Trayectorias imbricadas: subjetivación política, luchas de migración y ciudadanías territoriales en Chile✽

María Fernanda Stang, Mariela Nadine Delgado Silva y Laura García del Río

Recibido: 2 de septiembre de 2025 | Aceptado: 16 de febrero de 2026 | Modificado: 27 de febrero de 2026

https://doi.org/10.7440/res96.2026.02

Resumen | En este artículo se aborda cómo se imbrican las trayectorias migratorias, las trayectorias de subjetivación política y las trayectorias de implicación en luchas de migración en Chile, con el objetivo de conocer las formas heterogéneas de subjetivación política de las personas migrantes ligadas a estas luchas y las especificidades que la extranjeridad imprime a ese proceso. Del mismo modo, se busca reflexionar sobre cómo esta imbricación incide en la reconfiguración de las ciudadanías en un destino emergente de las migraciones sur-sur: Chile. A partir del análisis del discurso de un corpus compuesto por relatos de vida de 45 personas migrantes que participan en organizaciones sociales y políticas en tres regiones de Chile (Tarapacá, Antofagasta y Metropolitana), identificamos cuatro tipos de imbricaciones principales. Ponemos el foco en aquellas trayectorias de subjetivación política que se inician con la implicación en luchas de migración en el país de residencia, impulsadas por la demanda por el derecho a la vivienda y la ciudad. Sostenemos que en este tipo de luchas es posible observar la emergencia de actos de ciudadanía territorializada que implican la configuración de subjetivaciones políticas y ciudadanas en las que se construyen otras formas de lazo sociopolítico y de relación con el Estado.

Palabras clave | ciudadanía; luchas de migración; migración sur-sur; subjetivación política; territorio

Interwoven Trajectories: Political Subjectivation, Migration Struggles, and Territorial Citizenship in Chile

Abstract | This article explores the intersections between migratory trajectories, processes of political subjectivation, and forms of involvement in migration struggles in Chile. Its aim is to capture the heterogeneous ways in which migrants become politically constituted through these struggles, while also considering the specific imprint that foreignness leaves on this process. It further reflects on how these intersections contribute to reshaping citizenship in Chile as an emerging destination within SouthSouth migration flows. The analysis draws on discourse analysis of a corpus of life histories from 45 migrants engaged in social and political organisations across three regions of Chile (Tarapacá, Antofagasta, and the Metropolitan Region), through which four main types of intersection are identified. Particular attention is given to trajectories of political subjectivation that originate in involvement in migration struggles in the country of residence, especially those driven by demands for the right to housing and to the city. The article argues that such struggles give rise to territorialised acts of citizenship, where new forms of political and civic subjectivation emerge alongside alternative ways of constructing sociopolitical ties and relating to the state.

Keywords | citizenship; migration struggles; political subjectivation; South–South migration; territory

Trajetórias imbricadas: subjetivação política, lutas migratórias e cidadania territorial no Chile

Resumo | Este artigo analisa como trajetórias migratórias, trajetórias de subjetivação política e trajetórias de engajamento nas lutas migratórias no Chile estão interligadas, com o objetivo de conhecer as formas heterogêneas de subjetivação política dos migrantes ligadas a essas lutas e as especificidades que a estrangeiridade imprime nesse processo. Da mesma forma, busca refletir sobre como essa imbricação afeta a reconfiguração das cidadanias em um destino emergente das migrações Sul-Sul: o Chile. Com base na análise do discurso de um corpus composto por histórias de vida de 45 migrantes que participam de organizações sociais e políticas em três regiões do Chile (Tarapacá, Antofagasta e Metropolitana), identificamos quatro tipos de articulações principais. Concentramo-nos nas trajetórias de subjetivação política que começam com o envolvimento nas lutas migratórias no país de residência, impulsionadas pela demanda pelo direito à moradia e à cidade. Argumentamos que, nesse tipo de luta, é possível observar o surgimento de atos de cidadania territorializada, que implicam a configuração das subjetivações políticas e cidadãs nas quais outras formas de laços e relações sociopolíticas com o Estado são construídas.

