
Asambleas deliberativas sobre salud mental en comunidades rurales afectadas por el conflicto armado: una evaluación de la calidad deliberativa en Montes de María, Colombia✽
Yessica P. Blanco Torres, Pablo Abitbol, Diana Carolina Rubio León y Dennys García-Padilla
Recibido: 30 de abril de 2025 | Aceptado: 9 de septiembre de 2025 | Modificado: 22 de octubre de 2025
https://doi.org/10.7440/res95.2026.08
Resumen | La calidad deliberativa se refiere al grado en que un proceso de deliberación o diálogo entre ciudadanos es inclusivo, equitativo, respetuoso, informado, fundamentado en argumentos racionales y orientado al bien común, lo que permite la participación igualitaria y la construcción de consensos robustos, ilustrados, legítimos y justos. En este artículo se presenta una evaluación de la calidad deliberativa observada en una serie de ejercicios de diálogo ciudadano sobre salud mental y atención psicosocial desarrollados con líderes y lideresas de comunidades víctimas del conflicto armado en la subregión de los Montes de María, Colombia. La investigación se centró en la percepción de las comunidades sobre la calidad deliberativa en el territorio, las normas discursivas de los líderes y los factores que favorecen la deliberación. Se utilizaron tres tipos de instrumentos —entrevistas semiestructuradas, cuestionarios y observación estructurada— que permitieron analizar aspectos clave como la participación, la justificación de los argumentos, el respeto por las opiniones de los demás y la disposición a alcanzar consensos. Los resultados indican que las y los participantes perciben una baja calidad deliberativa en el territorio. Sin embargo, durante el desarrollo de los ejercicios deliberativos se observó una creciente comprensión y aquiescencia por parte de los participantes a las normas discursivas. Adicionalmente, se reportan transformaciones en las creencias y en los juicios de valor de las y los participantes tras las deliberaciones. En el artículo se concluye que, a pesar de los avances en la disposición al diálogo, la calidad deliberativa en los Montes de María sigue enfrentando importantes desafíos, especialmente en cuanto a la inclusión y la construcción de consensos. La principal contribución de este estudio, una metodología de evaluación sistemática de la calidad deliberativa en ejercicios controlados, proporciona una base sólida para diseñar estrategias que mejoren la efectividad de futuros procesos participativos en territorios rurales afectados por el conflicto armado.
Palabras clave | calidad deliberativa; democracia deliberativa; Montes de María; salud mental
Deliberative Assemblies on Mental Health in Rural Communities Affected by Armed Conflict: An Assessment of Deliberative Quality in Montes de María, Colombia
Abstract | Deliberative quality describes the extent to which processes of citizen dialogue are inclusive, equitable, respectful, well informed, grounded in reasoned argument, and oriented towards the common good. When these conditions are met, deliberation enables equal participation and supports the formation of robust, informed, legitimate, and fair consensus. This article evaluates deliberative quality in a series of citizen dialogue exercises on mental health and psychosocial care conducted with women and men leaders from communities affected by the armed conflict in Colombia’s Montes de María subregion. The analysis examines community perceptions of deliberative quality in the territory, the discursive norms adopted by local leaders, and the factors that enable or constrain deliberation. Drawing on three complementary methods—semi-structured interviews, questionnaires, and structured observation—the study assesses key dimensions such as levels of participation, the justification of arguments, respect for differing viewpoints, and willingness to seek consensus. The findings suggest that participants perceive deliberative quality in the territory as low. Nevertheless, as the deliberative exercises unfolded, participants demonstrated a growing understanding of and adherence to shared discursive norms. The study also documents shifts in participants’ beliefs and value judgements following the deliberations. Despite these advances in openness to dialogue, the article concludes that deliberative quality in Montes de María continues to face significant challenges, particularly in relation to inclusion and consensus-building. Its principal contribution lies in the development of a systematic methodology for assessing deliberative quality in controlled settings, which offers a solid basis for designing strategies to strengthen future participatory processes in rural areas affected by armed conflict.
Keywords | deliberative democracy; deliberative quality; mental health; Montes de María
Assembleias deliberativas sobre saúde mental em comunidades rurais afetadas pelo conflito armado: uma avaliação da qualidade deliberativa em Montes de María, Colômbia
Resumo | A qualidade deliberativa refere-se ao grau em que um processo de deliberação ou diálogo entre cidadãos é inclusivo, equitativo, respeitoso, informado, fundamentado em argumentos racionais e orientado para o bem comum. Isso permite a participação igualitária e a construção de um consenso robusto, esclarecido, legítimo e justo. Este artigo apresenta uma avaliação da qualidade deliberativa observada em uma série de exercícios de diálogo cidadão sobre saúde mental e cuidados psicossociais desenvolvidos com líderes de comunidades vítimas do conflito armado na sub-região de Montes de María, Colômbia. A pesquisa se concentrou na percepção das comunidades sobre a qualidade deliberativa do território, nas normas discursivas dos líderes e nos fatores que favorecem a deliberação. Três tipos de instrumentos foram usados — entrevistas semiestruturadas, questionários e observação estruturada — para analisar aspectos-chave como participação, justificativa dos argumentos, respeito às opiniões dos outros e disposição para alcançar consenso. Os resultados indicam que os participantes percebem uma baixa qualidade deliberativa no território. No entanto, durante o desenvolvimento dos exercícios deliberativos, observou-se uma compreensão crescente e maior aquiescência por parte dos participantes às normas discursivas. Além disso, transformações nas crenças e nos julgamentos de valor dos participantes são relatadas após as deliberações. Conclui-se que, apesar dos avanços na disposição para o diálogo, a qualidade deliberativa em Montes de María continua enfrentando desafios importantes, especialmente em termos de inclusão e construção de consenso. A principal contribuição deste estudo, uma metodologia de avaliação sistemática da qualidade deliberativa em exercícios controlados, oferece uma base sólida para o desenvolvimento de estratégias que melhorem a eficácia dos futuros processos participativos em territórios rurais afetados pelo conflito armado.
Palavras-chave | democracia deliberativa; Montes de María; qualidade deliberativa; saúde mental
Introducción
El estudio cuyos resultados se presentan en este artículo se originó en el marco del proceso de investigación-acción participativa que el Grupo Regional de Memoria Histórica de la Universidad Tecnológica de Bolívar (GRMH UTB) viene desarrollando desde hace diez años en los Montes de María1, y en el curso del cual ha surgido persistentemente una profunda preocupación de las organizaciones sociales y las comunidades por la salud mental de las personas que habitan este territorio, así como por la precariedad de los servicios de atención en salud mental que escasamente reciben. Esta preocupación es consistente con los diagnósticos institucionales y académicos sobre los impactos psicosociales de las violencias y del conflicto armado en las comunidades rurales. Según el Ministerio de Salud (2025, 95), por ejemplo,
estar expuestos a actos violentos incrementa el riesgo de padecer trastorno de estrés postraumático (TEPT), depresión, ansiedad y trastornos asociados al consumo de sustancias; sin embargo, cuando la violencia se relaciona con conflictos armados se presenta una vulneración mayor en cuanto el encuentro con un horror psíquicamente no asimilable genera deshumanización en la población, lo que reduce la capacidad de sensibilizarse ante el sufrimiento de otros, la solidaridad y el sentido de esperanza.
Dicha preocupación es consistente con los hallazgos de un estudio realizado en Montes de María sobre la prestación de servicios de salud mental (López-López et al. 2021; Rubio-León et al. 2025a) y con los hallazgos de la mesa técnica del Grupo de Gestión Integrada para la Salud Mental sobre la percepción de suficiencia de los servicios de salud mental en los territorios. Según una encuesta realizada en 2023 a directores y otros líderes de instituciones de salud en diversas regiones del territorio nacional, varios factores institucionales del sistema frustran los esfuerzos de intervención temprana y exacerban los problemas de salud mental:
La insuficiencia de talento humano para atender la demanda de los usuarios, atribuida a la escasez de profesionales en el territorio y a limitaciones presupuestarias para contrataciones [genera] equipos de trabajo incompletos, lo que reduce la eficiencia e incrementa la carga laboral, además de que puede llevar al agotamiento del personal. Adicionalmente, se destacó la deficiente planificación en la contratación de personal que apoye la rehabilitación y reinserción psicosocial de pacientes […] falta de claridad en los programas de promoción y prevención […] insuficiente articulación entre los niveles de complejidad del sistema de salud”. (Ministerio de Salud y Protección Social 2025, 143)
Para abordar esta preocupación, se estructuró un proyecto de investigación participativa2 con el doble objetivo de (i) estudiar con mayor profundidad el estado de la salud mental en las comunidades víctimas del conflicto armado en la región de los Montes de María y (ii) diseñar, en conjunto con ellas, un modelo de atención en salud mental, no solamente adaptado a las características históricas, culturales, geográficas, económicas y políticas de dicha región, sino también basado en sus saberes ancestrales y en las prácticas propias de atención en salud mental y apoyo psicosocial que han emergido en ellas para enfrentar, tanto los problemas que las afectan, como la carencia y la precariedad de los servicios que ofrece el sistema de salud en el territorio (García-Padilla et al. 2025)3. Para el logro de dichos objetivos, la investigación se estructuró a partir de tres enfoques metodológicos que se complementan mutuamente: la investigación participativa basada en comunidades (IPBC), el diseño centrado en personas (DCP) y las asambleas deliberativas.
