados con los servicios públicos, en Estados Unidos el conflicto se refería sobre todo a las libertades. Quizás por eso el neoliberalismo que rige en Estados Unidos desde 1980 se presenta no solo como una alternativa política y económica, sino como una exigencia global, multiforme y ambigua, como el único modo posible de pensamiento y la única forma viable de vida.
A partir del análisis foucaultiano, basado en la idea de que sería necesario cierto tipo de liberalismo que fuera un pensamiento vivo, como destacó el economista austríaco Friedrich von Hayek ([1944] 2022), el neoliberalismo que surgió en Estados Unidos no comenzó a actuar solamente como una simple alternativa técnica de gobierno, sino como un nuevo estilo general de pensamiento, análisis, imaginación y racionalidad, que terminó siendo gubernamentalizado y, por lo tanto, tomado como referencia imprescindible en el análisis de las acciones humanas:
En el neoliberalismo —que no lo oculta, lo proclama— también vamos a encontrar una teoría del homo œconomicus, pero en él este no es en absoluto un socio del intercambio. El homo œconomicus es un empresario, y un empresario de sí mismo. Y esto es tan cierto que, en la práctica, va a ser el objetivo de todos los análisis que hacen los neoliberales: sustituir en todo momento el homo œconomicus socio del intercambio por un homo œconomicus empresario de sí mismo, que es su propio capital, su propio productor, la fuente de sus ingresos. (Foucault [1979] 2007, 264-265)
Al constatar que en el neoliberalismo estadounidense todos los individuos se transforman en sujetos-empresa, además de estar inscritos en la lógica de la competencia, Foucault ([1979] 2007) identificó la existencia de cierta sujeción hacia el perfeccionamiento de cualidades innatas o adquiridas que deberían utilizarse para maximizar sus potencialidades, generando ingresos a partir del capital humano que poseen. Así, si desde una perspectiva macroeconómica el neoliberalismo buscó restringir la razón del Estado procurando eliminar los posibles excesos de los gobiernos, desde una perspectiva individual, estableció una racionalidad basada en el autocontrol, regulada por tecnologías gubernamentales destinadas a orientar el comportamiento en la gestión del posible exceso de impulsos.
Los teóricos del capital humano, y en especial Gary Becker (1975) que, según Foucault ([1979] 2007), es el autor neoliberal más radical de esta corriente estadounidense, sostienen que el comportamiento y la conducta de los individuos deben considerarse como elementos primordiales en los análisis económicos. La llamada “conducta racional”, enfatizada por Becker (1957), presupone que todo comportamiento debe apuntar hacia la optimización de los recursos, siendo sensible a los cambios en las variables del entorno. La racionalidad no se aplica solamente a los contextos económicos —como el consumo y la producción—, sino también a áreas más amplias de la vida social —como la educación, el matrimonio, la delincuencia e incluso la discriminación—, ya que las personas están siempre evaluando las alternativas disponibles y eligiendo aquellas que ofrecen mayor recompensa.
Al considerar los análisis de Nancy Fraser (2019) sobre las dos fuerzas políticas principales de Estados Unidos en las últimas décadas, es posible identificar tanto una inclinación progresista como una reaccionaria. Sin embargo, según la autora, ambas comparten la misma racionalidad y, por lo tanto, la misma gubernamentalidad neoliberal, impulsada por un cierto tipo de empresarialismo, marcado por el utilitarismo siempre instrumentalizado en términos de lucro, que pasó a incidir sobre todas las dimensiones de la vida cotidiana (Foucault [1979] 2007).
Según Fraser (2019), antes de Trump, el bloque hegemónico que dominaba la política en Estados Unidos era el neoliberalismo progresista, que se caracterizaba por la articulación real y poderosa de segmentos improbables que también operaban dentro del Partido Demócrata, combinando un programa económico expropiatorio-plutocrático con una política de reconocimiento liberal-meritocrático:
las corrientes liberales dominantes de los nuevos movimientos sociales (feminismo, antirracismo, multiculturalismo, ambientalismo y derechos de la comunidad LGBTQ+), y por otro, los sectores más dinámicos, de punta, “simbólicos” y financieros de la economía (Wall Street, Silicon Valley y Hollywood). (Fraser 2019, 27)
Además del neoliberalismo progresista, Fraser (2019) también identifica a su principal adversario, precisamente lo que la autora denominó neoliberalismo reaccionario, arraigado principalmente en el Partido Republicano. Se caracteriza por una visión negativa del papel del Estado en la garantía de la justicia social y la igualdad de derechos. Se constituye, por lo tanto, a partir de un sesgo etnonacionalista, antiinmigrante y procristiano, adoptando recurrentemente posturas xenófobas, racistas, patriarcales y homófobas. Sin embargo, la autora sostiene que “en las grandes cuestiones de la economía política el neoliberalismo reaccionario no difería de manera sustancial de su rival neoliberal progresista” (Fraser 2019, 35).