Palavras-chave | cidadania; lutas migratórias; migração Sul-Sul; subjetivação política; território

Introducción

Abdelmalek Sayad, el sociólogo argelino cuyo trabajo implicó un giro epistemológico en los estudios migratorios, habla de las ilusiones asociadas a una presencia inmigrante construida como presencia extranjera. Una de esas ilusiones es la de su neutralidad política: “No solo la neutralidad que se exige del inmigrante sino tal como ella se impone al propio fenómeno de la inmigración (o de la emigración), cuya naturaleza intrínsecamente política es enmascarada, cuando no es negada, en provecho de su única función económica” (1998, 19, traducción propia). La inmigración es, en efecto, un hecho político negado, incluso por buena parte de los propios migrantes, que también han aprehendido el pensamiento de Estado (Sayad 2010) en su construcción como sujetos políticos en sus países de origen:

El orden nacional está fundado desde el punto de vista cognitivo por el pensamiento de Estado, que define la política como dimensión, acción e interés extraños a las personas migrantes, puesto que ellas no pertenecen al espacio del Estado y, por lo tanto, a su vida pública. Esta manera de pensar atribuye al Estado el poder de habilitar el accionar político y, en consecuencia, definir quién es sujeto público, por lo que reconoce la política como un campo exclusivo de los nacionales. (Avallone 2018, 67)

Empero, la invisibilización de esta dimensión política es insostenible, como lo han mostrado los estudios sobre migración y participación social y política, que constituyen un ámbito de trabajo relativamente prolífico a nivel internacional. Así, este artículo se sitúa en la línea que aborda el vínculo entre migración, acción colectiva y movimientos sociales, en específico respecto de las luchas de migración (Casas-Cortes et al. 2015; Mezzadra 2012; Perissinotti 2016), un frente investigativo reciente y escasamente explorado en Sudamérica (Domenech y Boito 2019).

La acción política de las personas que migran a Chile ha sido muy poco trabajada, mientras que sí es posible rastrear estudios sobre la demanda por el voto y la organización de chilenos que residen en el exterior (Jensen y Perret 2011; Pereyra 2000), la reconstrucción identitaria de exiliados (Bădescu 2021; Berrios-Riquelme et al. 2019; Bolzman 2009), las organizaciones de personas migrantes y el vínculo con la acción colectiva (Barrera 2024; Luque Brazán 2007; Rojas 2021) y la participación política de inmigrantes a partir del voto (Finn 2020; Pujols 2020). Las luchas migrantes, como constructo analítico proveniente de la perspectiva de la autonomía de las migraciones, han aparecido más recientemente para abordar experiencias organizativas y subjetivaciones políticas (Stang 2021; Stang y Stefoni 2022), así como prácticas de resistencia al régimen migratorio en el norte de Chile (Groos 2023; Liberona Concha et al. 2022).

En este artículo ponemos el foco en un aspecto menos trabajado: la imbricación entre las trayectorias migratorias, las trayectorias de subjetivación política y las trayectorias de implicación en luchas de migración. Nuestro objetivo es conocer tanto las formas heterogéneas de subjetivación política de las personas migrantes ligadas a estas luchas como las especificidades que la extranjeridad imprime a ese proceso, además de reflexionar sobre el modo en que ambos factores inciden en la reconfiguración de las ciudadanías en Chile, un destino emergente de las migraciones sur-sur. A partir de 45 relatos de vida de personas migrantes que participan en organizaciones sociales vinculadas con diversas luchas de migración en tres regiones de Chile —Tarapacá, Antofagasta y Región Metropolitana—, presentamos primero una descripción del panorama general de estas imbricaciones, para después analizar una de ellas: las subjetivaciones políticas que se inician en el país de residencia mediante la implicación en luchas de migración relacionadas con la demanda por el derecho a la vivienda y la ciudad. Sostenemos que estas luchas permiten observar la emergencia de actos de ciudadanía territorializada que pueden contribuir a arrojar luz sobre la construcción de formas contenciosas1 de subjetivación política y ciudadana en las que la dimensión de la extranjeridad desempeña un papel relevante, por el germen herético que supone y su relación con la ciudadanía en términos convencionales2.