Mediante el uso de métodos mixtos de investigación psicosocial, como la aplicación de instrumentos psicométricos, grupos focales y entrevistas, la implementación de la IPBC (Coughlin et al. 2017), este estudio permitió situar diversas voces de las comunidades en el centro de la investigación, procurando desarrollar un proceso guiado por la cocreación del proyecto, así como la validación de los hallazgos y la devolución de los resultados4. Por su parte, el uso del DCP permitió contar con herramientas adaptadas para el trabajo con comunidades, orientadas a construir comprensiones compartidas de problemas específicos e idear soluciones contextualmente apropiadas, basadas en la expresión de las necesidades, los saberes, las ideas y las aspiraciones de las comunidades y sus liderazgos de base (IDEO.org 2015).
En el marco de este proyecto, el propósito de las asambleas deliberativas fue conectar la comprensión profunda del contexto territorial, derivada del diálogo de saberes entre las comunidades y la academia (IPBC), con los diseños ideados por personas pertenecientes a las comunidades, con base en sus visiones, tradiciones y aspiraciones (DCP), mediante un proceso de aprendizaje colectivo. Este aprendizaje colectivo estuvo orientado hacia el enriquecimiento de las percepciones y opiniones individuales a partir del diálogo atento y respetuoso entre diversos puntos de vista, la construcción de acuerdos colectivos en torno a un entendimiento compartido de los problemas de salud mental presentes en el territorio, y la socialización de los hallazgos y de las propuestas de política pública derivadas de ellos en las comunidades y las entidades públicas y privadas a cargo de la salud mental que actúan en la región.
El objetivo principal de la investigación presentada en este artículo fue evaluar la calidad deliberativa de dichas asambleas. El artículo está estructurado de la siguiente manera: en la segunda sección se realiza un breve recuento de la teoría de la democracia deliberativa y se justifica su aplicación en el contexto del proyecto “Diseño participativo de un modelo de atención psicosocial en salud mental en las comunidades de los Montes de María”. En la tercera sección se detalla el diseño de las asambleas deliberativas implementadas. En la cuarta sección se presenta la metodología de evaluación de la calidad deliberativa aplicada en este estudio. En la quinta, sexta y séptima se presentan, respectivamente, los resultados, la discusión de los hallazgos y las conclusiones del estudio.
Democracia deliberativa, conflicto armado y salud mental
Democracia deliberativa
La democracia deliberativa parte de la premisa de que las decisiones colectivas deben surgir no solo de la agregación de preferencias individuales, como ocurre en los modelos mayoritarios tradicionales, sino de un proceso de diálogo público en el que los participantes razonen juntos, intercambien argumentos y se escuchen mutuamente con el objetivo de llegar a acuerdos informados, justificados y legítimos (Bächtiger et al. 2018; Cohen 1989; Habermas 1996)5. En este modelo, el diálogo no es simplemente un intercambio de opiniones, sino un espacio normativamente regulado por ciertas condiciones que permiten que todas las voces tengan la oportunidad de ser escuchadas y consideradas en igualdad de condiciones. Así, se garantiza que el proceso deliberativo esté orientado al bien común y no al simple choque de intereses particulares.
Desde esta perspectiva, los procesos deliberativos de alta calidad deben sustentarse en normas discursivas que regulan la interacción entre los participantes. Entre ellas se destacan las siguientes:
Estas cuatro normas discursivas —inclusión, atención, respeto y apertura— constituyen el núcleo ético y procedimental de la democracia deliberativa. Su observancia permite que el diálogo se convierta en un medio no solo para resolver desacuerdos, sino también para construir comunidad, fortalecer la confianza y tomar decisiones más justas, legí- timas y sostenibles.
Las normas discursivas no actúan de forma aislada. Para que puedan realizarse plena- mente, deben estar respaldadas por normas procedimentales claras —como la distribución equitativa del uso de la palabra, la existencia de mecanismos para el manejo de desacuerdos o la garantía de tiempos suficientes para el diálogo—, así como por condiciones institucionales y materiales adecuadas —como el acceso equitativo a la información, espacios seguros para la deliberación— y facilitadores imparciales que garanticen la participación efectiva de todos los actores. En conjunto, las normas discursivas (inclusión, atención, respeto y apertura), las normas procedimentales y las condiciones institucionales y materiales constituyen los pilares que sostienen la calidad de un proceso deliberativo.
Como se explicará en la tercera sección, el diseño de las asambleas deliberativas desarrolladas en los Montes de María se construyó con base en estos principios. Asimismo, estos criterios normativos corresponden a las diversas dimensiones examinadas mediante la metodología de evaluación de la calidad deliberativa presentada en la cuarta sección.
Democracia deliberativa en comunidades afectadas por el conflicto armado
En contextos de conflicto o de posconflicto, la deliberación democrática puede ser un mecanismo útil para la reconciliación y la reconstrucción del tejido social. Después de un conflicto armado, la restauración de la confianza entre los ciudadanos y las instituciones requiere procesos de participación inclusivos que permitan la expresión efectiva y la escucha activa de experiencias, emociones y demandas de justicia. Por ello, la deliberación en estos entornos no solo puede contribuir a la construcción de acuerdos y consensos sobre el futuro de la comunidad, sino también promover una cultura cívica de diálogo y respeto mutuo (Dryzek 2005; O’Flynn y Caluwaerts 2018)6.
Otro aspecto clave de la deliberación en contextos de conflicto o posconflicto es su potencial para articular las perspectivas de distintos grupos sociales, incluidos víctimas, excombatientes y autoridades locales. La inclusión de estos actores en un mismo proceso deliberativo puede contribuir a la creación de una narrativa compartida sobre los hechos violentos y los caminos hacia la reconstrucción social (Abitbol 2019).
En términos de diseño, la efectividad de los espacios deliberativos en contextos de conflicto o de posconflicto depende de su capacidad para garantizar una participación equitativa y evitar la reproducción de desigualdades estructurales. La facilitación de estos espacios debe considerar las asimetrías de poder entre los participantes y la necesidad de mecanismos de acompañamiento psicosocial para garantizar que el proceso no genere revictimización (Young 1997).
Finalmente, la deliberación en contextos de conflicto y posconflicto se presenta como una estrategia viable para fortalecer la democracia local y garantizar la sostenibilidad de los acuerdos de paz. Al proporcionar un canal estructurado para la expresión de demandas y la construcción de consensos, los procesos deliberativos pueden incrementar la capacidad de incidencia política de las comunidades y las organizaciones sociales, así como contribuir a la formación de una cultura política más participativa y orientada a la resolución pacífica de conflictos (Abitbol 2019).
Democracia deliberativa y salud mental en comunidades afectadas por el conflicto armado
De la teoría de la democracia deliberativa y su aplicación en comunidades afectadas por el conflicto armado, emergen diversas consideraciones exploratorias sobre el potencial de la deliberación comunitaria sobre la salud mental, que permiten justificar la implementación de ejercicios y procesos deliberativos para abordar dichos asuntos en estos contextos7.
En primer lugar, el estigma asociado a la salud mental puede dificultar la búsqueda de apoyo y el acceso a servicios especializados. En este sentido, los espacios deliberativos pueden facilitar la comprensión individual y comunitaria de la salud mental, al integrar la conversación en la vida comunitaria y al reconocer que los problemas emocionales y psicológicos son experiencias compartidas que requieren respuestas colectivas. Este enfoque contrasta con modelos convencionales que individualizan los trastornos y que, a menudo, ignoran los determinantes sociales de la salud mental, especialmente en contextos de violencia y conflicto armado (López-López et al. 2021).
La deliberación sobre salud mental puede orientarse, además, hacia la transformación estructural, asegurando que las discusiones conduzcan a cambios tangibles en la prestación de servicios, la formulación de políticas públicas y la redistribución de recursos para el bienestar psicosocial. Para ello, es clave la vinculación de actores institucionales y gubernamentales que puedan responder a las demandas emergentes de los espacios deliberativos y traducirlas en acciones concretas (Safaei 2015).
Los procesos deliberativos pueden integrarse en la planificación de sistemas de salud comunitaria, promoviendo la cocreación de estrategias de atención en salud mental culturalmente pertinentes y sostenibles. En este sentido, el enfoque de la democracia deliberativa puede ayudar a superar la tradicional brecha entre los expertos y la comunidad, favoreciendo un modelo de salud basado en la horizontalidad y en el reconocimiento de saberes locales. Además, la deliberación puede contribuir a la generación de políticas de salud mental más inclusivas y centradas en las necesidades reales de la población, alejándose de los modelos verticales y tecnocráticos (Williams 2021).
Otro aspecto fundamental en la deliberación sobre la salud mental comunitaria es la construcción de redes de apoyo y de cuidado colectivo. La creación de espacios de escucha y acompañamiento mutuo puede fortalecer los recursos comunitarios para afrontar el trauma y la adversidad, generando mecanismos de resiliencia colectiva más efectivos que las intervenciones individuales o asistencialistas. Asimismo, estos espacios pueden facilitar la detección temprana de situaciones de riesgo y canalizar a las personas hacia los servicios de salud cuando sea necesario.
