Contribuciones de las organizaciones comunitarias a la promoción de la salud mental de niños, niñas, adolescentes y jóvenes en el Pacífico colombiano

Juan Pablo Aranguren Romero, Sergio Daniel Arrieta, Francy Carranza-Franco, Juan Roberto Rengifo, Karina Martínez, Mónica Pinilla-Roncancio, Sanne Weber, Germán Casas, Sarah-Jane Fenton y Paul Jackson

Recibido: 26 de abril de 2025 | Aceptado: 8 de septiembre de 2025 | Modificado: 6 de octubre de 2025

https://doi.org/10.7440/res95.2026.09

Resumen | En este artículo se profundiza en la labor esencial que desempeñan las organizaciones comunitarias en tres municipios marcados por la historia de conflicto y violencia política en la región Pacífica colombiana: Buenaventura, Quibdó y Tumaco. La investigación se centra en comprender cómo estas entidades están activamente contribuyendo a fomentar el bienestar emocional y la salud mental de niños, niñas, adolescentes y jóvenes, una población particularmente vulnerable en estos contextos. Por medio de entrevistas semiestructuradas y de encuentros de diálogo con las organizaciones de base, se analizaron en detalle las diversas estrategias y prácticas que implementan. Los hallazgos revelan un panorama alentador en el que estas iniciativas se erigen como pilares fundamentales para la promoción de la salud mental. Esto se logra principalmente mediante la creación y el sostenimiento de espacios que se distinguen por ser seguros, protectores y libres de violencia, brindando a los niños, niñas, adolescentes y jóvenes la oportunidad vital de expresar sus emociones de manera abierta y de establecer conexiones significativas con su comunidad. Un aspecto particularmente destacable del estudio es la identificación de cómo varias de las organizaciones comunitarias entrevistadas integran de manera innovadora los saberes tradicionales afrocolombianos con diversas prácticas artísticas y un acompañamiento psicosocial sensible y adaptado a las necesidades específicas de la población local. Esta combinación de enfoques permite abordar las complejas heridas emocionales y psíquicas de una manera culturalmente relevante y efectiva. En el estudio se subraya la importancia crucial de estas prácticas comunitarias como agentes de cambio en la construcción de un entorno propicio para el bienestar emocional y la salud mental, especialmente en territorios que han sido profundamente afectados por las dinámicas del conflicto armado.

Palabras clave | acompañamiento psicosocial; adolescentes y jóvenes; bienestar psicosocial; intervenciones basadas en comunidad; niños; niñas; salud mental; salud mental comunitaria

Community-based Organizations and Their Role in Supporting Mental Health in Children and Youth in Colombia’s Pacific Region

Abstract | This article examines the essential work carried out by community-based organizations in three municipalities of Colombia’s Pacific region marked by a history of conflict and political violence: Buenaventura, Quibdó, and Tumaco. The study focuses on understanding how these entities actively contribute to fostering the emotional well-being and mental health of children, adolescents, and youth, who represent a particularly vulnerable population within these contexts. Drawing on semi-structured interviews and dialogue sessions with grassroots organizations, the analysis provides a detailed exploration of the diverse strategies and practices they implement. The findings offer an encouraging view of the role these initiatives play as fundamental pillars for promoting mental health. Their impact is especially evident in the creation and maintenance of spaces that are safe, protective, and free from violence—places that provide children and young people with the essential opportunity to express their emotions openly and cultivate meaningful connections with their communities. A particularly noteworthy contribution of the study is the identification of innovative approaches through which several of the community organizations interviewed integrate Afro- Colombian traditional knowledge with a range of artistic practices and sensitive psychosocial support tailored to local needs. This combination enables them to address complex emotional and psychological wounds in ways that are culturally relevant and effective. Overall, the study underscores the crucial importance of these community practices as agents of change in building environments that foster emotional well-being and mental health, particularly in territories deeply affected by the dynamics of armed conflict.

Keywords | adolescents and young people; children; community-based interventions; community mental health; mental health; psychosocial support; psychosocial well-being

Contribuições das organizações comunitárias à promoção da saúde menta de crianças, jovens e adolescentes no Pacífico colombiano

Resumo | Este artigo se aprofunda no trabalho essencial realizado por organizações comunitárias em três municípios marcados pela história do conflito e da violência política na região do Pacífico colombiano: Buenaventura, Quibdó e Tumaco. A pesquisa trata de compreender como essas entidades estão contribuindo ativamente para promover o bem-estar emocional e a saúde mental de crianças, jovens e adolescentes, uma população particularmente vulnerável nesses contextos. Por meio de entrevistas semiestruturadas e de encontros de diálogo com as organizações de base, foram analisadas detalhadamente as diversas estratégias e práticas implementadas. As descobertas revelam um panorama encorajador no qual essas iniciativas se constituem como pilares fundamentais para a promoção da saúde mental. Isso é alcançado principalmente por meio da criação e da manutenção de espaços que se distinguem por serem seguros, protetores e livres de violência, proporcionando a crianças, jovens e adolescentes a oportunidade vital de expressar suas emoções abertamente e de estabelecer conexões significativas com a comunidade. Um aspecto particularmente notável do estudo é a identificação de como várias organizações comunitárias entrevistadas integram de maneira inovadora os saberes tradicionais afro-colombianos com diversas práticas artísticas e um acompanhamento psicossocial sensível e adaptado às necessidades específicas da população local. Essa combinação de abordagens permite tratar feridas emocionais e psíquicas complexas de uma maneira culturalmente relevante e eficaz. Neste estudo, destaca-se a importância crucial dessas práticas comunitárias como agentes de mudança na construção de um ambiente propício ao bem-estar emocional e à saúde mental, especialmente em territórios profundamente afetados pelas dinâmicas do conflito armado.

Palavras-chave | acompanhamento psicossocial; adolescentes e jovens; bem-estar psicossocial; crianças; intervenções baseadas em comunidade; saúde mental; saúde mental comunitária

Los impactos del conflicto y los mecanismos de afrontamiento

La región Pacífica en Colombia es una de las zonas del país más afectadas por el conflicto armado y la pobreza. Allí, más de la mitad de la población —mayoritariamente afrodescendiente— ha sido víctima de la guerra y casi la mitad de los hogares es pobre (DANE 2018b; UARIV 2022). La intensidad de la violencia en esta región obedece, entre otras cosas, a la disputa territorial entre varios actores armados y, también, a condiciones históricas de la región que favorecen el conflicto: la presencia de economías ilícitas controladas por grupos armados ilegales; un extractivismo sostenido de recursos que no se materializa en bienestar; la exclusión de la población de los mercados de trabajo legales y formales; el despojo generado por megaproyectos y un racismo estructural que desconoce las cosmovisiones étnicas de las comunidades que habitan el territorio (CNMH 2015; Louidor y Jaramillo 2020; Lozano et al. 2009; Salas et al. 2019).

Lo anterior ha producido graves afectaciones psicosociales. Más de la mitad de la población de esta región son niños, niñas, adolescentes y jóvenes (NNAJ) (DANE 2018a), quienes han estado permanentemente expuestos a eventos con un alto potencial traumático. Estos incluyen el reclutamiento forzado por parte de grupos armados, la desaparición forzada de alguno de sus familiares, el control territorial de bandas criminales, ser víctimas de o presenciar torturas, masacres y homicidios. Por ello, los NNAJ viven con un sentimiento de temor constante y con un sufrimiento emocional intenso (CNMH 2015; MSPS y Colciencias 2015; Sánchez et al. 2019). Además, la violencia ha deteriorado el tejido social, pues ha reemplazado formas comunitarias de organización social por relaciones en las que se privatiza el miedo y la desconfianza. También, el conflicto ha afectado muchas prácticas culturales tradicionales, incluidos los rituales de duelo, lo que limita los recursos que las comunidades tienen para elaborar sus pérdidas (CNMH 2015; Louidor y Jaramillo 2020; Parrado 2020; Quiceno 2016).

Los jóvenes han sido particularmente afectados por este contexto, pues la violencia —a través de dinámicas como el reclutamiento, el confinamiento, la desaparición y la violencia sexual— se ha normalizado en su cotidianidad, ha desestructurado sus relaciones familiares, ha debilitado sus entornos protectores y ha frustrado sus proyectos vitales (HAI 2020; War Child et al. 2013). Esto ha causado que los jóvenes presenten una prevalencia preocupante de algunos síntomas de trastornos psiquiátricos y de comportamientos agresivos (León-Giraldo et al. 2023). Además, como se mostró en el Informe de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad en Colombia (CEV), los NNAJ que en Colombia han sido expuestos a la ausencia o pérdida de sus progenitores y cuidadores principales debido al conflicto, en muchos casos se vieron obligados a asumir el cuidado de sus hermanos más pequeños y a realizar labores domésticas, eventos que afectaron su proceso educativo. Otros presentan, además, un impacto emocional de carácter transgeneracional. De hecho, la mayoría de NNAJ entrevistados por la CEV expresaron tener sentimientos de culpa, tristeza, rabia, indignación e impotencia frente a la pérdida (CEV 2022a).

En la región Pacífica estos daños se han acentuado de forma significativa, entre otros aspectos, por la falta de soporte institucional, toda vez que la región no cuenta con la infraestructura suficiente para atender las afectaciones mencionadas y apenas tiene un número limitado de profesionales en salud mental (CEV 2022b; CNMH 2015; HAI 2020; MSF 2017; Sánchez et al. 2019). Las comunidades de esta región llevan décadas construyendo procesos organizativos para resistir a estos contextos violentos (CEV 2022b); ello les ha permitido, al mismo tiempo, desplegar mecanismos de afrontamiento centrados en la defensa de la vida, la memoria, la autonomía y el territorio, la reivindicación de los saberes tradicionales y el fortalecimiento de los lazos comunitarios. De hecho, las organizaciones sociales y comunitarias han constituido procesos organizativos significativos que han incidido en visibilizar los hechos victimizantes a los que han sido expuestos, denunciar el abandono estatal y, sobre todo, reivindicar la fuerza de los procesos comunitarios en su territorio (CEV 2022b, 2022c; CNMH 2015; Lizarazo 2024; Louidor y Jaramillo 2020; Parrado 2020; Quiceno 2016, 2021), como sucedió en periodos como el comprendido entre 2006 y 2010, en los que la violencia se intensificó en la región.