El caso de Chile resulta de particular interés para este análisis, pues posibilita examinar estos procesos en el contexto de un destino emergente en las migraciones en sentido sur-sur. En efecto, durante la última década, el país ha sido uno de los tres principales destinos de la migración intrarregional en Sudamérica (OIM 2021), un proceso que comenzó a mediados de la década de 1990 y que se aceleró y diversificó en los últimos años, al punto de que Chile se consolidó como uno de los países con mayor crecimiento migratorio en el mundo entre 2018 y 2022 (SJM 2022)3. Este rápido crecimiento ocurrió en un escenario de reconfiguración del mapa migratorio sudamericano y de regionalización de las políticas migratorias, las cuales se han ido asemejando cada vez más a las dominantes en el norte global (Días y Domenech 2020), en las que priman medidas restrictivas y expulsoras, con lo cual las fronteras y las políticas de control se han convertido en un campo significativo de disputa política. Esto ha ido acompañado de una intensificación de discursos xenófobos, racistas y criminalizantes, generados tanto por los medios masivos de comunicación como por representantes de diferentes niveles del Estado, al igual que por una parte importante de la sociedad. Observar la configuración de sujetos políticos que desbordan la distinción nacional/extranjero y desafían su impugnación política en un escenario adverso como este permite arrojar luz sobre formas contenciosas de construcción de nuevas ciudadanías, ámbito al que este artículo pretende contribuir desde una mirada situada.

Trayectorias, subjetivaciones y luchas: notas conceptuales

El propósito de este artículo anuda varios conceptos que determinaron el lugar teórico desde el que se construyó y analizó la evidencia. Situados en el campo de los estudios migratorios críticos con enfoque sociológico, estos conceptos son trayectoria, subjetivación política, luchas de migración y, a partir de los hallazgos en los que queremos enfocarnos, algunos elementos de la amplia discusión en torno a la idea de ciudadanía.

Nuestro modo de entender la idea de trayectoria (migratoria, de subjetivación e implicación política) surge de un ensamblaje conceptual: por una parte, tomamos la definición que De Certeau (2000) propone para este concepto: “un movimiento temporal en el espacio, es decir, la unidad de una sucesión diacrónica de puntos recorridos, y no la figura que estos puntos forman en un lugar supuestamente sincrónico o acrónico” (2000, 41). Aquí, la idea de movimiento temporal evoca con bastante aproximación la manera compleja en que se producen las trayectorias de migración y de subjetivación. Por otra parte, consideramos la idea de ondulación vital de la migración de Velasco y Gianturco (2012), quienes sostienen que la experiencia vital del desplazamiento geográfico “no se agota en el viaje de ida y vuelta, sino que surge más como una experiencia que integra múltiples lugares unidos por movimientos multidireccionales, traducidos en eventos biográficos enlazados en formas vitales complejas” (2012, 117), eventos biográficos que ponen de relieve la dimensión temporal de estas trayectorias. En definitiva, se trata de un allá y un acá, que son también un antes, un ahora y un después, vinculados de forma no lineal en esas trayectorias vitales que migran.

En nuestro trabajo, el interés por estas trayectorias se centra en sus intersecciones en el campo político. Es ahí donde aparece la noción de subjetivación política, que ha mostrado ser heurísticamente productiva para pensar procesos de politización de personas migrantes en diferentes escenarios (Franzé 2010; Lara-Guerrero y Jima-González 2023; Stang 2021). La idea de subjetivación política4 que adoptamos aquí se construye a partir del encuentro de dos vertientes. Una de ellas consiste en una conceptualización de la subjetivación, que tiene una genealogía foucaultiana (Foucault 1990) y recupera lecturas del autor realizadas por Hall (2003) y Briones (2007), además de ideas de Mezzadra y Neilson (2016). La otra vertiente, sobre la noción de política, se alimenta fundamentalmente de propuestas de Rancière (2006). Desde esa génesis, entendemos la subjetivación política como un modo de habitar las posiciones de sujeto disponibles en una estructura social a partir de la construcción de un-sí-con-otros que se configura en disputa, en el enfrentamiento por un daño o menoscabo a la igualdad —de ahí nuestro énfasis en la construcción contenciosa—.