Finalmente, la deliberación en salud mental comunitaria representa una vía potencial para la democratización del cuidado y la reparación psicosocial en contextos de violencia y desigualdad. Su implementación requiere el compromiso de múltiples actores y la voluntad de transformar las estructuras de exclusión y marginalización que han perpetuado la crisis de salud mental en comunidades vulneradas. En este sentido, el fortalecimiento de los procesos deliberativos en salud mental no solo es una estrategia de participación ciudadana, sino que también puede concebirse como una herramienta viable para incrementar el bienestar personal y comunitario, la justicia social y la construcción de sociedades más equitativas y solidarias8.
Diseño de las asambleas deliberativas
Principios del diseño
El diseño de las asambleas deliberativas implementadas en este estudio se fundamentó en la perspectiva normativa de la democracia deliberativa, entendida como un proceso de diálogo público en el que las decisiones colectivas deben surgir del intercambio argumentado, respetuoso y abierto entre ciudadanos en condiciones de igualdad. Desde este enfoque, la deliberación no ocurre de manera espontánea: requiere la creación intencional de condiciones que permitan a los participantes expresar sus opiniones, escuchar las de los demás y transformar sus puntos de vista a la luz del diálogo.
Inspirados en el concepto de diseño situacional (Abitbol 2013), entendemos que la calidad de un proceso deliberativo depende tanto de las normas que regulan las interacciones (discursivas y procedimentales), como de las condiciones materiales e institucionales que configuran el entorno en el que esas interacciones ocurren. Esto incluye, por ejemplo, la disposición del espacio físico, la presencia de facilitadores imparciales, el acceso a información equilibrada y comprensible, y la disponibilidad de herramientas que promuevan la participación activa y equitativa.
De acuerdo con este marco, el diseño de las asambleas deliberativas tuvo como objetivo principal garantizar el cumplimiento efectivo de las normas discursivas fundamentales de inclusión, atención, respeto y apertura. Para ello, se adoptaron once principios de diseño de asambleas deliberativas (Abitbol 2019) que orientaron la planificación, la facilitación y la evaluación de cada una de las sesiones: (i) inclusión sustantiva y diversidad representativa: selección de participantes que reflejen la pluralidad del territorio en términos de género, edad, etnicidad, orientación sexual, trayectorias organizativas y experiencias de victimización, con el fin de garantizar que todas las voces relevantes estén presentes y puedan incidir en la deliberación; (ii) facilitación imparcial y profesional: designación de moderadores con experiencia en metodologías participativas, capaces de manejar asimetrías de poder, promover el equilibrio en la toma de la palabra y sostener un ambiente de diálogo respetuoso y constructivo; (iii) acceso equitativo a información confiable y comprensible: presentación de diagnósticos, marcos conceptuales y datos relevantes en formatos accesibles, acompañada por expertos y expertas que puedan explicar los contenidos y resolver dudas sin imponer visiones técnicas unilaterales; (iv) construcción de modelos mentales compartidos: promoción de espacios en los que las y los participantes puedan identificar colectivamente las causas, consecuencias y dinámicas de los problemas abordados, de modo que el diálogo se sustente en una comprensión común y situada; (v) interacción atenta, equitativa y respetuosa: establecimiento de normas básicas de conversación (escuchar sin interrumpir, pedir la palabra, no descalificar), con énfasis en la atención activa, el respeto por las diferencias y la garantía de una participación igualitaria; (vi) sinceridad en la expresión de razones: fomento de un ambiente en el que las personas puedan expresar con honestidad sus puntos de vista, sin temor a la estigmatización ni al juicio, reconociendo que compartir las razones propias es fundamental para la deliberación genuina; (vii) argumentación orientada al bien común: incentivo a que los participantes formulen propuestas y razonamientos que trasciendan los intereses particulares y consideren el bienestar colectivo, lo que contribuye a elevar el nivel ético y epistémico del debate; (viii) apertura al aprendizaje mutuo y al cambio de opinión: establecimiento de dinámicas que valoren la apertura a otras perspectivas, la disposición a revisar creencias previas y la legitimidad del cambio de opinión como resultado del proceso deliberativo; (ix) persistencia deliberativa para construir confianza: reconocimiento de que la confianza no se impone, sino que se cultiva a través de múltiples interacciones. Por ello, las asambleas se concibieron como parte de un proceso sostenido y progresivo, y no como eventos aislados; (x) mecanismos de decisión cuando no hay consenso: si bien el objetivo central de la deliberación es alcanzar acuerdos compartidos, se establecieron mecanismos de votación democrática como recurso complementario para avanzar cuando no es posible lograr un consenso; (xi) socialización comunitaria del proceso deliberativo: promoción de estrategias para que los aprendizajes, acuerdos y propuestas de las asambleas circulen más allá de los espacios cerrados de deliberación, convirtiéndose en conocimiento común de la comunidad e insumos para la incidencia.
Estos principios orientaron tanto la estructuración metodológica de las asambleas como la evaluación posterior de su calidad deliberativa.
Asambleas deliberativas para el diseño participativo de un modelo de atención psicosocial en salud mental en las comunidades de los Montes de María
El diseño de las asambleas deliberativas comenzó a desarrollarse con organizaciones sociales y comunidades de los Montes de María desde 2005, en el marco de la creación del Programa de Desarrollo y Paz de los Montes de María (Abitbol y Flechas 2008). Posteriormente, se han venido implementando asambleas deliberativas en el territorio montemariano para analizar los acuerdos emanados del proceso de paz con las FARC-EP e incidir en él, así como para estructurar ejercicios de encuentro y reconciliación, tanto entre plataformas de la sociedad civil como entre la sociedad civil y actores que afectaron el territorio en el marco del conflicto armado. El diseño de las asambleas deliberativas también se ha utilizado para estructurar diálogos entre las organizaciones sociales y la institucionalidad encargada de conducir los procesos de justicia transicional en el territorio.
Con base en estos antecedentes, así como en el marco teórico y los principios de diseño expuestos en las secciones anteriores, se realizaron cuatro asambleas deliberativas (cada una organizada en dos jornadas de deliberación) como parte integral del proyecto, entre 2023 y 2024, con la participación de 30 líderes, lideresas y personas víctimas del conflicto armado de la región.
Atendiendo a los principios de diseño de la deliberación expuestos en la sección anterior —normas discursivas, normas procedimentales y condiciones materiales—, las asambleas deliberativas se plantearon desde el comienzo como un proceso de diálogo sostenido y construcción de confianza y convocaron a un conjunto amplio, diverso y representativo de participantes9. Las deliberaciones tuvieron lugar en un kiosco con techo de palma, rodeado de naturaleza, en un centro recreacional de la región, de fácil acceso para todos los participantes, así como para el equipo de investigación, y con alimentación, hidratación y comodidades adecuadas. Se contó con sillas y mesas cómodas, carteleras, un tablero y materiales de trabajo adecuados para la aplicación de la metodología. Los participantes se organizaron en mesa redonda para deliberar en torno a las presentaciones de expertos y en plenarias, y en grupos pequeños para propiciar una mayor participación equitativa en el desarrollo de temáticas específicas. La moderación estuvo a cargo de un profesional experimentado e imparcial y la presentación de información especializada sobre las causas y los efectos de los problemas identificados estuvo a cargo de diversos miembros del equipo de investigación. Además, se contó con la participación de funcionarios públicos y de empresas e instituciones prestadoras de salud en algunos momentos puntuales. Al inicio de cada asamblea, se explicaron los once principios de la deliberación y, en especial, las normas deliberativas expresadas en los principios 5 a 8.
Al final del proceso, se llevó a cabo un taller de validación de los consensos diagnósticos y propositivos alcanzados. Además, se realizó un encuentro regional para la devolución de los resultados, los cuales se sistematizaron —usando un lenguaje adecuado al contexto territorial— en formatos impresos, sonoros y audiovisuales, con el fin de que los líderes y demás participantes pudieran socializar los acuerdos alcanzados durante sus deliberaciones en sus comunidades y con las entidades del sistema de salud.
La primera asamblea deliberativa tuvo tres propósitos. Primero, introducir a los participantes en la idea y los principios de la deliberación democrática —“deliberar sobre la deliberación”—. Segundo, presentar los resultados de los ejercicios de IPBC desarrollados durante el trabajo de campo previo en las comunidades montemarianas, cuyo objetivo fue cocrear, nutrir y estructurar el proceso deliberativo (8 talleres de investigación participativa, 14 grupos focales y la aplicación de instrumentos psicométricos a las 137 personas que participaron en ese proceso).
Tercero, definir los temas de las siguientes asambleas deliberativas, los cuales fueron indagados y expresados en términos de la construcción colectiva de un consenso en torno a “los tres problemas que más afectan la salud mental en las comunidades del territorio”. Como resultado de esta asamblea deliberativa, se esperaba que, después del ejercicio, los participantes expresaran un incremento en su comprensión y conformidad con las normas discursivas de la deliberación (disposición al diálogo, intercambio de argumentos, respeto hacia otras opiniones, etc.).
En las tres asambleas deliberativas subsecuentes se abordaron los temas definidos colectivamente en la primera: (i) violencia intrafamiliar, con énfasis en el castigo físico como práctica de crianza; (ii) consumo y consumo problemático de sustancias psicoactivas; y (iii) estrategias comunitarias para afrontar el miedo y la tristeza que se sufren en el territorio. Como resultado de estas asambleas deliberativas, se esperaba que, en el transcurso del ejercicio, los participantes —además de continuar manifestando cada vez mayores niveles de aquiescencia hacia las normas y principios deliberativos (disposición al diálogo, al intercambio de argumentos, al respeto hacia otras opiniones, etc.)— también expresaran cambios en sus posiciones, creencias y valoraciones en torno a los tres temas sobre los cuales versó la deliberación.