Así, si la racionalidad neoliberal estadounidense, descrita por Foucault ([1979] 2007), enfatiza la transformación de la forma-empresa en todas las dimensiones de la vida, la cual culmina con el empresario de sí como nuevo sujeto histórico, Fraser (2019) amplía este análisis al proponer una distinción entre el neoliberalismo progresista y el neoliberalismo reaccionario. De acuerdo con la autora, el primero combina políticas identitarias con una economía de mercado, promoviendo cierta inclusión superficial en la medida en que mantiene las desigualdades estructurales; mientras que el segundo combina la lógica de mercado con el conservadurismo autoritario, utilizando la retórica nacionalista y la exclusión social. Sin embargo, ambos perpetúan la racionalidad neoliberal al subordinar la vida al capital, ya sea mediante una fachada progresista o un sesgo autoritario, lo que refuerza la crítica de Foucault ([1979] 2007) sobre la gubernamentalidad neoliberal. Algo similar también se identifica, aunque por otros medios, en los análisis sobre el neoliberalismo realizados por autoras como Wendy Brown (2019) y Judith Butler (2021).
En sus investigaciones sobre el fenómeno actual de la silicolonización del mundo, Sadin (2018) presentó los cinco momentos distintivos, marcados por fuerzas sociales, políticas, económicas y de seguridad que se encontraban en disputa en este campo agonístico (Foucault [1976] 2000), que involucraban los modos de subjetivación que se construyeron en Silicon Valley a partir de la década de 1970.
El primero de ellos, identificado por el autor entre las décadas de 1970 y 1980, surgió de una cultura libertaria y utópica, influenciada por el movimiento hippie y la contracultura californiana. En ese momento, la tecnología se consideraba como una herramienta de emancipación individual y colectiva, capaz de desafiar las estructuras tradicionales de poder. Figuras como Steve Jobs y Steve Wozniak personificaban este ideal, promoviendo la idea de que los computadores podían democratizar el conocimiento y empoderar a las personas. Ese periodo se caracterizó por una visión optimista de la innovación tecnológica, asociada con la libertad y la creatividad, pero ya se vislumbraban los gérmenes de la racionalidad neoliberal estadounidense (Foucault [1979] 2007) que, posteriormente, conducirían a la concentración del poder, la mercantilización, el control y la vigilancia de la vida por medios digitales.
Tras la consolidación del neoliberalismo en Estados Unidos a finales de la década de 1970 y principios de 1980, con el gobierno de Ronald Reagan, es posible identificar un segundo momento de Silicon Valley, que se desarrolló en la década de 1990 e impactó directamente en el panorama internacional, a medida que diversos países comenzaron a adoptarlo, lo que dio lugar a la expansión del internet como espacio comercial. En este contexto, la web se convirtió en un territorio de una supuesta libertad y creciente innovación, a partir de la cual prosperaron las empresas emergentes y los empresarios (Sadin 2018).
Empresas como Amazon y Google, creadas en 1994 y 1998 respectivamente, se capitalizaron gracias a una idea de la existencia de un mercado global conectado y sin fronteras. A partir de entonces, la tecnología empezó a ser considerada no solo como una herramienta de emancipación, sino también como un motor de eficiencia y crecimiento económico, en el que la lógica de mercado se impuso sobre los ideales utópicos iniciales. Esto significó que Silicon Valley comenzara a moldear un nuevo orden económico basado en la recopilación masiva de datos y la intermediación de la vida en internet (Sadin 2018).
En el tercer momento de Silicon Valley, que ocurrió durante la década del 2000, se presenció el auge de las plataformas digitales, como Facebook, Google y Amazon, que comenzaron a mediar la vida social, económica y cultural con mucha mayor fuerza. Estas empresas han consolidado un modelo de negocio basado en la recopilación masiva de datos y la monetización de la atención de sus usuarios. La tecnología, antes considerada como liberadora, se convirtió en un instrumento de control y vigilancia, con algoritmos que influyen en los comportamientos y las decisiones, como lo constató Sadin (2018). Fue en ese contexto que Silicon Valley expandió su poder sin precedentes en la historia, marcando la transición hacia una sociedad cada vez más dependiente de las infraestructuras digitales, operada bajo la lógica de la eficiencia y la predicción.
En el cuarto momento de Silicon Valley, que comenzó a partir de 2010, la inteligencia artificial y el big data asumieron un papel central en la gobernanza global, como señaló Sadin (2018). Empresas como Google, Amazon y Facebook intensificaron la recopilación masiva y el análisis de datos, con el objetivo de predecir y moldear el comportamiento humano. La inteligencia artificial comenzó a aplicarse en diversos sectores, desde la salud hasta el transporte, prometiendo eficiencia y personalización. No obstante, ocurrió lo contrario, ya que esta evolución reforzó la concentración de poder y la vigilancia, con algoritmos que influyen en las decisiones políticas, económicas y sociales. En ese momento Silicon Valley se consolidó como una fuerza hegemónica, que redefinió la vida cotidiana y las relaciones humanas bajo una lógica tecnocrática y utilitarista mediante el uso acrecentado de las plataformas digitales.