Las organizaciones de base comunitaria en Buenaventura, Quibdó y Tumaco han contribuido, entre otras cosas, a una reivindicación de la memoria histórica que entrelaza memorias largas y cortas alrededor de la violencia y de las prácticas de resistencia. En esa medida entrelazan memorias afrodiaspóricas, saberes y prácticas tradicionales de las comunidades negras del Pacífico colombiano, memorias de resistencia en torno al conflicto armado interno, la transmisión intergeneracional de las luchas sociales, así como la defensa de la vida y del territorio (Millán 2020; Parrado y Jaramillo 2020; Quiceno 2016, 2021).

La confluencia de memorias revela tanto los impactos polimorfos de la violencia como los complejos mecanismos psicosociales de afrontamiento de las comunidades. Estas formas de afrontamiento no solo responden a hechos actuales, sino también a las dimensiones estructurales y de larga data en las que se inscribe dicha violencia. Por ello, dichos mecanismos se muestran críticos de las narrativas institucionales y hegemónicas sobre la gestión emocional de la guerra. Su complejo entramado alude a las violencias de larga duración más que a coyunturas; reivindica prácticas ancestrales que trascienden la concepción tradicional de “trabajo del duelo”; promueve narrativas artísticas para representar el dolor y la resistencia; y reafirma una dimensión ecológica y territorial sobre el daño psicosocial.

En este artículo se analizan las experiencias desarrolladas por algunas organizaciones de base comunitaria en la región Pacífica colombiana que contribuyen a los procesos de gestión emocional de los impactos del conflicto armado en NNAJ, y que constituyen iniciativas que tensionan las comprensiones sobre el daño, lo psicosocial, las temporalidades de la violencia, las relaciones entre salud mental, vida comunitaria y bienestar, e, incluso, la correlación entre las violencias estructurales y epistémicas y las violencias coyunturales provocadas por la guerra.

El lugar de lo comunitario en el enfoque psicosocial

La comprensión sobre los impactos del conflicto armado colombiano en la salud mental ha derivado en discusiones significativas en torno a lo que se comprende por impactos y por daños. Estas discusiones han mostrado que el análisis sobre los impactos del conflicto debe trascender una mirada exclusivamente biomédica, rastrear dimensiones psicosociales y colectivas del daño, y, al mismo tiempo, reconocer los mecanismos de afrontamiento desplegados por personas y comunidades (Hernández-Holguín 2020). Sin duda, la perspectiva psicosocial sobre el daño en contextos de violencia y guerra ha mostrado la interrelación entre los impactos individuales y colectivos, así como la necesidad de inventariar los mecanismos y estrategias con los que las personas y las comunidades afrontan los hechos violentos (Anckerman et al. 2005; Baron 2002; Betancourt et al. 2015).

La crítica a la mirada biomédica se ha centrado, entre otras cosas, en la opacidad con la que se aborda la dimensión colectiva y comunitaria de los impactos del conflicto y en la sobrestimación que se hace del trastorno de estrés postraumático (TEPT) como referente conceptual para dar cuenta de ellos. Así, se ha insistido en que este tipo de aproximaciones sacrifica la comunidad y limita el desarrollo de intervenciones orientadas a potenciar la reconstrucción de los lazos sociales (Aranguren y Rubio 2018; Estrada et al. 2010; Rebolledo y Rondón 2010), además de que coarta la posibilidad de comprensión de los significados locales y subjetivos que las víctimas le atribuyen a los impactos del conflicto (Kordon et al. 2002; Viñar 2017).

El enfoque psicosocial comprende los fenómenos psicológicos, reconociendo la interdependencia entre lo individual y lo social (Medina et al. 2007), y postula que las afectaciones de la guerra trascienden la dimensión intrapersonal para impactar las relaciones sociales y políticas (Beristain 2009; Estrada et al. 2010). Este enfoque se nutre del construccionismo social y de su crítica a las narrativas deficitarias y a la patologización de la vida cotidiana (Gergen 2007), lo que permite entender a individuos y comunidades como agentes de su propia gestión emocional (Arévalo 2010). A su vez, el construccionismo ha mostrado cómo las ciencias psi se adueñaron de procesos de ajuste interpersonales propios de la comunidad, lo que genera, con sus discursos deficitarios, el autodebilitamiento y la erosión comunitaria (Gergen 2007).

Por su parte, el enfoque psicosocial se nutre del paradigma de la psicología de la liberación. Esta aproximación señala que las reacciones de malestar ante situaciones de violencia no deben entenderse como patológicas, sino, en su mayoría, como respuestas normales ante situaciones anormales, por lo que se hace urgente, de un lado, abandonar las supuestas neutralidades académicas y terapéuticas, así como la pretendida asepsia metodológica, para “posicionarse del lado de las mayorías oprimidas” (Martín-Baró 1998, 2003) y, del otro, cuestionar los referentes teóricos del psicologismo individual para dejar de explicar fenómenos sociales y políticos como si se redujeran a rasgos de carácter o de personalidad, para hacer énfasis en la dimensión colectiva del impacto y en la recuperación (Montero 2004).

El enfoque psicosocial se alimenta también de la psicoterapia desarrollada en América Latina en contextos de violaciones a los derechos humanos. Desde esta perspectiva, se usa el concepto trauma para explicar los impactos de la violencia política. Como el trauma se produce en condiciones de vulnerabilidad e impunidad, se caracteriza no como un evento específico, sino como una situación social traumática que genera un sufrimiento permanente cuya gestión depende del lazo social (Barudy y Páez 2017; Kordon et al. 2002; Madariaga 2002). Esta perspectiva valora la recuperación emocional a partir de la resignificación de las experiencias en un escenario clínico. Para ello, los terapeutas asumen un vínculo comprometido, un posicionamiento empático y no-neutral ante la violencia vivida por el paciente (Lira 2010). Asimismo, se reivindica la exploración de emociones negativas como el odio o la rabia, la cual busca una adaptación crítica que combina la adaptación a la cotidianidad con la recuperación de actividades sociales y políticas censuradas por la violencia (Barudy y Páez 2017).

Aunque estas tres perspectivas confluyen en el enfoque psicosocial, su aplicación en Colombia ha llevado a remarcar, principalmente, la dimensión colectiva del sufrimiento, marginando lo psicoterapéutico y lo subjetivo. Esto generó una crítica sostenida a la clínica, asemejándola exclusivamente con la perspectiva biomédica o con los usos indiscriminados y colonialistas del trastorno de estrés postraumático (Fassin y Rechtman 2009; Summerfield 1999, 2001). Por ello, se critica el propio enfoque psicosocial, pues al exaltar la dimensión comunitaria del daño, se ha subestimado la naturaleza intrapersonal del sufrimiento psicológico (Madariaga 2002) y se ha mantenido una ambigüedad teórica y conceptual sobre lo que se entiende como lo psicosocial (Vásquez y Molina 2018; Villa 2012).

Las críticas a las perspectivas de corte biomédico alentadas por el enfoque psicosocial, si bien han mostrado la relevancia de lo comunitario, han terminado, sin pretenderlo, por desdibujar el papel de la psicoterapia individual y de la dimensión intrapsíquica de los impactos de la guerra y el conflicto armado, y de instalar una suerte de ruptura entre la psicoterapia y el acompañamiento psicosocial. Empero, la larga tradición de la psicoterapia, en contextos de violaciones a los derechos humanos en América Latina (particularmente en el Cono Sur), no solo ha cuestionado críticamente la noción y pertinencia del TEPT en escenarios de violencia política y conflictos armados (Lira 2010; Rebolledo y Rondón 2010) sino que, además, ha reivindicado la noción de trauma (psicosocial, histórico, cultural o subjetivo) como un concepto que trasciende lo individual y que devela el congelamiento de la agencia colectiva, la represión de las reacciones y contestaciones ante la dominación, el impacto de la violencia en toda la sociedad en su conjunto (Madariaga 2002; Ronsbo 2015) y la urgencia de habilitar escenarios para narrar y acoger socialmente el sufrimiento (Viñar y Ulriksen 1993).

La fractura entre una perspectiva de corte más comunitarista y otra de corte más psicoterapéutica pone en evidencia una suerte de dualismo epistémico que escinde la experiencia del sujeto de la del lazo social y que remarca la separación entre el trauma individual y el trauma psicosocial. Ello ha derivado, de un lado, en que se asuma que los procesos comunitarios no pueden desempeñar un papel terapéutico significativo —sino tal vez uno de segundo orden—; y, de otro, en que se suponga que la psicoterapia solo contribuye tangencialmente a la construcción de lazos sociales reparadores y a los procesos organizativos. Sin duda, la perspectiva de Maritza Montero (2004) ha sido determinante en enfatizar la necesidad de repensar esta fractura entre lo comunitario y lo terapéutico, entendiendo, justamente, que la frontera epistemológica que se tiende a trazar entre el consultorio y la comunidad limita la posibilidad de articular lo terapéutico con la movilización social y política y lo comunitario con la sanación emocional. Ello implica posibilitar diálogos entre perspectivas críticas de la psicología social que tienden a erigirse como opuestas o distantes, como la psicología de la liberación y el construccionismo social, cuando podrían expresarse en una praxis comprometida y transformadora tanto en los ámbitos comunitarios y colectivos como en los escenarios terapéuticos individuales (Montero 2004; Parra-Valencia 2020).