Para determinar con cierta precisión si el proceso produjo dichos resultados —creciente comprensión y conformidad con las normas discursivas y transformación de posiciones como fruto del ejercicio deliberativo— se diseñó e implementó, durante el ejercicio, una metodología para evaluar la calidad deliberativa, como se detalla a continuación.
Metodología para la evaluación de la calidad deliberativa
Para estructurar la metodología de evaluación de la calidad deliberativa aplicada en este estudio de manera coherente con los resultados esperados de la realización de las asambleas deliberativas, se definieron tres objetivos específicos derivados del objetivo general de la investigación:
Objetivo general: evaluar la calidad deliberativa de las asambleas deliberativas desarrolladas en el marco del proyecto “Diseño participativo de un modelo de atención psicosocial en salud mental en las comunidades de los Montes de María”.
A continuación se detallan los instrumentos utilizados para evaluar la calidad deliberativa en función de los objetivos específicos del estudio.
Entrevista semiestructurada inicial (objetivo específico 1)
Con el fin de conocer la percepción de los participantes sobre la calidad deliberativa existente en el territorio, antes de la primera asamblea se realizó una entrevista semiestructurada a un subconjunto de 10 participantes con trayectorias de liderazgo social e incidencia institucional. La entrevista se estructuró en torno a 10 preguntas centradas en las experiencias de diálogo de los líderes con organizaciones públicas y privadas, tanto en general, como en términos de políticas públicas y servicios de salud mental. Durante la aplicación de cada entrevista, se abrió la posibilidad de que las personas complementaran sus respuestas en conversación con los entrevistadores.
Las preguntas de la entrevista inicial fueron las siguientes: (i) ¿Cómo describe su liderazgo en Montes de María? (ii) ¿Qué procesos sociales, políticos o culturales ha liderado usted en la subregión? (iii) En el marco de esos procesos, ¿ha podido dialogar y establecer acuerdos con instituciones del gobierno, ONG u otro tipo de organizaciones? (iv) ¿Qué mecanismos ha utilizado para hacer posible el diálogo con instituciones del Gobierno, ONG u otro tipo de organizaciones? (v) ¿Cuáles son las principales dificultades que se presentan en los procesos de diálogo con instituciones del Gobierno, ONG u otro tipo de organizaciones? (vi) ¿Encuentra alguna ventaja o beneficio en los espacios de diálogo entre la sociedad civil y las instituciones del Gobierno, las ONG u otras organizaciones? ¿Puede enumerar algunos logros obtenidos? (vii) ¿Qué acciones recomienda para mejorar los espacios de diálogo entre la sociedad civil y las instituciones del Gobierno, las ONG u otro tipo de organizaciones? (viii) ¿Conoce usted las instituciones encargadas de prestar servicios de salud mental y de atención psicosocial en su municipio/departamento? (ix) En su rol como líder/lideresa, ¿ha formado parte de algún proceso social que demande la mejora de los servicios de salud mental y de atención psicosocial en el territorio? (x) Si la respuesta anterior fue sí, en el marco de ese proceso, ¿ha sido posible la articulación con instituciones del Gobierno, ONG u otras organizaciones? ¿A través de qué mecanismos ha sido posible esa articulación? ¿Se han logrado atender las necesidades de la comunidad?
Cuestionario pre/post deliberación (objetivo específico 2)
Antes de la primera asamblea deliberativa se compartió un cuestionario con los 30 participantes. Este instrumento tuvo como objetivo evaluar la conformidad previa de los participantes con un conjunto específico de normas discursivas —inclusión, atención, respeto, apertura y argumentación—. Cinco días después de la primera asamblea deliberativa, se aplicó el mismo cuestionario a las mismas personas. Este intervalo de tiempo se consideró razonable para permitir que los participantes interiorizaran los aprendizajes adquiridos durante el espacio deliberativo, a fin de identificar su conformidad posterior con las normas discursivas.
El cuestionario constó de 25 ítems a ser evaluados por los participantes sobre una escala Likert de cinco niveles, siendo 5 totalmente de acuerdo, 4 de acuerdo, 3 ni de acuerdo ni en desacuerdo, 2 en desacuerdo y 1 totalmente en desacuerdo. Las preguntas del cuestionario se organizaron en torno a las cinco normas discursivas definidas en el objetivo específico 2:
Ficha de observación estructurada (objetivo específico 2)
Durante el desarrollo de la primera asamblea, se contó con la participación de cuatro observadores, profesionales en ciencias sociales previamente entrenados, para aplicar una ficha de observación estructurada, diseñada para identificar qué elementos favorecen o no la calidad deliberativa. El diseño de la ficha de observación estructurada se basó en el Índice de Calidad del Discurso elaborado por Steiner et al. (2004) y complementado por Marcos-Marné (2015).
La ficha (tabla 1) se estructuró en torno a diez dimensiones, a las cuales se les asignó un código específico según el comportamiento observado durante la deliberación.
Tabla 1. Ficha de observación estructurada
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Dimensiones |
Códigos |
|
|
1. Participación |
Con interrupciones |
0 |
|
Sin interrupciones |
1 |
|
|
2. Nivel de justificación |
Sin justificación |
0 |
|
Justificación inferior |
1 |
|
|
Justificación cualificada |
2 |
|
|
Justificación sofisticada |
3 |
|
|
3. Contenido de la justificación |
Declaración explícita sobre los intereses del grupo |
0 |
|
Declaración neutral |
1 |
|
|
Declaración explícita del bien común en términos utilitarios |
2a |
|
|
Declaración explícita del bien común en términos de la diferencia |
2b |
|
|
4. Respeto hacia los grupos |
Sin respeto |
0 |
|
Neutral |
1 |
|
|
Respeto explícito |
2 |
|
|
5. Respeto hacia las demandas de los otros |
No respeto |
0 |
|
Neutral |
1 |
|
|
Explícito |
2 |
|
|
6. Respeto por los contraargumentos |
Contraargumentos ignorados |
0 |
|
Contraargumentos incluidos, pero degradados |
1 |
|
|
Contraargumentos incluidos con valoración neutral |
2 |
|
|
Contraargumentos incluidos y valorados positivamente |
3 |
|
|
7. Política constructiva |
Política posicional |
0 |
|
Propuesta alternativa |
1 |
|
|
Propuesta mediadora |
2 |
|
|
8. Utilización de anécdotas e historias |
Ausencia |
0 |
|
Presencia |
1 |
|
|
9. Presencia explícita de propuestas de diálogo |
No |
0 |
|
Sí |
1 |
|
|
10. Presencia de propuestas concretas |
Sin concreción |
0 |
|
Media concreción |
1 |
|
|
Concretas |
2 |
|
Fuente: elaboración propia a partir de Steiner et al. (2004) y Marcos-Marné (2015).
Entrevistas de seguimiento (objetivo específico 3)
Para evaluar si hubo cambios en las posiciones de los participantes respecto a los temas abordados en las asambleas, se aplicaron tres entrevistas de seguimiento:
Resultados
Los datos recogidos mediante los instrumentos detallados en la sección anterior se sistematizaron y se aplicaron técnicas de codificación por frecuencia (cuestionario pre/post y ficha de observación estructurada) y de codificación axial (entrevistas). La integración analítica de los resultados se desarrolló bajo un diseño mixto de carácter transformativo- pragmático, en los términos planteados por Mertens (2023). Desde el paradigma transformativo, la combinación de datos cuantitativos y cualitativos respondió a la intención de generar conocimiento útil para la acción social en contextos históricamente marginados, articulando la evidencia empírica con la voz y la agencia de las comunidades participantes. En la práctica, la integración de resultados siguió un proceso convergente y secuencial, en el que los hallazgos cuantitativos permitieron identificar patrones y tendencias generales de la calidad deliberativa observada, mientras que los análisis cualitativos profundizaron en la interpretación contextual y en la comprensión de los significados atribuidos por los propios actores. Esta triangulación —concebida como un proceso de inter-meshing entre métodos, categorías y perspectivas, según Moran-Ellis et al. (2006, citados por Mertens)— posibilitó un nivel de comprensión más completo y situado del fenómeno, integrando inferencias derivadas de distintos tipos de evidencia y devolviendo los resultados a las comunidades para su validación colectiva.
Percepción de los participantes sobre la calidad deliberativa existente en el territorio
Los líderes y lideresas entrevistados perciben que en los Montes de María existe una baja calidad deliberativa en los procesos de diálogo entre comunidades e instituciones. Aunque reconocen la frecuencia de los espacios de encuentro, estos se perciben como escenarios informativos unidireccionales, en los que las entidades exponen sus agendas sin establecer mecanismos reales de concertación. Esta dinámica genera una relación vertical en la que las comunidades son tratadas como beneficiarias pasivas y no como interlocutores con voz legítima para incidir en la formulación de decisiones.