En el quinto y último momento de Silicon Valley, que está ocurriendo en el presente, es cuando Sadin (2018) presenta la hipótesis de la silicolonización del mundo, en la que la visión tecnocrática de los empresarios del siglo XXI busca remodelar el mundo según su propia lógica. Empresas como Apple, Amazon, Alphabet, Meta, Microsoft, entre otras, expanden su dominio, influyendo en gobiernos e instituciones, mediante el uso cada vez más intensificado de la inteligencia artificial, la automatización y el internet de las cosas, promoviendo una supuesta eficiencia en todos los aspectos de la vida. Sin embargo, exacerban la dependencia y el control que ejercen estas corporaciones, ya que a menudo la ética y la privacidad se sacrifican en nombre de la innovación. En esta etapa, Silicon Valley no solo impulsa, sino que también redefine las estructuras políticas, económicas, sociales, culturales y de seguridad, prescribiendo una visión del futuro en la que la tecnología dicta las reglas, mientras que los valores humanos se subordinan a la lógica algorítmica.
Si bien existen distintas variantes del neoliberalismo reaccionario, como señala Nancy Fraser (2019), al mencionar las dos principales fuerzas políticas que surgieron en Estados Unidos en el siglo XXI, que abarcan representantes tanto de la derecha radical como de la derecha ultrarradical (Mudde 2022), sin duda la extrema derecha del país tiene como uno de sus principales íconos a Friedrich von Hayek ([1944] 2022). De acuerdo con Sadin (2018), este economista anticomunista —que ganó el Premio Nobel de Economía en 1974 y es considerado como el principal autor de la Escuela Austríaca de Economía—, que se oponía vehementemente al intervencionismo y al colectivismo, no solo se presenta como el gran teórico del neoliberalismo y la economía de mercado, sino que también sustenta la ideología de Silicon Valley con su liberalismo autoritario (Amaral et al. 2024; Chamayou 2022), que promueve la descentralización y la autorregulación de los sistemas.
La perspectiva económica presentada por Von Hayek ([1944] 2022) se basa en el principio de que el conocimiento disperso en la sociedad puede coordinarse de manera más eficiente y eficaz si se produce mediante mecanismos de mercado, como precios y algoritmos, lo que se refleja directamente en la lógica de las plataformas digitales. La inteligencia artificial y los algoritmos, al procesar datos masivos, pasan a operar como una especie de “orden espontánea” digital, que refuerza la vigilancia y el control. Así es como el pensamiento de Von Hayek sustenta la silicolonización del mundo, a partir de la cual la tecnología redefine la sociedad bajo una lógica tecnocrática y utilitarista, convirtiendo todas las dimensiones de la vida en negocios guiados por el cálculo y el lucro, como demostró Foucault ([1979] 2007).
Sin embargo, además de Von Hayek ([1944] 2022), Silicon Valley también fue influenciado directamente por Ray Kurzweil, con su visión futurista de la singularidad tecnológica, y Kevin Kelly, que promovió la idea de que la tecnología es una fuerza natural (Sadin 2018), así como por sus alumnos anarcocapitalistas Murray Rothbard ([1973] 2013 y [1974] 2019) y Hans-Hermann Hoppe (2018), que fueron figuras prominentes de la Escuela Austríaca de Economía y del libertarismo, influyendo en el ethos de Silicon Valley con sus ideas sobre la libertad individual, los mercados descentralizados y el escepticismo hacia el Estado.
Rothbard ([1973] 2013 y [1974] 2019), con su defensa del anarcocapitalismo, promovió la idea de que la cooperación voluntaria y la propiedad privada serían suficientes para organizar la sociedad, reflejando una visión empresarial que veía la tecnología como medio para desafiar las regulaciones estatales. Hoppe (2018), ampliando estas ideas, enfatizó la importancia de la autopropiedad y el orden natural de los mercados, alineándose con la cultura libertaria de Silicon Valley. Estas reflexiones contribuyeron a forjar una mentalidad que valora la innovación disruptiva, la descentralización y la minimización de la interferencia gubernamental, elementos centrales en su formación y desarrollo.
Sin embargo, la difusión de la agenda liderada por diferentes variantes extremistas del neoliberalismo reaccionario (Fraser 2019) solo llegó con fuerza a Brasil en la segunda mitad de la década de 1990, a partir de la influencia del escritor conservador brasileño Olavo de Carvalho. Él fue el responsable de seleccionar este tipo de literatura producida por la extrema derecha anticomunista estadounidense, que comenzó a ser traducida por editoriales brasileñas, con autores como Russel Kirk ([1993] 2014 y [1953] 2020), Thomas Sowell ([1996] 2023), Eric Voegelin (2011), Roger Scruton ([1985] 2014 y [1980] 2015), además de Staton Samenow ([1984] 2020) y Lyle Rossiter (2016), entre muchos otros, quienes trabajaron directamente en el gobierno de Ronald Reagan, participando, por lo tanto, en el MAGA.