La salud mental comunitaria

La separación entre lo psicoterapéutico, entendido como si fuese un proceso meramente individual, y lo psicosocial, entendido como si fuese meramente colectivo, ha sido cuestionada por estrategias de salud mental comunitaria que muestran las amplias posibilidades de articulación entre ambas dimensiones, evidenciando que en la praxis colectiva se encuentran herramientas que aportan a la gestión del trauma psicosocial (Montero 2004; Ronsbo 2015) y que la psicoterapia también contribuye al fortalecimiento del lazo social.

De hecho, las comunidades pueden ocupar roles diversos y significativos en la promoción de la salud mental, entre los que se incluyen: (i) Ser fuente de apoyo. Las organizaciones conforman redes que ofrecen soporte emocional, compañía, consejería y apoyo económico. Además, generan dinámicas de apoyo mutuo en las que se comparten recíprocamente experiencias y aprendizajes para afrontar el malestar (Bang 2014; Gracia 2011; Sluzki 2010). (ii) Ser espacios seguros o transformadores. Las organizaciones generan escenarios sin violencia y con protección para expresarse emocionalmente. Estos espacios también pueden ser transformadores, en la medida en que contribuyen a la constitución de relaciones que ayudan al logro de los objetivos de las organizaciones. (iii) Ser primeros respondientes. Las organizaciones se convierten en la oferta de acompañamiento más cercana a los lugares en los que se produce la demanda de atención en salud mental (Bang 2014; Pérez y Fernández 2008). (iv) Promover lazos comunitarios. Las organizaciones propician la conformación de vínculos y la construcción de sujetos comunitarios activos en la toma de decisiones (Bang 2010).

Adicionalmente, las organizaciones pueden convertirse en escenarios que potencian el trabajo psicoterapéutico, al desarrollar diferentes actividades que aportan a la recuperación del trauma psicosocial. Entre las actividades están: (i) Brindar acompañamiento terapéutico. Las organizaciones —a través de actores comunitarios entrenados— llevan a cabo técnicas terapéuticas, dado que, en contextos de vulnerabilidad, dichos actores pueden tener actitudes menos estigmatizadoras y culturalmente pertinentes que favorecen la recuperación (Connolly et al. 2021; Kuowei et al. 2021). (ii) Generar espacios de escucha. Las organizaciones generan escenarios que permiten a los individuos construir sus propias narrativas frente a los hechos, expresarse, reconocerse mutuamente como sujetos con dignidad, y construir relaciones de empatía (Villa 2014). (iii) Desarrollar prácticas espirituales. Las organizaciones llevan a cabo acciones espirituales diseñadas para acompañar duelos y brindar soporte social. Estas prácticas son útiles para conservar el bienestar psicológico, mejorar el estado de ánimo y dotar de sentido a las pérdidas (Yoffe 2012). (iv) Llevar a cabo acciones artísticas. Las organizaciones desarrollan actividades artísticas que facilitan la expresión de las emociones para habilitar el proceso de recuperación emocional, mejoran la autoestima de las personas, ayudan a recuperar lazos comunitarios y a construir sujetos críticos sobre la realidad social (Bang y Wajnerman 2020; Barudy y Páez 2017; Menéndez y Del Olmo 2010; Schimpf-Herken y Baumann 2015).

En Colombia, el fortalecimiento de las herramientas comunitarias para la gestión emocional y la formación en un enfoque de salud mental basado en derechos humanos han sido significativos para la promoción del bienestar emocional en los contextos de violencia política y de guerra. Estas intervenciones han estado encaminadas a fortalecer la capacidad de las organizaciones comunitarias para promover la salud mental en los territorios. Así, por medio de procesos de formación en habilidades terapéuticas a líderes comunitarios, se ha logrado promover una perspectiva dialógica entre lo psicoterapéutico y lo comunitario1.

Algunas de estas prácticas dialógicas también han sido analizadas críticamente, en tanto que, en algunos casos, los actores comunitarios terminan por ser instrumentalizados, delegando en ellos la responsabilidad estatal de brindar atención en salud mental (Stolkiner y Solitario 2007). En otros, porque derivan en acciones puntuales que responden a proyectos de financiación internacional cuya continuidad depende de coyunturas políticas y económicas, lo que termina por mostrar su poco potencial para transformar las condiciones estructurales que generan el malestar (Fenton et al. 2024; Weber et al. 2024). Incluso, algunas prácticas terminan centrándose en la representación del sufrimiento, sin anclarse de forma clara y fundamentada en su intención terapéutica, y se desarrollan, en muchos casos, sin soporte o contención emocional especializada (Menéndez y Del Olmo 2010). Adicionalmente, muchos de los procesos formativos de esta índole no evalúan la participación de la comunidad en el diseño de estos programas, ni consideran cómo entran en tensión los saberes comunitarios con el conocimiento psicológico, y viceversa (Aranguren y Rubio 2018).

Si bien es evidente el rol significativo de las organizaciones de base comunitaria en el desarrollo de prácticas que contribuyen a la promoción del bienestar emocional en escenarios de violencia y guerra (Biracyaza y Habimana 2020), poco se sabe acerca de cuál es su contribución, cuáles son los desafíos que enfrentan para lograrlo y cómo interactúan con la psicoterapia en los territorios. A continuación, se discutirán las aproximaciones, roles y actividades que desempeñan algunas organizaciones comunitarias de la región Pacífica colombiana para promover el bienestar psicosocial de los NNAJ que habitan en contextos de violencia.

Metodología

Para desarrollar este trabajo2 se planteó una metodología cualitativa en la que se realizaron entrevistas semiestructuradas con líderes de 41 organizaciones sociales y de base comunitaria en Buenaventura (17), Quibdó (14) y Tumaco (10), y tres talleres orientados a compartir sus experiencias. Varios de los líderes entrevistados ocupan no solamente un rol significativo en la implementación de las prácticas de las organizaciones, sino que en muchos casos los procesos organizativos incidieron también en la gestión emocional de los impactos del conflicto armado en sus propias vidas.

Previamente, se realizó un mapeo de las organizaciones sociales y de base comunitaria por medio de fuentes secundarias. Luego, se hizo un contacto inicial con los líderes de aquellas organizaciones que reportaban actividades o prácticas orientadas a o ligadas con la promoción del bienestar emocional de NNAJ. En dicho contacto inicial se explicó el objetivo de la investigación y se les invitó a participar de una entrevista semiestructurada virtual. Posteriormente, se recurrió a la técnica de bola de nieve para identificar más participantes.

En las entrevistas se mapearon los siguientes aspectos de cada organización: (i) descripción de las actividades; (ii) nociones sobre el bienestar psicosocial; (iii) problemáticas emocionales identificadas; (iv) limitaciones y apoyos de las organizaciones y (v) impactos positivos de las prácticas. Al iniciar las sesiones, se socializó un consentimiento informado y se solicitó permiso para grabar. Las entrevistas fueron transcritas y compartidas con los participantes para que pudieran hacer ajustes a sus testimonios.

Se invitó a los entrevistados a participar en tres encuentros (uno en cada municipio). Allí, por medio de la metodología café del mundo (Schiele et al. 2022), se facilitaron reflexiones sobre tres ejes temáticos: (i) la relación entre el bienestar psicosocial y las prácticas artísticas; (ii) la formación en proyectos de vida y habilidades para la vida en la promoción del bienestar psicosocial; y (iii) el rol de los saberes tradicionales, la defensa de los derechos humanos y de los enfoques diferenciales en la promoción del bienestar emocional. Cada encuentro fue sistematizado a través de diarios de campo y de la construcción de una relatoría.

Al finalizar la sistematización y el análisis de la información, se realizaron tres espacios de retroalimentación con las organizaciones participantes (uno en cada municipio) y se acordó la presentación de los resultados en un formato representativo del tipo de trabajo que desarrollan las organizaciones. Así, se realizó de forma colaborativa la cartilla “Sanando comunidad desde las raíces: estrategias comunitarias para la promoción del bienestar psicosocial de niños, niñas, adolescentes y jóvenes viviendo en contextos de conflicto armado en el Pacífico colombiano” (2024), en la que se recogen los principales aportes que realizan estas organizaciones a la salud mental en los tres municipios.

Toda la información fue sistematizada con base en los criterios del análisis temático, usando el software de análisis cualitativo NVivo. Primero, se construyó un libro de códigos a partir de las categorías de las entrevistas y, tras un proceso iterativo de análisis, relectura de la información y de triangulación con pares, los códigos se agruparon en cuatro temas centrales: (i) los enfoques de las prácticas analizadas; (ii) las contribuciones que las organizaciones hacen al bienestar psicosocial a través de sus roles y actividades; (iii) la relación entre las organizaciones y la oferta institucional en salud mental; y (iv) la relación entre las prácticas analizadas y la garantía de derechos. Por último, la información se reorganizó en tres nuevos temas centrales: (i) características y abordajes principales de las organizaciones; (ii) contribuciones de las organizaciones al fortalecimiento del tejido comunitario; y (iii) la centralidad de la expresión emocional en las actividades descritas.

Resultados

A partir de un mapeo de las actividades desarrolladas por las organizaciones entrevistadas, se puede establecer que estas desarrollan diferentes acciones que se pueden clasificar así:

Tabla 1. Tipo de actividades desarrolladas por las organizaciones

Tipo de actividad

Descripción

Artísticas o deportivas

Acciones artísticas o deportivas que buscan la expresión emocional o que los jóvenes ocupen el tiempo libre.

Relacionadas con la promoción de saberes ancestrales

Acciones que implican el uso de saberes tradicionales, como la utilización de plantas medicinales o de rituales religiosos/ancestrales afrocolombianos.

Actividades psicoterapéuticas

Acciones psicosociales o psicoterapéuticas articuladas con prácticas de la vida cotidiana como el juego, el trabajo, la música o la organización comunitaria.

Actividades psicoeducativas

Acciones orientadas a formar a NNAJ en habilidades para la vida cotidiana, o que se desarrollan como estrategias para prevenir algunas problemáticas psicosociales.

Escucha, mentoría o consejería

Acciones generalmente poco estructuradas en las que existen algunos acompañantes que habilitan espacios de escucha y que ofrecen mentoría espiritual o consejería.