Uno de los principales obstáculos identificados es la falta de cumplimiento de los acuerdos por parte de las instituciones. Los participantes señalaron que, aunque a veces se alcanzan consensos, estos no se implementan o se modifican sin consultar a las comunidades. También se resaltó la ausencia de mecanismos de seguimiento, lo que mina la confianza en los procesos participativos. Esta percepción se relaciona con la sensación de que las entidades gubernamentales priorizan sus intereses políticos o administrativos por encima de las necesidades expresadas por las comunidades:
Las experiencias de diálogo en la comunidad han sido muchas. En el territorio, las organizaciones, todo el tiempo, estamos dialogando con las instituciones. El tema es que los acuerdos no se cumplen y terminan haciendo lo que a ellos les interesa. (Líder afrodescendiente del municipio de San Onofre, Sucre, octubre de 2023)
En cuanto a la inclusión, los entrevistados señalaron que ciertos grupos enfrentan mayores barreras para participar y ser escuchados. Las mujeres mencionan que su voz suele ser cuestionada o invisibilizada, especialmente cuando abordan temas políticos, lo cual refleja prácticas patriarcales persistentes: “No es fácil que las mujeres hablemos en los espacios porque hay un tema de discriminación en el territorio, y el hablar las mujeres elevan unos temas de riesgos y más cuando haces incidencia en temas políticos” (lideresa del municipio de San Juan Nepomuceno, Bolívar, agosto de 2023). Asimismo, los jóvenes y las personas LGBTIQ+ indicaron que enfrentan exclusión o temor a expresar sus opiniones debido al estigma o a represalias, lo que limita su incidencia en los espacios de deliberación.
A pesar de estas dificultades, también se reconocen experiencias exitosas de articulación entre comunidades e instituciones, en las que se logró avanzar gracias a la mediación de terceros —como organizaciones de cooperación internacional— que actuaron como garantes. Estos casos demuestran que es posible construir acuerdos legítimos y efectivos cuando existen condiciones adecuadas de interlocución, planificación y respeto mutuo entre los actores involucrados.
En relación con la salud mental, los líderes expresaron que la mayoría de las intervenciones institucionales han sido ineficaces y descontextualizadas. El programa de Atención Psicosocial y Salud Integral a Víctimas (PAPSIVI)12, en particular, fue ampliamente criticado por su falta de enfoque territorial, de género y étnico, así como por el uso político de su implementación. Además, señalaron que muchos de los profesionales contratados no comprendían la historia del conflicto en la región ni las formas propias de afrontar el sufrimiento en las comunidades. Esta desconexión refuerza la necesidad de construir políticas públicas de salud mental que reconozcan el contexto, el conocimiento local y la participación activa de las organizaciones comunitarias.
Conformidad de los participantes con las normas discursivas
A continuación se presentan los resultados obtenidos de la aplicación previa y posterior de los cuestionarios, seguidos de los de la ficha de observación estructurada.
Cuestionario previo
Los resultados del cuestionario previo muestran que los líderes y lideresas de las comunidades participantes manifiestan una disposición general positiva hacia el diálogo y la inclusión. Un alto porcentaje expresó su acuerdo con afirmaciones que valoran la diversidad de voces, como “todas las personas tienen algo interesante que aportar”. Sin embargo, este reconocimiento convive con actitudes restrictivas hacia ciertos grupos, como la población LGBTIQ+ y las mujeres, lo que evidencia tensiones entre los valores declarados y las creencias persistentes en torno a la participación equitativa.
En particular, los datos revelan que cerca del 40% de los encuestados está de acuerdo con que las personas LGBTIQ+ solo deberían intervenir en temas de su grupo poblacional, y más de una quinta parte no rechaza totalmente la idea de que las mujeres deben guardar silencio cuando habla un hombre. Estas cifras evidencian la persistencia de normas patriarcales y de exclusión que limitan el ejercicio deliberativo pleno y justifican la necesidad de trabajar activamente en la transformación cultural que exige la democracia inclusiva.
En relación con la atención, los participantes reportaron actitudes mayoritariamente positivas. Todos afirmaron que prestan atención incluso a personas con las que no simpatizan y valoran los aportes de los demás. Sin embargo, también se evidenció que el interés personal influye en la atención: el 80% solo escucha si el tema le resulta interesante, y la mitad admite que suele revisar el celular durante los diálogos. Esto sugiere que, si bien existe una disposición general a la escucha, también existen factores de distracción o de selectividad que pueden afectar la calidad de la interacción.
En cuanto al respeto, la mayoría de los participantes reporta prácticas adecuadas: evitar interrumpir, no atacar la vida personal de los demás y esperar a que el otro termine de hablar. No obstante, el 40% expresó que no permite que le lleven la contraria si considera tener la razón, y el 70% afirmó que interrumpiría a alguien que diga algo incorrecto. Esto indica una tensión entre el respeto como principio y la impulsividad ante el desacuerdo, lo cual puede dificultar la apertura al diálogo y la construcción de consensos.
Finalmente, respecto a la apertura, las respuestas fueron mayoritariamente positivas. Todos los encuestados afirmaron que están dispuestos a rectificar si se equivocan y a escuchar cuando no dominan un tema. También valoran la claridad en la comunicación y reconocen la importancia de hacer preguntas para comprender mejor. Sin embargo, un 30% manifestó que no suele hacer preguntas para ayudar a otros a explicarse mejor, y un 10% no cuida el tono de voz en espacios colectivos. Estas áreas de mejora señalan oportunidades para fortalecer las habilidades comunicativas necesarias para una deliberación efectiva y respetuosa.
Cuestionario posterior
Tras la primera asamblea deliberativa, los resultados del cuestionario aplicado a los participantes evidencian avances significativos en la comprensión y la apropiación de las normas discursivas de la deliberación. En cuanto a la inclusión, se observa una mejora notable: el 100% de los participantes estuvo en desacuerdo con la afirmación de que las mujeres deben guardar silencio cuando habla un hombre, y solo el 20% mantuvo la idea de que las personas LGBTIQ+ deben limitar su participación a temas de su grupo poblacional. Estos resultados indican un mayor reconocimiento del derecho de todos los actores a intervenir en los diálogos comunitarios.
La percepción sobre las capacidades comunicativas de las comunidades indígenas, afro y campesinas también mejoró. El 77% de los encuestados rechazó la idea de que estos grupos tengan dificultades para expresar sus ideas con claridad, lo que refleja una apertura creciente hacia distintas formas de expresión. Asimismo, el 80% manifestó que escucha sin dejarse llevar por la apariencia y el 100% reafirmó que todas las personas tienen algo valioso que aportar, lo que evidencia un fortalecimiento general de la disposición inclusiva.
En relación con la atención, los participantes demostraron una actitud más comprometida con la escucha activa. El 100% declaró prestar atención, sin importar la afinidad personal, y tomar nota de los aportes ajenos. Además, el 90% se manifestó en desacuerdo con la idea de escuchar únicamente cuando el tema es interesante, lo que indica una mayor disposición a considerar temas diversos. Sin embargo, persiste un foco de preocupación: el 70% admitió seguir utilizando el celular durante los diálogos, lo que sugiere que aún hay retos para asegurar una atención plena y sostenida en estos espacios.
En lo referente al respeto, se evidenció una mejora general en las actitudes deliberativas. El 80% de los participantes expresó estar dispuesto a aceptar que le lleven la contraria, lo que refleja una mayor apertura al disenso. Aun así, un porcentaje significativo (70%) continuó afirmando que interrumpiría a alguien si considerara que estaba diciendo algo incorrecto, lo que muestra que algunas prácticas autoritarias aún persisten. De forma alentadora, el 100% manifestó seguir normas básicas de respeto: esperar su turno, pedir la palabra y evitar referirse a la vida personal de los demás.
Finalmente, en cuanto a la apertura, los resultados fueron altamente positivos: el 100 % de los participantes expresó conformidad con actitudes que favorecen el aprendizaje mutuo, como reconocer errores, escuchar para entender mejor y comunicarse de forma clara. También se reafirmó el valor de preguntar cuando algo no se entiende, lo que refuerza el compromiso con una deliberación basada en la construcción conjunta del conocimiento. Estos hallazgos sugieren que la experiencia deliberativa contribuyó de manera efectiva a fortalecer una cultura de diálogo más horizontal, comprensiva y transformadora.
Observación estructurada
La observación estructurada realizada durante la primera asamblea deliberativa permitió evaluar directamente la calidad de las interacciones entre los participantes. Con un total de 129 intervenciones registradas, se evidenció un ambiente de participación relativamente equitativa: 25 de los 30 asistentes intervinieron activamente y solo se interrumpieron 7 intervenciones. Esto sugiere que, en términos generales, se cumplió la norma de inclusión, al permitir que la mayoría de los participantes pudiera expresarse sin ser excluidos ni acallados.
Sin embargo, la inclusión sustantiva —entendida como la participación desde la diferencia y la representación de intereses colectivos— fue más limitada. El análisis del contenido de las justificaciones muestra que la mayoría de las intervenciones fueron neutrales (72%) y que pocas hicieron referencia explícita a los intereses del grupo o al bien común. Aunque hubo menciones al bien común en términos utilitaristas (25) y desde el principio de la diferencia (23), esto no fue la norma. La débil articulación de los intereses colectivos sugiere que aún se requiere fortalecer las capacidades para deliberar desde una perspectiva más comunitaria y orientada a la justicia social.