En este artículo nos interesa indagar en los procesos de subjetivación política en el marco de la participación en luchas migrantes. Se trata de una categoría que emerge de la perspectiva de la autonomía de las migraciones, una conjunción de prácticas de activismo e investigación social que discute las teorías dominantes sobre la migración y que propone pensarla como un movimiento social en busca de autonomía y como una fuerza creativa dentro de las estructuras sociales, culturales y económicas (Domenech y Boito 2019; Mezzadra 2012). Según la definición de Casas-Cortes et al. (2015), las luchas migrantes se entienden en dos sentidos: por una parte, como “luchas más o menos organizadas en las que los migrantes desafían, derrotan, evaden o alteran abiertamente la política dominante de movilidad (incluido el control de fronteras, la detención y la deportación), el régimen laboral o el espacio de la ciudadanía”; y, por la otra, como estrategias diarias, rechazos y resistencias mediante las cuales las personas migrantes representan su presencia impugnada, incluso si no se expresan como luchas políticas que exigen algo en particular (81, traducción propia).

Para el análisis que proponemos aquí, nos concentramos en luchas organizadas (en algún grado) dentro de los tres ámbitos delimitados por los autores: movilidad, trabajo y ciudadanía. Adoptamos la denominación “luchas de migración” considerando los aportes de Perissinotti (2016), quien señala que no es el carácter de migrantes de las personas que llevan adelante estas luchas lo que les da especificidad, sino las múltiples desigualdades que atraviesan y configuran las biografías y trayectorias migrantes. Es decir, es la experiencia de la migración la que define tanto las formas que adquieren estas luchas como sus temporalidades y acciones.

Desde la perspectiva de la autonomía de las migraciones, la noción de luchas migrantes se asocia a cierto potencial de radicalidad y a un carácter de incorregibilidad (Domenech y Boito 2019). Este último es propio de la ruptura herética (Sayad 2008) vinculada al hecho político de migrar, que supone “ser herético del orden nacional al no reconocer su naturalidad y, por lo tanto, su sacralidad inmodificable” (Avallone 2018, 70). De estas reflexiones se derivan cuestionamientos y resistencias a la operación de codificar a las personas migrantes y sus luchas “en el marco de las convenciones del lenguaje político del Estado, particularmente, en los discursos de ‘derechos’ y ‘ciudadanía’” (Domenech y Boito 2019, 164).

Sin embargo, algunos autores que se adscriben a esta perspectiva plantean la necesidad de repensar la ciudadanía a partir de una mirada que procure romper con los abordajes Estado-céntricos de las migraciones. En este sentido, se ha señalado que, aun sin ser consideradas ciudadanas en términos jurídicos, las personas migrantes están generando una ciudadanía de un nuevo tipo con sus prácticas y reivindicaciones de libertad e igualdad (Mezzadra 2012). Son autores que, de todos modos, han cuestionado la categoría de ciudadanía, en sus comprensiones más convencionales, como una máquina de construcción de diferencias y como un estatus jurídico monolítico y unitario (Mezzadra y Neilson 2016), pero que se abren a la posibilidad de pensar estas configuraciones como ciudadanías de un nuevo tipo, con lo cual le confieren capacidad heurística a la flexibilidad de la categoría a la que alude Saskia Sassen (2016), quien ha argumentado que es posible que la incompletud del concepto de ciudadanía sea lo que ha permitido su longevidad y vigencia. Es decir, esa incompletud la convertiría en “una institución capaz de responder [a su] significado históricamente condicionado” (Sassen 2016, 108).

Casas-Cortes et al. (2015) hablan de la necesidad de reconcebir lo político en términos que ya no se pueden reducir a la ciudadanía como se ha comprendido hasta ahora. Suárez Navas et al. (2007) llaman a pensar la ciudadanía como el resultado de un proceso político, antes que como un estatuto ligado a la naturaleza de sus miembros, es decir, deberíamos entenderla más como una práctica colectiva en permanente reconfiguración que como un estatus (Gil Araujo y Rosas 2019). Desde ese punto de partida, tiene sentido preguntarse por las nuevas configuraciones de la ciudadanía generadas por los procesos de subjetivación política de los no-ciudadanos.