Actividades de construcción de memoria o de movilización/ participación política o en procesos de justicia transicional

Acciones relacionadas con la construcción de memoria o la exigibilidad de derechos, por medio de la movilización social o del involucramiento en escenarios de participación en la vida cotidiana.

Fuente: elaboración propia con base en la información recolectada y analizada.

Arte, ancestralidad y vida cotidiana

Las organizaciones entrevistadas desarrollan acciones que contribuyen de múltiples formas al bienestar psicosocial de los NNAJ en la región Pacífica. La orientación de las acciones que realizan se puede agrupar en tres estrategias centrales: (i) la expresión emocional a través de prácticas artísticas; (ii) la promoción de los saberes espirituales/ancestrales; y (iii) la habitabilidad de la vida cotidiana.

Por un lado, el análisis mostró que las actividades artísticas son transversales a la mayoría de los procesos de las organizaciones, pues, para las personas entrevistadas, el arte constituye una de las herramientas más importantes para alcanzar la mayoría de sus objetivos. Lo anterior es consistente con la necesidad de “apalabrar” los síntomas o de representar los impactos del conflicto. De acuerdo con los participantes, lo anterior obedece a que el arte opera como un detonador de encuentros comunitarios y como una excusa para adelantar el acompañamiento psicosocial. También, los testimonios muestran que el arte es un recurso para atraer la participación de NNAJ, evadir las barreras asociadas al estigma que existe sobre la salud mental y para procurar la permanencia de las personas en las actividades. Además, las entrevistas muestran que este tipo de prácticas tienen varios impactos positivos: primero, el arte cumple la función de facilitar que NNAJ encuentren escenarios para expresar emocionalmente las experiencias de violencia por medio de un lenguaje metafórico, tal y como lo describen Menéndez y Del Olmo (2010), Schimpf- Herken y Baumann (2015), Weber et al. (2025) y Aranguren et al. (2025):

Nosotros, durante nuestras danzas, sanamos. Tratamos de sanar el conflicto, nuestras aflicciones. Entonces, en el momento de danzar, ahí expresamos nuestros sentimientos, cerramos y comenzamos ciclos mediante esa expresión artística. (OBC2, Buenaventura)

Cuando preguntamos “¿Cómo se sintieron durante ese momento? Vamos a plasmar eso” y empezaron a escribir esos sucesos que les han dolido, pero que no tuvieron la oportunidad de hablarlo. Hacerlo en forma de escritura, y en cuento, fue muy fructífero. Cuando pudieron identificar todo eso, dijimos: “Si ustedes quieren, ¿cómo les gustaría que ese cuento terminara?”. Entonces ellos empiezan a poner a volar la imaginación sobre esa narrativa. Algunos dijeron: “Quiero que termine de una forma distinta a como realmente pasó”. (OBC3, Buenaventura)

Adicionalmente, las organizaciones señalan que el arte es útil para visibilizar entre los jóvenes situaciones sociales problemáticas o para promover cambios políticos, lo cual también es consistente con lo descrito por Bang y Wajnerman (2020). Sin embargo, los testimonios de los participantes muestran que este tipo de actividades no siempre cuentan con un acompañamiento que permita la elaboración de las experiencias violentas. Por esto, los aportes de las actividades artísticas suelen limitarse a la representación del trauma o a la expresión del malestar —en público o en privado— y no siempre producen una recuperación emocional duradera:

Decidimos hacer este festival para demostrar que las niñas, niños, adolescentes y jóvenes de la ciudad de Quibdó son embajadores de paz y reconciliación. Porque a través de la danza rompen fronteras invisibles, proveen entornos protectores, fortalecen relaciones y dignifican sus proyectos de vida. (OBC13, Quibdó)

Las prácticas basadas en u orientadas a la recuperación de saberes ancestrales son otro tipo de estrategia frecuente en las actividades desarrolladas por las organizaciones. Entre estas se destacan el uso de plantas tradicionales, el acompañamiento a partir de saberes propios de la tradición afrodescendiente —como cantos, alabaos y arrullos— y la realización de ritos funerarios para acompañar los procesos de elaboración de duelos y pérdidas, o el rescate del “comadreo” como práctica ligada con la representación y la socialización de los conflictos (Red de Mariposas de Alas Nuevas s.f.):

Tenemos una estrategia psicoespiritual, que tiene que ver con la recuperación ancestral de formas de sanación que utilizaron nuestras abuelas, nuestras tías, mujeres que ya murieron también del pueblo negro, y de algunas indígenas que están vivas, que trabajan alrededor de las plantas medicinales. (OBC3, Buenaventura)

Según las personas entrevistadas, el aporte de estas actividades está asociado al alivio de un determinado malestar. No obstante, las entrevistas también muestran que los impactos positivos de estas herramientas no se limitan solo a la mejoría momentánea del estado de ánimo, sino que implican un intento de las organizaciones por restaurar entre NNAJ costumbres deterioradas o fracturadas por la violencia. En ese sentido, las prácticas espirituales contribuyen a recuperar las relaciones entre la comunidad y el territorio, remarcando los daños y los mecanismos de afrontamiento a nivel cultural. Asimismo, estas actividades —especialmente las orientadas a acompañar duelos a través de la espiritualidad— tienen impactos positivos similares a los descritos por Yoffe (2012), en tanto que constituyen un recurso de afrontamiento ante las pérdidas, dotan de sentido el sufrimiento vivido y ayudan a sostener el apoyo social para NNAJ y sus familias:

Entonces también hemos visto resultados porque ellos están aprendiendo a creer en lo que tienen en su entorno, lo que tienen en su medio, en esa ancestralidad. En esa planta que el abuelo da, que la abuela da para curar la lombriz; en eso que el abuelo y la abuela dan para quitar el parásito. Entonces, de alguna manera, también eso ayuda a la salud mental porque genera un equilibrio emocional en la familia, en la comunidad. Porque ellos saben que tienen en su comunidad, abuelo, abuela, sabedores, sabedoras, curanderas, parteras; y que, si no está la medicina científica, pues ellos tienen otra forma […] eso genera un poco también de paz y tranquilidad. (OBC1, Quibdó)

Un elemento destacado de la promoción de actividades orientadas al rescate de saberes tradicionales es el intento de articularlos con los conocimientos propios de la psicología académica. Si bien se evidencia una tensión epistemológica entre el rol de las plantas tradicionales, los rituales funerarios afrocolombianos y las herramientas terapéuticas desarrolladas por las ciencias psi, entre las organizaciones entrevistadas prima un intento de articulación entre unas y otras que se ha visto facilitado, entre otras cosas, por la formación como profesionales en psicología de los líderes de algunas de estas organizaciones.

Otro de los aspectos llamativos en el desarrollo de las prácticas espirituales es la relación que tienen con la exigibilidad de derechos. Los testimonios revelan que hay un diálogo íntimo entre estas actividades y las acciones de búsqueda de personas desaparecidas, así como con la preparación emocional para participar en escenarios judiciales o transicionales. Los participantes señalan que el desarrollo de estas prácticas se relaciona con formas para fortalecer la identidad afrodescendiente y con dinámicas de resistencia ante el racismo estructural. Por esto, el desarrollo de este tipo de actividades también puede entenderse como un escenario de promoción de la agencia y la resistencia ante la violencia sociopolítica y como un modo de gestión emocional de sus impactos (Ronsbo 2015):

La música llega como el punto de nosotros reunirnos. Y todo eso se va a otro lugar y ya empezamos como en una conexión diferente, porque ya somos… ahí sí somos conocidos, ahí somos hermanos, ahí sí estamos compartiendo. O sea, es un punto donde todos nos encontramos y por un momento olvidamos esto, como esta realidad que estamos viviendo. (OBC8, Quibdó)

Finalmente, las entrevistas muestran que una de las principales estrategias de las organizaciones es la de procurar espacios y escenarios para que NNAJ habiten la vida cotidiana de manera no violenta. Así, toda vez que las organizaciones comprenden el malestar psicosocial como un fenómeno que trasciende la esfera individual y se atribuye a causas del contexto sociopolítico y no solamente a factores intrapersonales, estas orientan parte de sus acciones a construir narrativas centradas en este malestar psicosocial:

Consideramos que esas iniciativas contribuyen al bienestar emocional cuando vemos que los jóvenes hacen frente, hacen defensa y ayudan a que los que están a su alrededor también estén en las mismas condiciones de ayuda mutua, de comunicación asertiva, de escucharse los unos a los otros. (OBC2, Quibdó)

Estamos diseñando actividades para fortalecer […] la autoestima en cuanto a los procesos que se van desarrollando en cada una de sus comunidades. Porque darles responsabilidades o involucrarlos hacia estos procesos, también ayuda a que, en ellos, su tiempo libre o su visión frente a su realidad social, de una u otra manera, pueda cambiar o se pueda direccionar hacia un futuro deseable, ¿no? Y [que] no sea hacia lo que normalmente miramos día a día, que es involucrarse en los grupos armados. (OBC10, Tumaco).

De allí que las iniciativas hablen de la “ausencia de entornos protectores”, de la “ruptura de las relaciones de confianza” o de la “alteración de proyectos de vida en común”, entre otros temas. El uso de estas denominaciones legitima de algún modo las capacidades que tienen las comunidades para contribuir a la salud mental, debido a que los problemas psicosociales se abordan como asuntos cotidianos y a partir de herramientas orgánicas:

Es desde ahí de donde se siente que importas, cuando te acompañan, cuando solamente te escuchan, cuando tú vas a decir “me pasó” y escuchas que al compañero y la compañera también le pasó. (OBC6, Quibdó)

De igual manera, las entrevistas muestran que las organizaciones recurren a la lectura y al análisis permanente del contexto violento y de sus afectaciones junto con los NNAJ. Dicha lectura se orienta a la comprensión de las causas sociopolíticas y económicas de los fenómenos de violencia, por lo que contribuyen, en cierto modo, a la desprivatización del sufrimiento (Rebolledo y Rondón 2010).