En relación con la norma de atención, los datos son más alentadores. La baja frecuencia de interrupciones, junto con la estructura facilitada por el moderador, permitió que las personas hablaran con fluidez y que sus ideas fueran escuchadas. Además, el uso de propuestas mediadoras en el 16% de las intervenciones indica una escucha suficiente para identificar posibles puntos de acuerdo. No obstante, la escasa utilización de anécdotas e historias —recurso tradicional en las culturas orales— puede interpretarse como una señal de inhibición expresiva o de una formalización excesiva del espacio, lo que podría limitar las formas de atención empática o afectiva.
El análisis del respeto, tanto hacia los grupos como hacia las opiniones y los contraargumentos, muestra una deliberación caracterizada por la neutralidad más que por el reconocimiento activo. Aunque solo un pequeño porcentaje de las intervenciones fue catalogado como irrespetuoso (4% a 5%), el reconocimiento explícito del otro fue bajo: apenas un 25% mostró respeto hacia los grupos y un 12% hacia las opiniones ajenas. Esto indica que, aunque se evitó el conflicto abierto o las descalificaciones, también faltó una afirmación deliberada del valor del otro como interlocutor.
El respeto hacia los contraargumentos mostró una mayor apertura. Solo 2 intervenciones los ignoraron y 36 los reconocieron de forma neutral o valorativa. Esto revela un avance importante hacia la norma de apertura, entendida como la disposición a considerar perspectivas distintas. No obstante, el hecho de que muchos argumentos propios no estuvieran suficientemente justificados (el 77% no ofreció razones claras) limita el potencial transformador de la deliberación. La apertura requiere no solo escuchar al otro, sino también ofrecer argumentos sólidos que puedan ser evaluados y discutidos críticamente.
La dimensión de propuestas concretas y el número relativamente bajo de intervenciones con orientación propositiva (21 con propuestas mediadoras; 6 con propuestas concretas) señalan que, si bien existió cierta apertura al acuerdo, aún hay dificultades para transitar del diagnóstico compartido a la acción colectiva. Esto puede deberse a una escasa experiencia previa en espacios de deliberación estructurada o a limitaciones en el conocimiento práctico para convertir ideas en propuestas viables.
En conjunto, la observación estructurada confirma que el diseño de la asamblea logró crear un ambiente deliberativo significativamente seguro y equitativo, en el que se dieron pasos importantes hacia la inclusión, la atención, el respeto y la apertura. Sin embargo, el bajo nivel de argumentación, la escasa presencia de justificaciones orientadas al bien común y la escasa valoración explícita del otro evidencian que la calidad deliberativa aún enfrenta desafíos.
Cambios en las posiciones de los participantes
Las tres entrevistas realizadas evidencian una transformación en las creencias y las valoraciones de los participantes sobre el castigo físico como práctica de crianza, el consumo de sustancias psicoactivas y las estrategias de afrontamiento del temor y la tristeza. Es plausible que este resultado surja en parte del diseño de las asambleas deliberativas, que incluye espacios para que expertos brinden conocimiento especializado sobre cada una de las temáticas a abordar y que estos se nutran de las experiencias y conocimientos de los deliberantes.
En el tema del castigo físico como práctica de crianza, las entrevistas revelan que muchos participantes ingresaron al ejercicio con posturas que legitimaban esta práctica, ancladas en tradiciones familiares y en visiones autoritarias de la crianza. Expresiones como “a nosotros nos criaron así y no nos pasó nada” eran frecuentes al inicio: “Uno ahora no le puede gritar, ni un pelo, porque enseguida se guinda. Y antes nos azotaban como burros y no nos pasó nada. Yo le agradezco a mi mamá porque yo sé trabajar. Yo me sé defender” (líder indígena del municipio de Colosó, Sucre, octubre de 2023).
A lo largo de la discusión, se construyeron acuerdos sobre cómo se manifiesta el problema del castigo físico, identificando su normalización y legitimación culturales como práctica de crianza. Se evidenció que el castigo físico crea un ciclo de violencia que se perpetúa en las generaciones futuras, ya que los hijos la replican en sus hogares. La falta de diálogo entre padres e hijos se reconoció como un factor crítico que conduce a la ruptura y la desconexión en estas relaciones.
Los participantes señalaron que los hijos desarrollan estrategias de afrontamiento de problemáticas, como el alcoholismo, la drogadicción y la tendencia a unirse a grupos armados, como respuestas a un entorno violento. Asimismo, se identificó que el castigo físico como práctica de crianza se mantiene debido a la falta de pedagogía y de estrategias educativas dirigidas a las familias, así como a la carencia de formación en competencias para la vida entre los jóvenes y a la ausencia de una política pública que sancione la violencia. Las consecuencias de esta situación se manifiestan en la fragmentación de las familias, el aumento de paternidades y maternidades sobrecargadas y la perpetuación del ciclo de violencia en los hogares.
Finalmente, el consenso entre los participantes destacó la necesidad de buscar métodos alternativos para una crianza responsable. Se sugirieron herramientas como el diálogo, el tiempo compartido en familia, la construcción de confianza y el fomento de entornos comunitarios seguros, que pueden minimizar los problemas asociados al uso de prácticas violentas en la crianza.
Este cambio colectivo de opiniones estuvo vinculado no solo a la información detallada que se brindó sobre la ley que prohíbe el castigo físico como práctica de crianza (Ley 2089 de 2021) y los efectos del castigo en la salud mental de niñas y niños, sino también al espacio de vulnerabilidad colectiva que se generó durante la deliberación13. Al compartir experiencias personales, varios participantes revalorizaron sus propias prácticas y reconocieron las consecuencias intergeneracionales de la violencia en la crianza. Se pasó así de una aceptación cultural del castigo a un cuestionamiento ético, acompañado de la voluntad de adoptar estrategias alternativas más dialogadas y cuidadosas.
En relación con el consumo problemático de sustancias psicoactivas, los participantes demostraron, tras la asamblea, un conocimiento más matizado del fenómeno. Si bien inicialmente se asociaba el consumo exclusivamente con la juventud y con comportamientos desviados, después del espacio deliberativo se reconocieron múltiples factores estructurales que lo alimentan: la falta de oportunidades, la desintegración familiar, el trauma no resuelto y la exclusión social. También se amplió la comprensión de las diferencias entre consumo ocasional, dependencia y consumo problemático, lo que permitió una mirada menos estigmatizante hacia quienes consumen. Al final del proceso, además, se evidenció que los participantes desarrollaron una visión más integral del consumo de sustancias, que incluyó el consumo de alcohol y tabaco.
Los participantes destacaron que el diálogo permitió visibilizar el rol que desempeñan los adultos y las figuras de autoridad en la reproducción de patrones de consumo, así como la necesidad de prevenir desde la comunidad, no solo desde la institucionalidad. En varios casos, se mencionó que las conversaciones continuaron en el entorno familiar o comunitario tras la asamblea, lo que sugiere un efecto multiplicador del espacio deliberativo. La disposición a incidir colectivamente para mitigar el problema también se fortaleció, con énfasis en estrategias de educación y contención:
Nosotros acá no tenemos acceso a nada, no hay salud mental en Montes de María porque acá no llegan los psicólogos y cuando llegan, atienden a unos pocos. Es una pelea uno encontrar una cita con un especialista, toca ir a Cartagena, a Barranquilla y uno no tiene para los pasajes. (Lideresa de El Guamo, Bolívar, agosto de 2023)
Entre los resultados obtenidos con la aplicación de la entrevista de seguimiento a la tercera asamblea deliberativa, se evidenció una transformación significativa en las opiniones de los participantes sobre las estrategias de afrontamiento del temor y la tristeza. En un inicio, estos consideraban que la atención a su salud mental y la forma de hacer frente a las tristezas, miedos y dolores generados por la violencia del conflicto armado dependían exclusivamente de la atención especializada brindada en clínicas, orientadas por médicos; y que la falta de acceso a estos servicios había llevado a la percepción de que no existían alternativas viables para el cuidado de su salud mental dentro de sus comunidades.
Sin embargo, durante la asamblea deliberativa, se contó con la participación de mujeres integrantes del proceso de las Tejedoras de Mampuján del municipio de Maríalabaja14. Estas mujeres, víctimas del conflicto armado, han utilizado el arte de coser tela sobre tela no solo para construir la memoria colectiva de sus vivencias, sino también como un medio de sanación y de cuidado colectivo. Al integrar esta experiencia en el diálogo, los participantes comenzaron a recordar prácticas comunitarias que, aunque no se reconocían como tales, han sido fundamentales para el cuidado de su salud mental.
Actividades como el desarrollo de procesos organizativos que fomentan espacios de encuentro, el tejido de palma de iraca en las comunidades indígenas —que permite liberar tensiones corporales y propiciar el diálogo—, así como la música, el arte, la danza, la gastronomía, los festejos y la medicina ancestral, fueron enunciadas como prácticas montemarianas que contribuyen al bienestar psicosocial:
Creemos que las formas organizativas han sido primordiales y fundamentales en todos los ámbitos con relación a las organizaciones y a la defensa de derechos de las lideresas de Montes de María. Yo sí creo que hemos mitigado un poco esas tristezas y esas secuelas que nos dejó el conflicto y que aún permanecen, pero que hemos mitigado en trabajo social, en apoyarnos las unas con las otras, en crear esas escuelas de empoderamiento, además de empoderamiento de confianza, porque de una u otra manera las mujeres nos cuentan lo que cada día les pasa en su vida cotidiana, en su entorno y todo aquello que nos dejó el conflicto. (Lideresa afrodescendiente del municipio de San Onofre, Sucre, octubre de 2023)
Este intercambio generó consenso y conocimiento común sobre las capacidades de resiliencia y reconstrucción del tejido social en Montes de María. Los participantes reconocieron que estas prácticas no solo han sido mecanismos de afrontamiento ante la adversidad, sino que también han fortalecido el sentido de comunidad y la conexión emocional entre sus miembros, promoviendo un ambiente propicio para la sanación y el cuidado colectivo.