El nacimiento del tecnoconservadurismo brasileño
La importante presencia de autores estadounidenses que formaron parte del círculo político de Ronald Reagan y que comenzaron a aparecer en el mercado editorial brasileño a finales de la década de 1990 no fue casual ni un fenómeno exclusivamente cultural. Los procesos selectivos de traducción y difusión de las obras, liderados por Olavo de Carvalho, permitieron sentar las bases de un nuevo régimen tecnoconservador de la verdad, que culminó con su consolidación en el siglo XXI. Bajo el liderazgo del escritor conservador, que aunó diferentes fuerzas difusas de la extrema derecha brasileña, el proyecto encontró en las plataformas digitales un instrumento que posibilitaría cierta sujeción algorítmica y una movilización tecnopolítica efectiva de estas ideas importadas (Rosa, Angelo et al. 2024).
Olavo de Carvalho ([1994] 2018) no solo seleccionó el libro The Liberal Mind: The Psychological Causes Of Political Madness [A mente esquerdista: as causas psicológicas da loucura política] de Lyle H. Rossiter (2016), sino que también promovió la circulación de Inside the Criminal Mind [A mente criminosa] de Stanton Samenow ([1984] 2020), que son ejemplos importantes para analizar. Rossiter (2016), un psiquiatra estadounidense que se desempeñó como experto en el gobierno de Reagan (1980-1989), alineado con su política de “ley y orden”, utilizó su obra para afirmar que los integrantes de los movimientos de izquierda representaban un “peligro biológico”, ya que padecían trastornos mentales derivados de su “mentalidad revolucionaria” (Rosa, Angelo et al. 2024). La obra de Samenow ([1984] 2020), aunque su autor no trabajó directamente en el gobierno que inauguró la agenda MAGA, influyó directamente en sus discursos. El psicólogo, que adoptó una perspectiva abiertamente neolombrosiana, defendió la tesis de que los criminales no son productos del entorno sino de “errores cognitivos voluntarios”; también se apropió de la teoría de la elección racional (Becker 1957) para sustentar argumentos en el campo penal, respaldando políticas prohibicionistas como “la guerra contra las drogas” y el encarcelamiento masivo.
En el libro Tecnoconservadurismo e o Brasil Paralelo, Rosa, Angelo et al. (2024) analizan cómo la combinación de tecnologías digitales y discursos extremistas por parte de personas, grupos y empresas en Brasil que se identifican como conservadores crearon un mecanismo eficaz de dominación y control social. En este sentido, el término tecnoconservadurismo describe la apropiación de herramientas tecnológicas (redes sociales, algoritmos, inteligencia artificial, noticias falsas y desinformación) por parte de distintos actores políticos asociados con la extrema derecha, que buscan difundir valores tradicionales y reforzar jerarquías sociales, en la medida en que expanden su poder tras el surgimiento del liberalismo autoritario (Amaral et al. 2024; Chamayou 2022).
En su libro The Ungovernable Society: A Genealogy of Authoritarian Liberalism [A sociedade ingovernável: uma genealogia do liberalismo autoritário], Grégoire Chamayou (2022) analizó la paradójica alianza entre el liberalismo económico competitivo propuesto por Von Hayek ([1944] 2022) y el decisionismo autoritario impulsado por Schmitt ([1932] 2015), que culminó en el llamado liberalismo autoritario. Esta fusión paradójica une la defensa radical del libre mercado con la necesidad de un Estado fuerte para imponerlo, especialmente en contextos de crisis. Mientras Von Hayek ([1944] 2022) entendía el mercado como un sistema autorregulador, superior a la planificación estatal, ya que cualquier intervención gubernamental en la economía generaría distorsiones que amenazarían la libertad individual; el jurista conservador y teórico del autoritarismo Carl Schmitt ([1932] 2015) defendía que la soberanía política se manifestaba precisamente en el “Estado de excepción”, en el que un gobernante podía suspender la ley para garantizar el orden. Ante esto, Chamayou (2022) sostiene que el liberalismo autoritario es un proyecto que usa el Estado no para limitar el mercado, sino para imponerlo en la sociedad, incluso mediante el uso de la fuerza.
El libro A nova era e a revolução cultural, publicado en 1994 y escrito por Olavo de Carvalho ([1994] 2014), marcó un hito en la literatura brasileña al congregar segmentos distintos y difusos de la extrema derecha. La obra se convirtió en la principal referencia bibliográfica política para militares, gran parte del empresariado liberal, asociaciones cristianas conservadoras, diversos sectores corporativos, así como personas, grupos y empresas que se identifican como conservadores. Su propósito era legitimar un amplio proceso de ataque y descalificación contra quienes se identificaban con la izquierda, asumiendo abiertamente una postura anticomunista (Rosa, Angelo et al. 2024).