En esta lógica, si el contexto produce la alteración de proyectos vitales o riesgos de reclutamiento, las organizaciones desarrollan actividades formativas, de orientación vocacional para (re)construir proyectos de vida u orientadas a la desmilitarización de la vida cotidiana. A su vez, si las organizaciones perciben que el conflicto causa la desestructuración de dinámicas familiares y de los lazos sociales, generan espacios de consejería, de apoyo mutuo o promueven encuentros comunitarios orientados a suplir, en parte, dichas carencias. Por su parte, si las organizaciones observan que las afectaciones se materializan en sentimientos de culpa, tristeza o temor, llevan a cabo acciones dirigidas a la expresión emocional e, incluso, gestionan un acompañamiento terapéutico especializado. Lo anterior, entonces, evidencia la interdependencia que las organizaciones reconocen entre el sufrimiento social y el intrapsíquico, lo cual desemboca en prácticas que, como describe Beristain (2009), suelen ser más pertinentes para atender las necesidades emocionales de quienes han sido afectados por el conflicto:

Es muy difícil trabajar la salud mental, por eso nadie le apuesta a la salud mental. De hecho, a nosotros nos dicen siempre: “¿Ustedes, por qué no hacen otra cosa?”. No, porque nosotros, la fundación fue creada con ese propósito. […] Por ejemplo, trabajamos todo lo que es liderazgo con los jóvenes; pero ese liderazgo enmarcado en la salud mental y en ese aprovechamiento del tiempo libre y de todo lo que ellos puedan realizar en pro de un mejor futuro; y todo enmarcado en la salud mental. (OBC4, Quibdó)

Las entrevistas muestran también que las organizaciones tienden a buscar la recuperación psicosocial a partir de la conformación de asociaciones o colectivos y al potenciar los recursos comunitarios. Sin embargo, las entrevistas dan cuenta de los límites que las organizaciones reconocen en los enfoques comunitarios, particularmente cuando se confrontan con problemáticas de salud mental relacionadas con los trastornos del sueño, depresión, ansiedad, consumo de sustancias psicoactivas o intentos de suicidio. En estos casos, sin embargo, la débil oferta de servicios institucionales de salud mental en la región muestra que, aunque las organizaciones perciben como necesaria la atención terapéutica o psiquiátrica, esta no siempre está disponible. Así, las organizaciones responden a un escenario cotidiano de violencia estructural, caracterizado por dinámicas sociopolíticas y económicas, con impactos socioculturales y emocionales, y se ajustan críticamente a las condiciones de baja oferta institucional.

Los tres tipos de estrategias aquí agrupadas (orientadas a lo artístico; al rescate de saberes ancestrales/tradicionales; o a la habitabilidad de la vida cotidiana) confluyen en dos resultados centrales: de un lado, promueven el fortalecimiento de lazos comunitarios y, del otro, crean escenarios de expresión emocional. Desde allí, al mismo tiempo se tensionan o se articulan de formas diversas con los saberes académicos propios de las ciencias psi.

La familia extensa y el fortalecimiento del lazo comunitario

Las entrevistas muestran que las organizaciones contribuyen al bienestar psicosocial a partir de un espectro de roles y actividades que está orientado al fortalecimiento del tejido comunitario. Así, independientemente de los abordajes de las organizaciones o del grado de profesionalización de su ejercicio, estas se constituyen como una fuente de soporte emocional en la que hay una vinculación afectiva y solidaria entre acompañantes y acompañados. Según las entrevistas realizadas, los roles que ocupan las comunidades van desde ser los primeros que responden ante el malestar emocional y que desarrollan actividades de apoyo mutuo, hasta organizar actividades en pro de la reconstrucción del tejido social, pasando por articular las comunidades con la oferta formal o, incluso, por brindar acompañamiento especializado:

Pues, acá entre nosotros, nos toca que hacer de todo, psicólogos, papá, mamá, primo, mejor amigo… De todo. Para poder [hacer] que esos jóvenes se sientan en confianza; se sientan en confianza y se sientan en un ambiente agradable. Porque eso es lo que nosotros generamos en nuestra organización. Y podemos mantenernos allí y poder levantar a ese joven de la drogadicción, de los grupos armados. Y poder que ellos se sientan confiables, con el abrazo, con el beso. Con esa alegría y ese amor. (OBC1, Tumaco)

Estos roles no son excluyentes entre sí. Por ejemplo, algunas organizaciones pueden constituirse como espacios seguros, al tiempo que aportan a la reconstrucción de proyectos de vida. De manera similar, algunas organizaciones pueden ser primeros respondientes, mientras gestionan apoyo de oferta formal y remiten casos a profesionales especializados (Weber et al. 2024). Así, varias de estas acciones se constituyen en reacciones activas y críticas ante las condiciones de opresión y buscan así la transformación social (Madariaga 2002; Martín-Baró 2003; Montero 2004; Ronsbo 2015).

Por su parte, varios de estos roles responden a la emergencia de una cotidianidad violenta. Por ejemplo, las acciones concentradas en la (re)construcción de proyectos de vida o los espacios seguros centrados en la protección facilitan la generación de escenarios cotidianos en los que NNAJ pueden recuperar actividades diarias, a pesar de la presencia del conflicto armado. Asimismo, la exigibilidad de derechos o la generación de espacios seguros que faciliten la denuncia de problemáticas sociales también puede interpretarse como formas que las organizaciones comunitarias crean para recuperar las actividades políticas y sociales que son reprimidas por la violencia misma.

El elemento más relevante de los roles descritos es que, todos ellos, independientemente de las actividades que las organizaciones realizan, están orientados por una lógica de solidaridad, empatía y familiaridad, que los participantes describen como “ser una familia extensa”. Lo anterior se representa como una forma de relacionarse en la que se establecen vínculos afectivos familiares entre acompañantes y acompañados, así no medien entre ellos lazos consanguíneos. Lo anterior significa que los líderes de las organizaciones —y los miembros de las comunidades en general— actúan como si fuesen familiares de los NNAJ que acompañan, ofreciendo el soporte emocional que se espera de una familia. Esto puede verse, por ejemplo, en las actividades de apoyo mutuo y de reconstrucción de lazos comunitarios, que son descritas por los entrevistados como escenarios familiares, vinculares, filiales, de hermandad, de maternidad o de comadrazgo. Del mismo modo, en la articulación que las organizaciones hacen con la oferta formal, el acompañamiento trasciende la mera remisión y, por el contrario, la gestión previa y el seguimiento posterior a los casos que se remiten evidencian una relación de cercanía y solidaridad, como la que se espera de redes de apoyo familiares. De manera similar, incluso en escenarios relativamente formales —o en aquellos que están mediados por herramientas de la psicología clínica— es llamativo que, de acuerdo con los participantes, la recuperación emocional se produce no solo por las herramientas terapéuticas con las que cuentan, sino porque el acompañamiento que estas organizaciones realizan también está atravesado por relaciones afectivas, de familiaridad y de empatía.

El concepto vínculo comprometido (Lira 2010) es útil para describir la noción de familia extensa, pues en las prácticas comunitarias es evidente cómo posicionarse del lado de las víctimas y empatizar con su malestar es necesario para la construcción de relaciones y espacios que faciliten la recuperación. La vinculación afectiva que se describe en las acciones de las comunidades obedece, de acuerdo con los entrevistados, a que quienes ocupan el rol de acompañantes también habitan un contexto mediado por condiciones de vulnerabilidad y de pobreza. En ese sentido, la noción de familia extensa en estas prácticas se puede entender como una acentuación del vínculo comprometido que remarca el potencial que tiene el acompañamiento desarrollado por actores locales en la promoción del bienestar psicológico, tal y como lo describen Connolly et al. (2021) y Kuowei et al. (2021).

La relevancia de la expresión emocional

En las entrevistas se muestra que facilitar la expresión emocional es uno de los objetivos más importantes para las organizaciones de base comunitaria, pues en todos los tipos de actividades la recuperación psicosocial se basa en que NNAJ tengan la posibilidad de manifestar sus sentimientos y opiniones. Esta expresión emocional se mueve, también, en un espectro que va de los espacios para el desahogo hasta las acciones de denuncia.

Por un lado, las organizaciones describen que las actividades habilitan espacios para que las personas puedan expresarse y desahogar lo que sienten. Lo anterior es un aporte de las organizaciones a la promoción de la salud mental, en tanto que constituye el punto de inflexión del proceso terapéutico. Si bien la expresión emocional es insuficiente para la recuperación, es necesario reconocer que, en contextos en los que la oferta formal en salud mental es poca y en los que prima un temor generalizado, generar espacios para expresarse es un primer paso fundamental para reconstruir las relaciones de confianza y para aprender mecanismos de afrontamiento de otras personas que han sufrido experiencias similares.

En algunas de las prácticas de las organizaciones entrevistadas, la expresión emocional es, al mismo tiempo, un momento de desahogo y una denuncia. Al respecto, en algunos de los testimonios se muestra cómo, a través de escenarios de expresión emocional, se producen transformaciones personales en las que las víctimas deciden visibilizar y denunciar los hechos vividos. En estos espacios, no solo se habilita la recuperación individual, sino que se contribuye a la desprivatización del sufrimiento, pues se promueven cambios para que la comunidad salga del estado de congelamiento y postración que la violencia produce (Madariaga 2002; Ronsbo 2015) y, así, visibilizar los impactos de la violencia, y generar reacciones y contestaciones que desemboquen en transformaciones políticas más profundas.