Finalmente, los testimonios revelan que la participación en las asambleas no solo generó aprendizajes individuales, sino también una mayor disposición a compartir lo aprendido, a dialogar con otros y a promover cambios en sus comunidades. Esta circulación de ideas y emociones más allá del espacio deliberativo muestra que los ejercicios no se limitaron a producir consensos puntuales, sino que activaron procesos más amplios de transformación subjetiva y organizativa. Así, los cambios en las posiciones de los participantes confirman el potencial de la deliberación como herramienta para la democratización del cuidado, el fortalecimiento comunitario y la incidencia en políticas públicas sensibles al territorio.
Discusión
Los resultados de esta investigación sugieren que, si bien los líderes y lideresas comunitarios de los Montes de María reconocen históricamente una baja calidad deliberativa en los espacios institucionales existentes, los ejercicios de deliberación estructurada, como las asambleas desarrolladas en el proyecto, pueden mejorar sustancialmente esa situación. La implementación de condiciones deliberativas adecuadas —como la moderación imparcial, la presentación equilibrada de la información y un entorno físico acogedor— probablemente permitió activar normas discursivas clave, lo que generó un ambiente más propicio para el intercambio respetuoso y la participación equitativa.
Uno de los aportes de este estudio es la constatación de que, incluso en contextos marcados por la desconfianza institucional, la fragmentación social y la persistencia de normas excluyentes, es posible crear espacios deliberativos que promuevan transformaciones en las disposiciones cognitivas, afectivas y éticas de los participantes. La mejora en los niveles de inclusión, atención, respeto y apertura, registrada tanto en los cuestionarios como en la observación estructurada, sugiere que estas normas no solo pueden enseñarse, sino que también pueden practicarse colectivamente en condiciones favorables.
A pesar de estos avances, los resultados también evidencian límites importantes en la deliberación. El bajo nivel de justificación de las intervenciones, la escasa referencia explícita al bien común y la débil formulación de propuestas concretas muestran que muchos participantes aún carecen de herramientas argumentativas sólidas o de experiencia en procesos de toma de decisiones colectivas. Esto indica que la calidad deliberativa no depende únicamente del entorno, sino también del desarrollo progresivo de capacidades deliberativas individuales y colectivas (al respecto, ver Bohman 1997).
Otro hallazgo relevante es que la neutralidad fue la norma predominante en las interacciones, especialmente en lo que respecta al respeto hacia los grupos sociales y las opiniones ajenas. Si bien se evitó el conflicto abierto, también hubo escasa afirmación positiva por parte del otro. En el marco de la democracia deliberativa, el respeto no debe entenderse solo como la ausencia de agresión, sino también como el reconocimiento activo de la legitimidad del otro como interlocutor. Este tipo de respeto afirmativo es particularmente importante en contextos de exclusión histórica y de violencia estructural (Young 1997), como los que han vivido las comunidades del Caribe colombiano.
En cuanto a los efectos transformadores de la deliberación, las entrevistas de seguimiento mostraron cambios sustanciales en las creencias y valoraciones de los participantes, especialmente en relación con el castigo físico, el consumo de sustancias psicoactivas y las estrategias de afrontamiento del sufrimiento. Estas transformaciones no solo evidencian la potencia cognitiva de la deliberación, sino también su dimensión emocional y moral, que se activa cuando el diálogo permite reconocer en el otro un espejo de la propia experiencia.
Los resultados también permiten cuestionar enfoques tecnocráticos y verticales de la salud mental, mostrando que la deliberación puede ser una vía para democratizar el cuidado, visibilizar saberes locales y construir estrategias culturalmente pertinentes. La deliberación no reemplaza las políticas públicas, pero sí puede reorientarlas desde las voces de quienes han vivido el conflicto y sus secuelas. En este sentido, el estudio aporta evidencia para pensar la deliberación no solo como mecanismo participativo, sino también como dispositivo de reparación simbólica, de empoderamiento ciudadano y de justicia cognitiva.
Finalmente, este ejercicio demuestra que los procesos deliberativos no deben entenderse como eventos únicos, sino como prácticas sostenidas que requieren tiempo, acompañamiento, repetición y reflexión (Curato et al. 2017). Fortalecer la democracia deliberativa en territorios como Montes de María exige invertir en capacidades locales, institucionalizar espacios de encuentro y construir una pedagogía del diálogo que permita, poco a poco, transformar la cultura política desde abajo. En este proceso, las normas de inclusión, atención, respeto y apertura no son solo reglas procedimentales: son principios éticos para imaginar y construir sociedades más justas, cuidadoras y democráticas.
Conclusiones
Los resultados de esta investigación sugieren que las asambleas deliberativas desarrolladas en el marco del proyecto lograron activar condiciones que favorecieron el ejercicio de normas discursivas fundamentales para una democracia deliberativa genuina: inclusión, atención, respeto y apertura. A pesar de que los líderes y lideresas participantes reconocen una baja calidad deliberativa en sus experiencias previas con las instituciones —caracterizadas por el incumplimiento de acuerdos, la instrumentalización de los espacios participativos y la exclusión de voces marginalizadas—, el diseño situacional de estas asambleas posibilitó una interacción más equitativa, cuidadosa y reflexiva entre los actores convocados.
Por medio de un proceso cuidadosamente estructurado, con facilitación imparcial, acceso equitativo a la información y entornos deliberativos culturalmente adecuados, los participantes no solo mejoraron su disposición a escuchar, argumentar y considerar perspectivas diferentes, sino que también comenzaron a transformar creencias y valores arraigados en torno a prácticas naturalizadas como el castigo físico, el consumo problemático de sustancias psicoactivas y el papel de las comunidades en la promoción del bienestar psicosocial. Estas transformaciones, observadas tanto en los instrumentos cuantitativos como en los cualitativos, confirman el potencial de la deliberación no solo como práctica democrática, sino también como experiencia ética y pedagógica (Goodin 2003).
Este ejercicio adquiere una dimensión aún más significativa cuando se considera el contexto institucional en el que se desarrolla: un territorio marcado por la captura del Estado y de sus servicios públicos, en particular los de salud mental. Como evidenciaron los testimonios, los programas de atención en salud mental y de apoyo psicosocial han sido cooptados por élites locales y operadores privados sin conexión con el territorio, lo que desvirtúa su potencial reparador. Frente a esta distorsión del Estado social de derecho, la deliberación emerge como un contrapoder democrático, capaz de visibilizar las carencias del sistema, reponer la voz de las víctimas y construir propuestas de política pública desde abajo, con legitimidad social y pertinencia cultural.
Más allá de su valor democrático, el estudio sugiere que la deliberación también tiene un potencial terapéutico. Al habilitar espacios de escucha respetuosa, de reconocimiento afectivo y de elaboración simbólica del dolor, las asambleas se convirtieron en lugares de contención y cuidado mutuo. La posibilidad de compartir experiencias personales y resignificarlas colectivamente permitió a varios participantes vincular sus historias de sufrimiento con trayectorias de resistencia y abrir caminos hacia el perdón, la reconciliación familiar y la sanación intergeneracional. En contextos atravesados por el trauma, la deliberación puede funcionar como un dispositivo de reparación subjetiva y relacional, complementario de la atención clínica o institucional (al respecto, ver Richards et al. 2022).
En conclusión, este estudio demuestra que la deliberación no es un lujo institucional ni un ejercicio formal de participación, sino una herramienta potente para la transformación de subjetividades, la reconstrucción del tejido social y la democratización del cuidado en territorios excluidos. Para que esta potencia se despliegue plenamente, se requiere invertir en procesos de formación deliberativa, institucionalizar espacios de encuentro ciudadano y garantizar condiciones materiales e institucionales que permitan que la palabra florezca donde antes solo hubo silencio, fragmentación o imposición. En sociedades heridas por la violencia y la exclusión, la deliberación puede ser semilla de justicia, esperanza y comunidad.
Referencias
✽ La investigación de la que deriva este artículo se realizó en el marco del proyecto “Diseño participativo de un modelo de atención psicosocial en salud mental en las comunidades de los Montes de María, en el marco de la emergencia sanitaria generada por el Covid-19”, el cual fue desarrollado entre 2020 y 2024 por la Facultad de Psicología de la Pontificia Universidad Javeriana sede Bogotá (Colombia), en colaboración con el Grupo Regional de Memoria Histórica de la Universidad Tecnológica de Bolívar (Colombia) y la Universidad de Keele (Reino Unido). El proyecto fue financiado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de Colombia (Minciencias) y el Fondo Newton del Reino Unido. Las y los coautores participaron de manera equitativa en el trabajo de campo, la sistematización y el análisis de la información, así como en la redacción del artículo.