En el libro mencionado, Olavo de Carvalho ([1994] 2014) afirma que los grupos políticos de izquierda se organizaron internacionalmente durante el siglo XX en torno a un proyecto gramsciano, que se basaba en la articulación de una revolución cultural destinada a destruir los valores occidentales sustentados por principios de la tradición judeocristiana. Para que esto realmente sucediera, sería necesario abandonar la lucha de clases propuesta por el marxismo, para estructurarse en otros frentes liderados por movimientos indígenas, feministas, LGBTQIAPN+, negros, ambientalistas, en defensa de los derechos humanos, de la regulación de sustancias psicoactivas ilícitas, a favor del aborto, etc. Casualmente, “el objetivo elegido por el escritor conservador brasileño fueron aquellos movimientos sociales organizados históricamente en torno a grupos subalternos que, desde el colonialismo, han sufrido los más variados prejuicios y persecuciones” (Rosa, Angelo et al. 2024, 28).
Esta visión del mundo difundida por Olavo de Carvalho se dio sobre todo a partir de la publicación del libro, así como sus estrategias para movilizar este tipo de afecto de odio asociado con la supuesta amenaza comunista aún vigente en el siglo XXI. Lo anterior no solo comenzó a circular como verdad para las fuerzas armadas brasileñas (Leirner 2020), los institutos liberales (Casimiro 2016), los diferentes segmentos del cristianismo (Lacerda 2019), entre otros, sino que también ganó cada vez más terreno en los más variados sectores de la sociedad, alcanzando médicos, jueces, fiscales, delegados, policías, profesores, psicólogos, psiquiatras, etc. Esto se debe a que, para el autor, “el marxismo cultural se ha convertido en una influencia predominante en las universidades, los medios de comunicación, el mundo del espectáculo y los medios editoriales de Occidente” (Carvalho [1994] 2014, 162).
El enfoque de Olavo de Carvalho inauguró un nuevo tipo de conservadurismo o reaccionarismo tecnopolítico al estilo brasileño —un tecnoconservadurismo—. El autor defendió que “mediante el marxismo cultural, toda la cultura se convirtió en una máquina de guerra contra sí misma, sin dejar espacio para nada más” ([1994] 2014, 162). Sin embargo, también es necesario mencionar que la formación de ese ecosistema tecnoconservador solo fue posible debido a la confluencia de las diferentes fuerzas difusas que comenzaron a articularse en torno al anticomunismo, lo que dio lugar a la composición de un diagrama conservador dirigido por Olavo de Carvalho (Rosa, Angelo et al. 2024).
Al comprender con mayor profundidad el monopolio de Google y, por consiguiente, de YouTube, en la difusión de informaciones que operan como verdades seleccionadas por criterios publicitarios producto de la comercialización de los datos de sus usuarios, es posible visualizar un esquema de tecnoconservadurismo al estilo brasileño (Rosa, Angelo et al. 2024). Este se compone de prensa alternativa, en la que Jovem Pan y Brasil Paralelo ocupan un lugar central, junto con la Revista Oeste, Gazeta do Povo, Braddock Show, Fio Diário, Brasil Sem Medo, entre muchas otras; editoriales, como Vide Editoral, LVM (Ludwig Von Mises), IPCO (Instituto Plínio Corrêa de Oliveira), Avis Raras, É Realizações, Record, Ecclesiae, Danubio Armada, E.D.A. (Educação, Direito e Alta Cultura), Novo Conceito, etc.; redes de editoriales, como la Cedet y el Faro Editorial; editoriales asociadas, como PH Vox, Crux, Cântico, Alan Schramm, Arcadia, Vertus, Tesouros Católicos, etc.; librerías en línea que, mediante la traducción, la publicación y la distribución de libros con este sesgo político, buscan legitimar sus visiones del mundo, por ejemplo, la Livraria Instituto Borborema, BSM, Vista Pátria, Daniel Lopez, Alexandre Costa, Ana Caroline Campagolo, Guilherme Freire, Bene Barbosa, Roberto Motta, Nikolas Ferreira, Italo Marsilli, Thomas Giulianno, Rodrigo Constantino, etc.; influencers, con cientos de miles e incluso millones de seguidores, que venden y promocionan libros en sus canales de YouTube, como los nombres mencionados, que operan mediante sus librerías en línea; eventos nacionales e internacionales, como el Congresso Brasil Conservador, el Congresso Nação Conservadora, el CCB-USA, entre muchos otros, especialmente, la Conferencia Política de Acción Conservadora (CPAC), organizado en Estados Unidos por grupos de extrema derecha desde 1973 y que ha celebrado ediciones anuales en Brasil durante el gobierno de Jair Bolsonaro; grupos religiosos de tradición cristiana, provenientes de diversas denominaciones católicas y protestantes; militares, especialmente los que estaban en la reserva y que participaron en el Clube Militar, el Clube Naval y la Academia Militar das Agulhas Negras (AMAN), además de institutos asociados con las fuerzas armadas brasileñas, como el Instituto Sagres, el Instituto Federalista, el Instituto Vilas Boas, etc.; empresarios de diversos sectores, en particular los que recibieron formación en institutos liberales; entre otros sectores sociales que buscan orientar los comportamientos y las verdades con base en una agenda neoconservadora articulada mediante las plataformas digitales.