Conclusiones: las organizaciones comunitarias y su contribución a la salud mental

Uno de los hallazgos más relevantes de este trabajo es mostrar las múltiples contribuciones de las organizaciones de base comunitaria a la promoción del bienestar emocional y la salud mental de los NNAJ en la región Pacífica colombiana. Dar cuenta de estos aportes es clave para la construcción de narrativas que representen a los actores, no solo como sujetos sufrientes, sino como individuos y comunidades con agencia sobre su bienestar, cuyas herramientas pueden fortalecerse y complementarse con la oferta institucional. Los resultados de este trabajo muestran que, en la práctica, las organizaciones son espacios en los que se hibridan aproximaciones, posturas y acciones, que se complementan entre sí para promover la salud mental. Primero, las organizaciones combinan intervenciones intrapersonales y colectivas. Segundo, en las acciones comunitarias se conecta la dimensión psicológica y la dimensión política del bienestar, pues las prácticas que buscan aportar al bienestar psicológico están íntimamente relacionadas con el fortalecimiento de la agencia política, y viceversa. Tercero, las prácticas comunitarias materializan una hibridación entre saberes locales y conocimientos expertos. Así, en las actividades desarrolladas por las comunidades, el límite entre saberes especializados y ancestrales se difumina. Cuarto, las prácticas comunitarias materializan una combinación entre acciones de acompañamiento especializado y un compromiso afectivo entre acompañantes y acompañados, pues se incorpora un vínculo, caracterizado por una noción de familiaridad, en las relaciones terapéuticas que se establecen.

De estos espacios de hibridación, es importante señalar cómo, a través de estas conexiones, las organizaciones hacen frente a los impactos de la violencia social y política de la región Pacífica colombiana, fortalecen el tejido comunitario y construyen escenarios de enunciación que desprivatizan el sufrimiento y reivindican prácticas culturales ancestrales. Las prácticas aquí analizadas constituyen una fuente de conocimiento sobre las formas en las que las prácticas comunitarias en un contexto de conflicto, violencia, desterritorialización y marginalización pueden contribuir a la promoción del bienestar emocional y de la salud mental en NNAJ.