1 La subregión de los Montes de María está conformada oficialmente por 15 municipios de los departamentos de Bolívar (María La Baja, El Guamo, San Juan Nepomuceno, San Jacinto, El Carmen de Bolívar, Zambrano y Córdoba Tetón) y Sucre (Ovejas, Chalán, Colosó, Los Palmitos, Morroa, San Antonio de Palmito, Toluviejo y San Onofre). Este es uno de los territorios más gravemente afectados por el conflicto armado colombiano, y aún hoy sufre de trágicas consecuencias económicas, políticas, psicológicas y socioculturales derivadas de él. Para un breve recuento histórico del conflicto armado, la resistencia comunitaria y los impactos socioculturales de la violencia en los Montes de María ver Abitbol (2023). Al respecto, ver también Lederach (2023), CNMH (2022), CODHES et al. (2020), Instituto de Estudios Interculturales (2019) y González (2014).
2 El proyecto “Diseño participativo de un modelo de atención psicosocial en salud mental en las comunidades de los Montes de María, en el marco de la emergencia sanitaria generada por el Covid-19”, fue desarrollado entre 2020 y 2024, por la Facultad de Psicología de la Pontificia Universidad Javeriana (Bogotá, Colombia), en colaboración con el Grupo Regional de Memoria Histórica de la Universidad Tecnológica de Bolívar (Colombia) y la Universidad de Keele (Reino Unido), y gracias a la financiación del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de Colombia con recursos provenientes del Patrimonio Autónomo Fondo Nacional de Financiamiento para la Ciencia, Tecnología y la Innovación Francisco José de Caldas (Contrato 807408662020) y el Fondo Newton del Reino Unido. Agradecemos profundamente la calidez de las comunidades y organizaciones sociales —especialmente al Espacio Regional de Construcción de Paz de los Montes de María y a las OPDS Montes de María— que nos acogieron en el territorio, así como a las lideresas y a los líderes sociales que participaron en el proyecto. Nuestro agradecimiento también a las y los asistentes de investigación que colaboraron de manera ejemplar durante las diversas fases del proyecto: Shelsey Álvarez, Brindy Cantillo, Sara Lucía Forero, Juliana Sofía Gómez, María José Martínez, Alejandra Peñata, Daniela Valdelamar, Anyela Villadiego, Laura Cano y María Juliana Reyes.
3 Un ejemplo característico de las prácticas de autocuidado que han emergido en las comunidades montemarianas para atender las secuelas psicosociales del conflicto armado es el de las Tejedoras de Mampuján: un colectivo de mujeres afrocampesinas que, para enfrentar las graves afectaciones psicosociales sufridas tras su desplazamiento forzado, tomaron la decisión de reunirse para tejer tapices de memoria y sanación, inspirados en un sincretismo de las técnicas del quilting, las molas y “las famosas sabanas de tiritas, herencia africana, enseñanzas de las abuelas afros” (Ruiz Hernández et al. 2019, 74). Prácticas de este tipo abundan en la región de los Montes de María.
4 El proceso de cocreación de la investigación se conectó con un proceso previo de interacción entre la academia y las comunidades, en particular con las organizaciones de base, las lideresas y los líderes sociales. Esto permitió crear relaciones de confianza, especialmente importantes para trabajar con comunidades marginadas o violentadas, así como construir visiones compartidas sobre el contexto, los problemas y las aspiraciones de las personas, las cuales facilitaron la identificación de líneas y temas de investigación realmente pertinentes para el territorio. A su vez, la aplicación de la IPBC —enraizada en la investigación-acción participativa (IAP) clásica— permitió validar y devolver los resultados de la investigación en formatos útiles, tanto para su difusión en las comunidades y las entidades del sistema de salud, como para nutrir procesos de incidencia de las organizaciones sociales en las políticas públicas y los procesos de cooperación para el desarrollo que tienen lugar en sus territorios.
5 Existe una amplia literatura académica que problematiza tanto la teoría como los ejercicios de aplicación práctica de la democracia deliberativa (ver Bächtiger et al. 2018; Brennan 2016; Elster 1998). Sin embargo, el asunto de la teorización y la implementación de la deliberación en contextos no WEIRD, acrónimo de sociedades Western, Educated, Industrialized, Rich, and Democratic —es decir, occidentales, educadas, industrializas, ricas y democráticas— (ver Henrich et al. 2010), aún permanece singularmente inexplorado; esperamos que esta investigación sea una pequeña contribución en dicha dirección.
6 Una revisión sistemática de la literatura teórica, empírica y práctica sobre democracia deliberativa realizada por Curato et al. en 2017, registra una serie de consensos emergentes sobre algunos temas clave que han sido objeto de amplio debate en las últimas décadas, entre ellos, el de la viabilidad y la conveniencia de la implementación de ejercicios deliberativos en sociedades profundamente divididas, en conflicto o posconflicto: “Se han aplicado procesos deliberativos en sociedades divididas como Sudáfrica, Turquía, Bosnia, Bélgica e Irlanda del Norte. Dada la profundidad del desacuerdo entre los grupos en conflicto, las prácticas deliberativas no buscan ni producen consensos (entendidos como acuerdos universales tanto sobre un curso de acción como sobre las razones para adoptarlo), pero desempeñan un papel crucial en la construcción de ‘acuerdos de trabajo’ entre las partes en conflicto. Bajo las condiciones adecuadas, la deliberación en sociedades divididas puede contribuir a tender puentes entre los conflictos profundos” (34; traducción de los autores).
7 Diversas investigaciones han explorado los impactos psicosociales del conflicto armado en los Montes de María. Entre ellas, un estudio reciente de Rubio-León et al. (2025a, 1) aplicó métodos mixtos de investigación en la subregión y encontró que existen “relaciones significativas entre diferentes determinantes sociales de la salud (DSS) […] y las variables de salud mental de ansiedad, depresión y estrés. El apoyo social y el sentido de comunidad parecen ser factores protectores de la salud mental. Datos cualitativos revelaron que el conflicto armado, el abandono estatal, asuntos económicos, falta de oportunidades, capital social, cohesión social y barreras de acceso a servicios de salud mental son DDS que han impactado la salud mental actual de la comunidad”. Respecto a la precariedad y las barreras de acceso a los servicios de salud mental en la subregión, ver Rubio-León (2025b).
8 Desde esta perspectiva, la presente propuesta metodológica busca también situarse en el contexto actual de los debates en torno a la cocreación en salud mental, particularmente desde el Sur Global (ver Longworth et al. 2024).
9 La selección de las y los participantes se llevó a cabo en conjunto con el Espacio Regional de Construcción de Paz de los Montes de María y las OPDS Montes de María. Se procuró que la muestra de lideresas y líderes seleccionados para participar en el estudio fuera heterogénea en cuanto a sexo, identidad de género, orientación sexual, edad y autorreconocimiento étnico. A su vez, se les solicitó a las líderesas y a los líderes de las organizaciones que identificaran personas víctimas del conflicto armado que tuvieran experiencias significativas sobre asuntos de salud mental en sus comunidades, para integrarlas en las deliberaciones, respetando también el criterio de heterogeneidad. Todas y todos dieron su consentimiento informado para la participación en la investigación.
10 Este ítem responde a las consideraciones expuestas en Gambetta (1998).
11 Ver Pettit (1999).
12 El Programa PAPSIVI hace parte del Plan Nacional para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas que busca dar respuesta a las medidas de rehabilitación en el marco de la reparación integral a las víctimas del conflicto armado en Colombia (Ley 1448 de 2011, artículo 137). Este programa es implementado por el Gobierno nacional, a través del Ministerio de la Salud y Protección Social, y está estructurado como un conjunto de actividades, procedimientos e intervenciones interdisciplinarias para atender los impactos psicosociales y los daños en la salud física y mental de las víctimas del conflicto armado, en los ámbitos individual, familiar y comunitario (incluido en este los sujetos de reparación colectiva), con el fin de mitigar su sufrimiento emocional, contribuir a la recuperación física y mental y a la reconstrucción del tejido social en sus comunidades.
13 Todas las asambleas deliberativas se ajustaron al protocolo de cuidado y autocuidado del Grupo Regional de Memoria Histórica (GRMH) de la Universidad Tecnológica de Bolívar (UTB) y contaron con la presencia permanente de profesionales con entrenamiento en primeros auxilios psicológicos, manejo de crisis y apoyo psicosocial.
14 Ver nota 3.
Magíster en Métodos de Investigación Social por la Universidad Tecnológica del Bolívar (UTB), Colombia. Investigadora del Grupo Regional de Memoria Histórica de la UTB. https://orcid.org/0000-0002-5082-2577 | blanto06@gmail.com
Ph.D. en Economía por la Universität Witten/Herdecke, Alemania. Profesor en la Universidad Tecnológica del Bolívar (UTB), Colombia, y coordinador del Grupo Regional de Memoria Histórica (GRMH UTB). https://orcid.org/0000-0002-9862-9493 | pabitbol@utb.edu.co
Ph.D. en Salud Pública por la Universidad de Antioquia, Colombia. Profesora en la Pontificia Universidad Javeriana, Colombia. Pertenece al grupo de investigación en Psicología y Salud de la misma institución. https://orcid.org/0000-0002-7672-9776 | rubio.diana@javeriana.edu.co
Magíster en Psicología Clínica por la Pontificia Universidad Javeriana, Colombia. Profesora del Departamento de Psicología en la misma institución. Pertenece al grupo de investigación en Psicología y Salud. https://orcid.org/0000-0001-9888-397X | dennys.garcia@javeriana.edu.co