La articulación de este esquema de tecnoconservadurismo brasileño, implementado mediante las plataformas digitales, ha permitido la difusión de contenidos extremistas y de desinformación producidos por empresas que invierten masivamente en publicidad. Un caso emblemático es el de Brasil Paralelo, que se ha convertido en el mayor anunciante del país en YouTube (Alphabet) y Facebook (Meta) en los últimos años. Este poder financiero y mediático ha propiciado la modulación de los hechos y la creación de una “verdad paralela”, cuyo objetivo principal es imponer a la sociedad un nuevo régimen tecnoconservador de la verdad (Rosa, Angelo et al. 2024).
Según João Cezar de Castro Rocha (2021), fue Olavo de Carvalho quien construyó el sistema de creencias del neoconservadurismo brasileño que surgió en el siglo XXI, al organizar las distintas capas de subjetivación mediante las plataformas, lo que llevó al surgimiento de un nuevo régimen de la verdad. Sin embargo, para que estos discursos adquirieran legitimidad fue necesario importar autores y teorías de Estados Unidos, a partir de la selección de escritores, libros y sus posteriores traducciones. Estos textos comenzaron a circular por todo el país y fueron comercializados por diferentes editoriales bajo la curaduría de Olavo de Carvalho.
La unión de las tres fuerzas políticas —militares (Leirner 2020), institutos liberales (Casimiro 2016) y grupos cristianos (Lacerda 2019)— comenzó a posibilitarse mediante las referencias bibliográficas seleccionadas por Olavo de Carvalho para legitimar cierta visión del mundo respaldada por un movimiento político que surgió y se desarrolló a partir de la década de 1950 como el movimiento conservador moderno de Estados Unidos (Souza 2021), ejerciendo una influencia significativa en la política brasileña, particularmente a principios del siglo XXI. En la investigación de Marina Lacerda (2019), la autora identificó las principales características de este movimiento político, que ganó mayor notoriedad tras la presidencia de Ronald Reagan en Estados Unidos, y presentó una definición que puede verificarse en las agendas defendidas en Brasil por personas, grupos y empresas que se identifican como conservadores y que comenzaron a utilizar las plataformas digitales con fines políticos. La autora afirma que:
El neoconservadurismo es un movimiento político que ha forjado una ideología privatista (defiende el predominio del poder privado de la familia y las corporaciones), antilibertaria (a favor de la intervención pública en aspectos de la vida personal), neoliberal (en contra de la intervención del Estado para reducir las desigualdades), conservadora (en oposición al Estado de bienestar, los movimientos feminista y LGBT) y de derecha (se opone a los movimientos reivindicativos que buscan una mayor igualdad de derechos). Como ideología, el neoconservadurismo es, como se ha mencionado, un conjunto de preferencias, una forma de pensamiento, una mentalidad que combina el militarismo externo e interno, el absolutismo del libre mercado y los valores de la derecha cristiana, además de apoyo al movimiento sionista. (Lacerda 2019, 58)
En la búsqueda por identificar sus diferentes tradiciones, la autora recurrió a los análisis de Samuel Huntington (1957), que presenta tres teorías relacionadas con el conservadurismo: (i) la aristocrática, que se apoya en los análisis de Karl Mannheim (1953) sobre la tendencia psicológica de los individuos de resistirse a los cambios; (ii) la autónoma, que toma como referencia los textos de Russel Kirk ([1993] 2014 y [1953] 2020) respecto a la defensa de la preservación de las antiguas tradiciones morales de la humanidad, identificándolas como un sistema de ideas o principios que actúan en un campo supuestamente inmune al contagio ideológico promovido por la izquierda (Esposito 2017); y (iii) la situacional, de la que el propio Huntington (1957) se considera tributario, ya que “según esta perspectiva, el conservadurismo es posicional y se desarrolla según las necesidades históricas” (Lacerda 2019, 24).
La influencia del conservadurismo de Olavo de Carvalho, importado de Estados Unidos, sobre las fuerzas armadas brasileñas no solo fue analizada por Leirner (2020), sino que también se identifica en el libro A verdade sufocada, escrito por el general Carlos Alberto Brilhante Ustra (2018). Este se basa en el proyecto Orvil, liderado por los militares en la década de 1980 como respuesta al libro Brasil nunca mais (Arns [1985] 2014), según identificó Rocha (2021). En este texto, redactado por el único militar condenado por tortura tras el periodo de la dictadura empresarial-militar brasileña y que es el libro de cabecera del expresidente Jair Bolsonaro, se puede encontrar un ejemplo de la llamada “guerra neocortical”, llevada a cabo en Brasil mediante las operaciones psicológicas que, con una gran inversión, pretenden alterar la percepción de los brasileños sobre este periodo iniciado en 1964 (Leirner 2020) con el fin de instaurar un nuevo régimen de la verdad.