Referencias

  1. Anckermann, Sonia, Manuel Dominguez, Norma Soto, Finn Kjaerulf, Peter Berliner y Elizabeth Naima Mikkelsen. 2005. “Psycho-Social Support to Large Numbers of Traumatized People in Post-Conflict Societies: An Approach to Community Development in Guatemala”. Journal of Community & Applied Social Psychology 15 (2): 136-152. https://doi.org/10.1002/casp.811
  2. Aranguren-Romero, Juan Pablo y Natalia Rubio Castro. 2018. “Formación en herramientas terapéuticas a sobrevivientes del conflicto armado en el Pacífico colombiano: reflexividad y cuidado de sí”. Revista de Estudios Sociales (66): 18-29. https://doi.org/10.7440/res66.2018.03
  3. Aranguren-Romero, Juan Pablo, Sergio Daniel Arrieta-Vera, Francy Carranza-Franco, Sanne Weber, Juan Roberto Rengifo-Gutiérrez, Karina Martínez-Rozo, et al. 2025. “Understanding Community-Based Practice to Promote the Psychosocial Wellbeing of Young People in Violent Contexts in Buenaventura, Colombia”. International Journal of Mental Health: 1-15. https://doi.org/10.1080/00207411.2025.2526217
  4. Arévalo, Liz. 2010. “Atención y reparación psicosocial en contextos de violencia: una mirada reflexiva”. Revista de Estudios Sociales (36): 29-39. https://doi.org/10.7440/res36.2010.03
  5. Bang, Claudia. 2010. “La estrategia de promoción de salud mental comunitaria: una aproximación conceptual desde el paradigma de la complejidad”. Ponencia presentada en el II Congreso Internacional de Investigación y Práctica Profesional en Psicología XVII Jornadas de Investigación Sexto Encuentro de Investigadores en Psicología del Mercosur. Universidad de Buenos Aires, 22, 23 y 24 de noviembre, Buenos Aires.
  6. Bang, Claudia. 2014. “Estrategias comunitarias en promoción de salud mental: construyendo una trama conceptual para el abordaje de problemáticas psicosociales complejas”. Psicoperspectivas: Individuo y Sociedad 13 (2): 109-120. https://dx.doi.org/10.5027/psicoperspectivas-Vol13-Issue2-fulltext-399
  7. Bang, Claudia y Carolina Wajnerman. 2020. “Arte y transformación social: la creación artística colectiva, entre lo colectivo y lo comunitario”. Argus-a: Artes y Humanidades 9 (35): 1-27.
  8. Baron, Nancy. 2002. “Community Based Psychosocial and Mental Health Services for Southern Sudanese Refugees in Long Term Exile in Uganda”. En Trauma, War and Violence. Public Mental Health in Socio-cultural Context, editado por Joop de Jong, 157-203. Boston: Kluwer Academic Publishers.
  9. Barudy, Jorge y Darío Páez. 2017. “Salud mental y exilio político: la búsqueda de una terapia liberadora”. En Lecturas de Psicología y Política, editado por Elizabeth Lira, 255-263. Santiago de Chile: Ediciones Universidad Alberto Hurtado.
  10. Beristain, Carlos. 2009. Diálogos sobre la reparación: qué reparar en los casos de violaciones de derechos humanos. Quito: Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de Ecuador.
  11. Betancourt, Theresa, Rochelle Frounfelker, Tej Mishra, Aweis Hussein y Rita Falzarano. 2015. “Addressing Health Disparities in the Mental Health of Refugee Children and Adolescents Through Community-Based Participatory Research: A Study in 2 Communities”. American Journal of Public Health 105 (S3): S475-S482. https://doi.org/10.2105/ajph.2014.302504
  12. Biracyaza, Emmanuel y Samuel Habimana. 2020. “Contribution of Community-Based Sociotherapy Interventions for the Psychological Well-Being of Rwandan Youths Born to Genocide Perpetrators and Survivors: Analysis of the Stories Telling of a Sociotherapy Approach”. BMC Psychology 8 (102): 1-15. https://doi.org/10.1186/s40359-020-00471-9
  13. CEV (Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición). 2022a. No es un mal menor. Niñas, niños y adolescentes en el conflicto armado. Bogotá: CEV.
  14. CEV (Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición). 2022b. Resistir no es aguantar: violencias y daños contra los pueblos étnicos de Colombia. Bogotá: CEV.
  15. CEV (Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición). 2022c. “Resistencias juveniles en Buenaventura: arte y paz para la no repetición”. CEV, 6 de noviembre. Diálogo virtual, 2:21:37. https://www.youtube.com/watch?v=2wTgWsv5gNY
  16. CNMH (Centro Nacional de Memoria Histórica). 2015. Buenaventura: un puerto sin comunidad. Bogotá: CNMH [edición digital]. https://centrodememoriahistorica.gov.co/descargas/informes2015/buenaventuraPuebloSin Comunidad/buenaventura-un-puerto-sin-comunidad.pdf
  17. Connolly, Suzanne, Michelle Vanchu-Orosco, Jan Warner, Pegah Seidi, Jenny Edwards, Elisabeth Boath, et al. 2021. “Mental Health Interventions by Lay Counsellors: A Systematic Review and Meta-analysis”. Bulletin of the World Health Organization 99 (8): 572-582. https://doi.org/10.2471/BLT.20.269050
  18. Corporación Avre. 1992. Programa de Formación de Terapeutas Populares (TEP) y de Multiplicadores en Acciones Psicosociales, Salud Mental y Derechos Humanos (MAP). Bogotá: Corporación Avre.
  19. DANE (Departamento Administrativo Nacional de Estadística). 2018a. Censo Nacional de Población y Vivienda. https://www.dane.gov.co/index.php/estadisticas-por-tema/demografia-y-poblacion/censo-nacional-de-poblacion- y-vivenda-2018
  20. DANE (Departamento Administrativo Nacional de Estadística). 2018b. Medida de pobreza multidimensional municipal de fuente censal – Indicadores. https://www.dane.gov.co/index.php/estadisticas-por-tema/pobreza- y-condiciones-de-vida/pobreza-y-desigualdad/medida-de-pobreza-multidimensional-de-fuente-censal
  21. Estrada, Ángela María, Karen Ripoll y Diana Rodríguez. 2010. “Intervención psicosocial con fines de reparación víctimas y sus familias afectadas por el conflicto armado interno en Colombia: equipos psicosociales en contextos jurídicos”. Revista de Estudios Sociales 1 (36): 103-112. https://doi.org/10.7440/res36.2010.10
  22. Fassin, Didier y Richard Rechtman. 2009. The Empire of Trauma: An Inquiry into the Condition of Victimhood. Princeton: Princeton University Press.
  23. Fenton, Sarah-Jane, Juan Roberto Rengifo Gutiérrez, Mónica Pinilla-Roncancio, German Casas, Francy Carranza, Sanne Weber, et al. 2024. “Macro Level System Mapping of the Provision of Mental Health Services to Young People Living in a Conflict Context in Colombia”. BMC Health Services Research 24 (138). https://doi.org/10.1186/s12913-024-10602-2
  24. Gergen, Kenneth. 2007. “Las consecuencias culturales del discurso del déficit”. En Kenneth Gergen: construccionismo social, aportes para el debate y la práctica, compilado por Ángela María Estrada y Sergio Díazgranados, 281-310. Bogotá: Ediciones Uniandes.
  25. Gracia, Enrique. 2011. “Apoyo social e intervención social y comunitaria”. En Psicología de la intervención comunitaria, coordinado por Itziar Fernández, Francisco Morales y Fernando Molero, 127-172. Bilbao: Desclée de Brouwer; UNED.
  26. HAI (Heartland Alliance International). 2015. “HAI Quarterly Progress Report. ACOPLE - Community-Based Treatment Services for Afro-Colombian Victims of Torture”. Chicago: HAI.
  27. HAI (Heartland Alliance International). 2020. El corazón de una experiencia comunitaria. Chicago: HAI.
  28. Hernández-Holguín, Dora María. 2020. “Conceptual Perspectives in Mental Health and their Implications in the Context of Achieving Peace in Colombia”. Ciência & Saúde Colectiva 25 (3): 929-942. https://doi.org/10.1590/1413-81232020253.01322018
  29. Kordon, Diana, Lucila Edelman, Darío Lagos y Daniel Kersner. 2002. “Trauma social y psiquismo: consecuencias clínicas de la violación de derechos humanos”. En Paisajes del dolor, senderos de esperanza: salud mental y derechos humanos en el Cono Sur, editado por Daniel Kersner y Carlos Madariaga, 85-100. Buenos Aires: Equipo Argentino de Trabajo e Investigación Psicosocial; Grupo Tortura Nunca Más Río de Janeiro; Centro de Salud Mental y Derechos Humanos; Servicio de Rehabilitación Social.
  30. Kuowei Alvin, Hau Khat Mung, Mohammad Abdul Awal Miah, Susheela Balasundaram, Peter Ventevogel, Mohammad Badrudduza, et al. 2021. “Implementing Integrative Adapt Therapy with Rohingya Refugees in Malaysia: A Training-Implementation Model Involving Lay Counsellors”. Intervention 17 (2): 267-277. https://doi.org/10.4103/INTV.INTV_45_19
  31. León-Giraldo, Sebastián, Germán Casas, Juan Sebastián Cuervo-Sánchez, Tatiana García, Catalina González-Uribe, Rodrigo Moreno-Serra, et al. 2023. “Trastornos de salud mental en población desplazada por el conflicto en Colombia: análisis comparado frente a la Encuesta Nacional de Salud Mental 2015”. Revista Colombiana de Psiquiatría 52 (2): 121-129. https://doi.org/10.1016/j.rcpeng.2021.04.007
  32. Lira, Elizabeth. 2010. “Trauma, duelo, reparación y memoria”. Revista de Estudios Sociales (36): 14-28. https://doi.org/10.7440/res36.2010.02
  33. Lizarazo, Tania. 2024. Postconflict Utopias: Everyday Survival in Chocó, Colombia. Champaign, IL: University of Illinois Press.
  34. Louidor, Wooldy y Jefferson Jaramillo. 2020. “Reflexiones sobre un contexto paradojal desde una experiencia investigativa”. En Defender la vida e imaginar el futuro: debates y experiencias desde la investigación social en Buenaventura (Colombia), editado por Wooldy Louidor y Jefferson Jaramillo, 15-38. Bogotá: Pontificia Universidad Javeriana. https://doi.org/10.11144/Javeriana.9789587815320
  35. Lozano Carlos y Foro Interétnico Solidaridad Chocó. 2009. “Violaciones y daños colectivos en territorios étnicos en el Chocó: claves de la desterritorialización y propuestas para su reparación”. En Reparar en Colombia: los dilemas en contextos de conflicto, pobreza y exclusión, editado por Catalina Díaz Gómez, Nelson Camilo Sánchez, Rodrigo Uprimny Yepes, 523-578. Bogotá: ICTJ; DeJusticia.
  36. Madariaga, Carlos. 2002. “Modernidad y retraumatización: lo público y lo privado en el sujeto social chileno”. En Paisajes del dolor, senderos de esperanza: salud mental y derechos humanos en el Cono Sur, editado por Daniel Kersner y Carlos Madariaga, 71-84. Buenos Aires: Equipo Argentino de Trabajo e Investigación Psicosocial; Grupo Tortura Nunca Más Río de Janeiro; Centro de Salud Mental y Derechos Humanos; Servicio de Rehabilitación Social.
  37. Martín-Baró, Ignacio. 1998. Psicología de la liberación. Madrid: Trotta.
  38. Martín-Baró, Ignacio. 2003. Poder, ideología y violencia. Madrid: Trotta.
  39. MSF (Médicos Sin Fronteras). 2017. A la sombra del proceso. Impacto de las otras violencias en la salud de la población colombiana. MSF Colombia [edición digital]. https://www.msf.es/sites/default/files/attachments/msf_report-colombia-aug2017.pdf
  40. Medina, María Victoria, Layne Benilda, Galeano María del Pilar y Lozada Carolina. 2007. “Lo psicosocial desde una perspectiva holística”. Revista Tendencias y Retos 12: 177-189.  
  41. Menéndez, Carmen y Francisco Del Olmo. 2010. “Arteterapia o intervención terapéutica desde el arte en rehabilitación psicosocial”. Informaciones Psiquiátricas 201 (3): 367-380.
  42. Millán, Constanza. 2020. “El estar siendo en las topografías necropolíticas del puerto sin comunidad”. En Defender la vida e imaginar el futuro: debates y experiencias desde la investigación social en Buenaventura (Colombia), editado por Wooldy Louidor y Jefferson Jaramillo, 73-92. Bogotá: Pontificia Universidad Javeriana. https://doi.org/10.11144/Javeriana.9789587815320
  43. Montero, Maritza. 2004. Introducción a la psicología comunitaria. Desarrollo, conceptos y procesos. Madrid: Paidós.
  44. MSPS (Ministerio de Salud y Protección Social) y Colciencias. 2015. Encuesta Nacional de Salud Mental. Tomo I. Bogotá: MSPS y Colciencias [edición digital]. https://www.minjusticia.gov.co/programas-co/ODC/Publicaciones/Publicaciones/CO031102015-salud_mental_tomoI.pdf
  45. Parrado, Erika. 2020. “Buenaventura: un escenario de geografías violentadas (1990-2017)”. En Defender la vida e imaginar el futuro: debates y experiencias desde la investigación social en Buenaventura (Colombia), editado por Wooldy Louidor y Jefferson Jaramillo, 41-72. Bogotá: Pontificia Universidad Javeriana. https://doi.org/10.11144/Javeriana.9789587815320
  46. Parrado Erika y Jefferson Jaramillo. 2020. “Prácticas de memoria en defensa de la vida y el territorio en Buenaventura, Colombia (1960-2018)”. Historia y Memoria (21): 229-234. https://doi.org/10.19053/20275137.n21.2020.9599
  47. Parra-Valencia, Liliana. 2020. Clínica psicosocial: una propuesta crítica y alternativa para Améfrica Ladina. Bogotá: Ediciones Cátedra Libre.
  48. Pérez, Marino y José Fernández. 2008. “Más allá de la salud mental: la psicología en atención primaria”. Papeles del Psicólogo 29 (3): 251-270.
  49. Quiceno, Natalia. 2016. Vivir sabroso. Luchas y movimientos afroatrateños, en Bojayá, Chocó, Colombia. Bogotá: Editorial Universidad del Rosario.
  50. Quiceno, Natalia. 2021. Bordar, cantar y cultivar espacios de dignidad: ecologías del duelo y mujeres atrateñas. San José: Universidad de Costa Rica; CALAS; Laboratorio Visiones de Paz.
  51. Ramírez, Yolima. 2007. Entre pasos y abrazos. Las promotoras de vida y salud mental, Provisame, se transforman y reconstruyen el tejido social del Oriente Antioqueño. Sistematización de la experiencia del modelo formativo 2004-2006. Medellín: Conciudadanía; Cinep; Asociación de Mujeres del Oriente Antioqueño.
  52. Rebolledo Olga y Lina Rondón. 2010. “Reflexiones y aproximaciones al trabajo psicosocial con víctimas individuales y colectivas en el marco del proceso de reparación”. Revista de Estudios Sociales (36): 15-18. https://doi.org/10.7440/res36.2010.04
  53. Red Mariposas de Alas Nuevas Construyendo Futuro. s.f. “Comadreando se resiste a la violencia en Buenaventura”. Red Mariposas de Alas Nuevas Construyendo Futuro. https://redmariposasakina.org/comadreando- se-resiste-a-la-violencia-en-buenaventura/
  54. Ronsbo, Henrik. 2015. “A Republic of Remedies: Psychosocial Intervention in the Post Conflict Guatemala”. En The Clinic and the Court. Law Medicine and Anthropology, editado por Ian Harper, Tobias Kelly y Akshay Khanna, 265-295. Londres: Cambridge University Press. https://doi.org/10.1017/CBO9781139923286.012
  55. Salas, Luis, Jonnas Wolff y Fabián Camelo. 2019. “Towards Violent Peace? Territorial Dynamics of Violence in Tumaco (Colombia) Before and After the Demobilisation of the FARC-EP”. Conflict Security & Development 19 (5): 497-520. https://doi.org/10.1080/14678802.2019.1661594
  56. Sánchez, Daniela, Guillermo Alonso Castaño Pérez, Gloría María Sierra Hincapié, Nadia Semenova Moratto Vásquez, Carolina Salas Zapata, Jesy Carolina Buitrago Salazar, et al. 2019. “Salud mental de adolescentes y jóvenes víctimas de desplazamiento forzado en Colombia”. Revista CES Psicología 12 (3): 1-19. https://doi.org/10.21615/cesp.12.3.1
  57. Schiele, Holger, Stefan Krummaker, Petra Hoffmann y Rita Kowalski. 2022. “The ‘Research World Café’ as a Method of Scientific Enquiry: Combining Rigor with Relevance and Speed”. Journal of Business Research 140: 280-296. https://doi.org/10.1016/j.jbusres.2021.10.075
  58. Schimpf-Herken, Ilse y Till Baumann. 2015. “El ‘tercer espacio’ en el arte y la terapia. Dimensiones del arte en el trabajo psicosocial”. Praxis y Saber. Revista de Investigación y Pedagogía 6 (12): 76-96.
  59. Shultz, Jame, Natalia Muñoz, Ana Gómez, Luis Hernández, Ricardo Araya, Helen Verdeli, et al. 2014. “Outreach to Internally Displaced Persons in Bogotá, Colombia: Challenges and Potential Solutions”. Disaster Health 2 (2): 75-81. https://doi.org/10.4161/21665044.2014.954500
  60. Sluzki, Carlos. 2010. “Personal Social Networks and Health: Conceptual and Clinical Implications of their Reciprocal Impact”. Families, Systems, and Health 28 (1): 1-18. https://psycnet.apa.org/doi/10.1037/a0019061
  61. Stolkiner, Alicia y Romina Solitario. 2007. “Atención primaria de la salud y salud mental: la articulación entre dos utopías”. En Atención primaria en salud. Enfoques interdisciplinarios, editado por Daniel Maceira, 121-146. Buenos Aires: Paidós.
  62. Summerfield, Derek. 1999. “A Critique of Seven Assumptions behind Psychological Trauma Programmes in War-affected Areas”. Social Science and Medicine 48: 1449-1462.
  63. Summerfield, Derek. 2001. “The Invention of Post­traumatic Stress Disorder and the Social Usefulness of a Psychiatric Category”. BMJ 322 (13): 95-98.
  64. UARIV (Unidad Administrativa para la Atención y Reparación Integral de las Víctimas). 2022. “Ficha estratégica – Buenaventura”. http://fichaestrategica.unidadvictimas.gov.co/
  65. Vásquez, Harold y Nelson Molina. 2018. “Los usos tautológicos de lo psicosocial en los procesos de intervención en Colombia”. Diversitas: Perspectivas en Psicología 14 (2): 309-320. https://revistas.usantotomas.edu.co/index.php/diversitas/article/view/4943
  66. Villa, Juan David. 2012. “La acción y el enfoque psicosocial de la intervención en contextos sociales: ¿podemos pasar de la moda a la precisión teórica, epistemológica y metodológica?”. El Ágora USB 12 (2): 349-365. https://doi.org/10.21500/16578031.208
  67. Villa, Juan David. 2014. “Memoria, historias de vida y papel de la escucha en la transformación subjetiva de víctimas/sobrevivientes del conflicto armado colombiano”. El Ágora USB 14 (1): 37-60. https://doi.org/10.21500/16578031.119
  68. Viñar, Marcelo. 2017. “The Enigma of Extreme Traumatism: Trauma, Exclusion and their Impact on Subjectivity”. The American Journal of Psychoanalysis 77: 40-51. https://doi.org/10.1057/s11231-016-9082-1
  69. Viñar, Marcelo y Maren Ulriksen. 1993. Fracturas de memoria. Crónicas de una memoria por venir. Montevideo: Ediciones Trilce.
  70. War Child, Fundescodes, Servicio Jesuita de Refugiados, Coalico. 2013. Niños, niñas y adolescentes en busca de la Buenaventura. Bogotá: War Child, Fundescodes, Servicio Jesuita de Refugiados, Coalico [edición digital]. https://coalico.org/wp-content/uploads/2020/05/BuenaVentura-COALICO-2013.pdf
  71. Weber, Sanne, Francy Carranza, Juan Roberto Rengifo, Camilo Romero, Sergio Arrieta, Karina Martínez, et al. 2024. “Mapping Mental Health Care Services for Children and Youth Population in Colombia’s Pacific: Potential for Boundary Spanning between Community and Formal Services”. International Journal of Mental Health Systems 18 (9). https://doi.org/10.1186/s13033-024-00626-w
  72. Weber, Sanne, Francy Carranza, Ana María Arango, Juan Roberto Rengifo, Mónica Pinilla-Roncancio, Sarah-Jane Fenton, et al. 2025. “Growing up Amidst Violence: Mapping Mental Health Ecologies with Young People on Colombia’s Pacific Coast”. Conflict and Health 19 (23). https://doi.org/10.1186/s13031-025-00664-2
  73. Yoffe, Laura. 2012. “Beneficios de las prácticas religiosas/espirituales en el duelo”. Avances en Psicología: Revista de la Facultad de Psicología y Humanidades 20 (1): 9-30. https://doi.org/10.33539/avpsicol.2012.v20n1.1940