De hecho, no solo se menciona en ese libro la agenda defendida por Olavo de Carvalho, sino también al propio autor. Este fue escrito por el exdirector del Destacamento de Operações de Informação - Centro de Operações de Defesa Interna, conocido como DOI-CODI, que trabajó en la institución entre 1970 y 1974, a pesar de sus diferencias. Incluso, la supuesta tesis adoptada por los militares sobre la guerra cultural gramsciana y su consiguiente articulación en torno al Foro de São Paulo, el globalismo, el nuevo orden mundial, etc., proviene precisamente de los cursos impartidos por Olavo de Carvalho en distintas instituciones de las fuerzas armadas brasileñas a partir de la década de 1990 (Leirner 2020).
Un ejemplo de esta influencia se puede observar en la cita del libro del general Carlos Alberto Brilhante Ustra (2018, 596), en el que el autor afirma que los directores del Foro de São Paulo decidieron adoptar formalmente las siguientes medidas para tergiversar sus intenciones: (i) el indigenismo, cuando afirman defender los derechos de los indígenas, en realidad están estimulando la formación de grupos guerrilleros (como el Ejército Zapatista de Liberación Nacional); (ii) el separatismo, cuando sostienen que los territorios ocupados por las tribus indígenas les pertenecen a estas y no al Estado; (iii) el ecologismo radical, cuando afirman proteger el medio ambiente y justifican la acción de los terroristas, obstaculizando las obras públicas de infraestructura como carreteras y de energía eléctrica; (iv) la teología de la liberación, con la que buscan dividir a la Iglesia católica y justificar la violencia con argumentos supuestamente cristianos.
Al afirmar en su libro A nova era e a revolução cultural que “las Farc son la fuerza principal del Foro de São Paulo, que a su vez es la única fuerza política que existe en Brasil”, Olavo de Carvalho ([1994] 2014, 237) posibilitó el surgimiento de una interpretación de la historia del país que dio lugar a un nuevo régimen tecnoconservador de la verdad. El régimen se adoptó en Brasil como verdad incuestionable por diferentes segmentos de las fuerzas armadas, empresarios, religiosos, etc., y también se difundió en otros sectores de la sociedad, en especial la derecha radical y ultrarradical (Mudde 2022). Su consecuencia fue la negación de toda la corrupción, la censura, la persecución, la tortura y las muertes asociadas con ese periodo.
Reflexiones finales
Este artículo analizó la relación entre la silicolonización del mundo (Sadin 2018) y el retorno de la extrema derecha en Brasil (Rosa, Angelo et al. 2024). Como se evidenció, esto sucedió a partir del desarrollo tecnológico liderado por los empresarios de Silicon Valley que influenció el surgimiento del llamado tecnoconservadurismo brasileño, mediante una sujeción tecnoconservadora, impulsada por las plataformas digitales, y culminó con la creación de un nuevo régimen tecnopolítico de la verdad.
El concepto de empresario de sí, propuesto por Foucault ([1979] 2007), describe al individuo que gestiona su propia vida como un proyecto e inserta, en este modo de existencia, el discurso de la racionalidad neoliberal estadounidense, centrado en la maximización de los recursos y la competencia, que se instrumentalizaron con la silicolonización del mundo (Sadin 2018). Nos encontramos con una lógica amplificada por la tecnología, en la que las plataformas digitales y los algoritmos fomentan la autogestión constante, convirtiendo los datos personales en capital. La inteligencia artificial y el big data refuerzan esta dinámica, no solo promoviendo la eficiencia y la productividad, sino también subordinando la vida humana en métricas y estándares algorítmicos. Así, la “silicolonización” actualiza al “empresario de sí” en un contexto tecnopolítico, en el que la autonomía individual es cooptada por sistemas digitales que redefinen las relaciones sociales y económicas.
La primera sección del artículo presentó los cinco momentos distintivos de Silicon Valley: el primero, que comenzó en la década de 1970, estuvo marcado por el surgimiento de una cultura libertaria y utópica, centrada en la creencia de que la tecnología podía emancipar a los individuos, aunque todavía contaba con la participación del complejo militar-industrial. El segundo, vivido en la década de 1990, vivió cierta consolidación del neoliberalismo, con el internet comercializado como espacio de libertad e innovación. El tercero, en la década del 2000, puso de manifiesto el surgimiento del internet, que pasó a intermediar la vida social y económica, concentrando el poder de una manera nunca antes vista en la historia. El cuarto, que duró de 2010 a 2018, vio cómo la inteligencia artificial y la recopilación masiva de datos reforzaron el control de las empresas sobre los individuos. El quinto, y último momento, estuvo marcado por el tiempo presente y se caracteriza por la silicolonización del mundo, en el que Silicon Valley busca remodelar la vida planetaria con base en su visión tecnocrática, imponiendo una lógica de eficiencia y predicción que redefine las relaciones humanas y políticas (Sadin 2018).
En la segunda sección se expusieron las bases que sustentan los discursos tecnoconservadores brasileños, los cuales solo pudieron construirse mediante la selección, la traducción y la distribución de autores de la extrema derecha estadounidense, importados por el escritor Olavo de Carvalho, a partir de la década de 1990. En este caso, se presentó además un esquema del tecnoconservadurismo brasileño que evidencia el funcionamiento de este ecosistema informativo. Allí, los medios de comunicación alternativos y paralelos, los libros, las editoriales, las editoriales asociadas, las redes editoriales, las librerías en línea y los influencers, los eventos nacionales e internacionales, los grupos religiosos, militares, empresariales, y muchos otros segmentos de la sociedad, comenzaron a articularse buscando la legitimación de ese nuevo régimen de la verdad, que toma como referencia la agenda MAGA inaugurada con Ronald Reagan y lanzada en su campaña en 1980.
Este estudio buscó evidenciar los efectos de la extrema derecha estadounidense, liderada tanto por progresistas como reaccionarios neoliberales, que comenzaron a incidir en el escenario político brasileño, especialmente en el siglo XXI, mediados por las plataformas digitales, transformando la política en tecnopolítica. Así, aunque no profundizó en el análisis de diversos aspectos, esta investigación puede entenderse como un esfuerzo colectivo por analizar los impactos de las plataformas digitales en la política, con el fin de dimensionar sus efectos en la sociedad brasileña.
Referencias
✽ El texto fue financiado por la Fundação de Amparo à Pesquisa do Espírito Santo, mediante la convocatoria Fapes 17/2023, segunda convocatoria 2024. Cada autor contribuyó en la elaboración del artículo de la siguiente manera: Augusto Jobim do Amaral y Pablo Ornelas Rosa fueron los autores principales del contenido, en la elaboración teórica, la construcción del problema de investigación, la formulación de la hipótesis y el desarrollo de la argumentación; Jesús Sabariego contribuyó metodológica y analíticamente, sugiriendo enfoques críticos y comparativos, además de participar en la revisión de la versión final, asegurando su cohesión estructural y adecuación a los parámetros editoriales. La traducción al español de este texto fue financiada por la Friedrich-Ebert Stiftung en Colombia (Fescol).
1 Todas las traducciones son libres.
2 Según Cas Mudde (2022) la extrema derecha se puede identificar en dos vertientes: la derecha ultrarradical, que rechaza la esencia misma de la democracia, así como la soberanía popular y el gobierno de la mayoría, tomando como referencia las fuerzas sociales que posibilitaron el fascismo y el nazismo; y la derecha radical que acepta la esencia de la democracia pero se opone a elementos fundamentales de la democracia liberal, como los derechos de las minorías, el Estado de derecho y la separación de los poderes. Sin embargo, ambas vertientes se oponen al consenso liberal-democrático de la posguerra, aunque de maneras distintas. Mientras que la derecha ultrarradical se distingue por su carácter revolucionario, la derecha radical es más reformista. En esencia, la derecha radical cree en el poder popular, mientras que la derecha ultrarradical no.
Doctor en Estudios Contemporáneos Avanzados por la Universidade de Coimbra, Portugal, y doctor en Ciencias Criminales por la Pontifícia Universidade Católica do Rio Grande do Sul (PUCRS), Brasil. Profesor de los programas de posgrado en Filosofía y Ciencias Criminales de la PUCRS. Profesor visitante en la Università degli Studi di Salerno, Italia (2024), financiado por el Programa Erasmus+. Dirige el grupo de investigación Politicrim, registrado en el Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico. Cuenta con experiencia en el área de criminología, derecho, filosofía política e historia de las ideas, con énfasis en temas como biopolítica, cultura penal, violencia punitiva, derechos humanos, control social y seguridad pública, además de derecho penal y proceso penal. https://orcid.org/0000-0003-0874-0583 | augusto.amaral@pucrs.br
Doctor en Ciencias Sociales por la Pontifícia Universidade Católica de São Paulo, Brasil, y doctorando en Psicología Institucional por la Universidade Federal do Espírito Santo, Brasil. Profesor de los programas de posgrado en Sociología Política y Seguridad Pública de la Universidade Vila Velha, Brasil, y del programa en Ciencia, Tecnología y Educación del Centro Universitário Vale do Cricaré, Brasil. Becario Capixaba de Fundação de Amparo à Pesquisa do Espírito Santo. Dirige el grupo de investigación Núcleo de Investigación en Activismos, Resistencias y Conflictos, registrado en el Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico. Cuenta con experiencia en el área de criminología, seguridad pública, sociología política, tecnopolíticas y teoría social. https://orcid.org/0000-0002-9075-3895 | pablo.rosa@uvv.br
Doctor en Derechos Humanos y Desarrollo por la Universidad Pablo de Olavide, España. Profesor del Departamento de Periodismo y de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla, España. Se dedica a la investigación sobre derechos humanos, movimientos sociales, democracia, globalización, relaciones internacionales, ciudadanía y participación social. También ha trabajado en el desarrollo de proyectos con las Naciones Unidas, Cátedras Unesco/Unitwin y la Unión Europea. https://orcid.org/0000-0002-4500-8589 | jsabariego@us.es