Este artículo hace parte del proyecto “Mapping Mental Health Resources for Young People Living in a Conflict Context at the Colombian Pacific Region”, implementado por la Universidad de los Andes (Colombia) y la University of Birmingham (Reino Unido), y financiado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de Colombia (Minciencias) y UK Research and Innovation (UKRI) por medio del Newton-Caldas Fund.

Contribución de los autores: Juan Pablo Aranguren Romero: investigador principal del proyecto, diseño del estudio, redacción y revisión de borradores del artículo; Sergio Daniel Arrieta: recolección de datos, redacción y revisión de borradores del artículo; Mónica Pinilla-Roncancio y Sarah-Jane Fenton: diseño del estudio, análisis de datos y revisión de borradores del artículo; Juan Roberto Rengifo, Karina Martínez, Francy Carranza-Franco y Sanne Weber: recolección y análisis de datos; Germán Casas: revisión de borradores; Paul Jackson: investigador principal del proyecto, diseño del estudio, revisión de borradores del artículo. Todos los autores leyeron y aprobaron el manuscrito final.

1 Entre estas experiencias cabe destacar el Programa de Formación de Terapeutas Populares (TEP) y de Multiplicadores en Acciones Psicosociales, Salud Mental y Derechos Humanos (MAP) de la Corporación Avre (1992); el Programa de Promotoras de Vida y Salud Mental (Provisame) (Ramírez 2007); el proyecto Outreach, Screening, and Intervention for Trauma for Internally Displaced Women (Osita) (Shultz et al. 2014) y el proyecto Alianza con Organizaciones para lo Emocional (Acople), implementado por Heartland Alliance International (HAI 2015). Estas intervenciones comparten que hay una suerte de descentramiento del conocimiento disciplinar en psicología que permite que este empiece a circular en ámbitos comunitarios (Aranguren y Rubio 2018).

2 La investigación contó con el aval del comité de ética de la Universidad de los Andes, Colombia (Actas 1207 de 2020 y 1473 de 2021) y de la University of Birmingham, Reino Unido.


Juan Pablo Aranguren Romero

Doctor en Ciencias Sociales por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), Argentina. Profesor asociado del Departamento de Psicología de la Universidad de los Andes, Colombia. Sus investigaciones se han centrado en los impactos psicosociales del conflicto armado colombiano, especialmente en sobrevivientes de tortura, familiares de desaparecidos y jóvenes excombatientes, y en las formas de gestión emocional de los impactos de la guerra en diferentes contextos culturales. Lidera el proyecto La ética de la escucha de la Universidad de los Andes, Colombia. https://orcid.org/0000-0001-5892-2153 | jp.aranguren@uniandes.edu.co

Sergio Daniel Arrieta

Magíster en Construcción de Paz de la Universidad de los Andes, Colombia. Fue asistente graduado del proyecto Mapeando recursos de salud mental para jóvenes viviendo en un contexto de violencia en el Pacífico colombiano de la misma institución. https://orcid.org/0000-0002-4022-1495 | sergioarve@gmail.com

Francy Carranza-Franco

Ph.D. en Estudios sobre el Desarrollo por SOAS University of London, Reino Unido. Investigadora asociada del Departamento de Desarrollo Internacional de la Facultad de Ciencias Sociales de la University of Birmingham, Reino Unido. Entre sus intereses de investigación están el conflicto, la consolidación de la paz, la seguridad, la ciudadanía, las situaciones de posconflicto, las combatientes femeninas, el asesinato de líderes sociales y la salud mental. https://orcid.org/0000-0002-0717-9045 | f.carranza@bham.ac.uk

Juan Roberto Rengifo

Doctor en Psicología de la Universidad de los Andes, Colombia. Sus líneas de investigación son la salud mental, el conflicto armado, el trauma, la memoria y las violencias sociopolíticas en Colombia. https://orcid.org/0009-0001-8359-7783 | jr.rengifo288@uniandes.edu.co

Karina Martínez

Psicóloga de la Universidad de los Andes, Colombia, y magíster en Leadership, Policy, and Advocacy for Early Childhood Wellbeing de Boston University, Estados Unidos. Sus áreas de investigación incluyen salud mental, bienestar psicosocial, niñez y educación. Actualmente es investigadora del proyecto University and Early Connections en el Institute for Early Childhood Well-Being en Boston University. https://orcid.org/0009-0003-0397-584X | karibu@bu.edu

Mónica Pinilla Roncancio

Ph.D. en Social Policy por la University of Birmingham, Reino Unido. Profesora asistente en la Facultad de Medicina de la Universidad de los Andes, Colombia. Sus áreas de investigación incluyen la discapacidad, la pobreza y la economía de la salud. https://orcid.org/0000-0002-1443-4649 | mv.pinilla@uniandes.edu.co

Sanne Weber

Ph.D. en Peace and Conflict por la Coventry University, Reino Unido. Profesora asistente de Peace and Conflict Studies en el Centre for International Conflict, Analysis & Management (CICAM) de la Radboud University, Países Bajos. Su investigación aborda cómo los conflictos cambian las relaciones de género y cómo se puede promover la igualdad de género en situaciones posconflicto. https://orcid.org/0000-0002-6512-8190 | sanne.weber@ru.nl

Germán Casas

Médico especialista en Psiquiatría y subespecialista en Psiquiatría de niños y adolescentes. Profesor de Psiquiatría y Pediatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de los Andes, Colombia. Entre 2016 y 2022 fue presidente de Médicos Sin Fronteras (MSF) para América Latina. https://orcid.org/0000-0001-6264-7772 | gcasas@uniandes.edu.co

Sarah-Jane Fenton

Ph.D. en Mental Health Policy por la University of Birmingham, Reino Unido, y por la Universidad de Melbourne, Australia. Profesora asociada del Institute for Mental Health and Health Services Management Centre de la University of Birmingham. Sus áreas de investigación incluyen salud mental y políticas de salud, jóvenes y métodos realistas. https://orcid.org/0000-0001-9751-6262 | s.h.fenton@bham.ac.uk

Paul Jackson

Ph.D. en Public Administration and Policy por la University of Birmingham, Reino Unido. Profesor en el Departamento de Desarrollo Internacional y director de investigaciones de la Facultad de Ciencias Sociales de la University of Birmingham. Investiga sobre temas relacionados con conflictos y posconflictos, principalmente en la construcción de Estados liberales en situaciones de posconflicto, la gobernanza y la seguridad, el desarme, la desmovilización y la reintegración. https://orcid.org/0000-0002-0933-028X | p.b.jackson@bham.ac.uk