En esta misma línea de razonamiento, Isin (2008) propone una categoría productiva para nombrar y pensar procesos como de los que se ocupó nuestra investigación: la de actos de ciudadanía, entendidos como

aquellos actos que transforman las formas (orientaciones, estrategias, tecnologías) y los modos (ciudadanos, extraños, forasteros, extranjeros) de ser político dando vida a nuevos actos como ciudadanos activistas (reclamantes de derechos y responsabilidades) mediante la creación de nuevos lugares y escalas de lucha. (39, traducción propia)

Esta propuesta nos permite reflexionar sobre ciertos procesos observados en el marco de nuestro trabajo, sobre los que ponemos el foco en el segundo apartado de presentación de resultados.

Metodología: exploraciones en clave biográfica

Para esta investigación se recurrió a un diseño metodológico cualitativo basado en el enfoque biográfico (Arfuch 2002), a través de la construcción de relatos de vida (Bertaux 1999). El corpus analizado se construyó mediante entrevistas biográficas realizadas entre 2019 y 2025, a partir de dos proyectos de investigación con continuidad temática y metodológica.

En el marco de estos estudios, se entrevistó a 45 personas migrantes de origen latinoamericano (peruano, colombiano, boliviano, venezolano, ecuatoriano y dominicano) residentes en las regiones de Tarapacá (7), Antofagasta (9) y Metropolitana (29), que son las que tienen mayor cantidad y proporción de población migrante del país (INE 2024) (mapa 1). El grupo estuvo compuesto por 16 varones y 29 mujeres (cis y trans)5, de entre 25 y 77 años, con un tiempo de residencia en Chile de entre 2 y 36 años, aunque la mayor parte llevaba entre 2 y 10 años (21 personas). Su nivel educativo variaba en un rango amplio: desde la educación básica completa hasta la formación universitaria completa, aunque la mayoría se concentraba en el nivel medio completo.

El criterio de selección para los entrevistados fue que se tratara de personas migrantes que participaran activamente en organizaciones que pudieran considerarse expresión de alguno de los tipos de luchas determinados por la definición de Casas-Cortes et al. (2015), es decir, movilidad, trabajo y ciudadanía, y que implicaran una demanda frente a un menoscabo a la igualdad. Las organizaciones de las que forman parte las personas migrantes entrevistadas son comités de vivienda, sindicatos y agrupaciones de emprendedores, así como asociaciones orientadas al apoyo social, la formación para el trabajo, la orientación jurídica, la lucha por la regularización, contra el racismo y la discriminación. Algunas de estas personas tienen roles dirigenciales en esas organizaciones, mientras que otras solo

participan activamente en ellas. Con cada persona se realizaron de dos a tres entrevistas, que duraron entre una y dos horas cada una. Las entrevistas se grabaron y transcribieron de forma manual en su totalidad.

Mapa 1. Chile: regiones seleccionadas para el trabajo de campo

Fuente: elaboración propia.

Se recurrió a un análisis de discurso por categorías (Conde Gutiérrez del Álamo 2009), utilizando el programa Atlas.ti a partir de una codificación emergente del corpus orientada por los objetivos de la investigación, por lo que se delimitaron tres dimensiones amplias que albergaron los códigos surgidos: trayectorias migratorias, trayectorias de subjetivación política y trayectorias de implicación en luchas de migración. Entendemos las categorías/códigos como “una producción textual que se presenta bajo la forma de una breve expresión y que permite denominar un fenómeno perceptible a través de una lectura conceptual de un material de la investigación” (Paillé y Muchielli 2003, en Conde Gutiérrez del Álamo 2009, 25). También recurrimos a un procedimiento sui generis que llamamos cartografías dirigenciales, con el que representamos gráficamente, para cada caso, las tres dimensiones mencionadas. Si bien llevar el concepto de trayectoria a un plano bidimensional para la representación gráfica implicaba cierta reducción, el ejercicio fue heurísticamente productivo y nos facilitó observar algunas líneas tendenciales que nos condujeron a construir cuatro tipos de imbricación de trayectorias, como proponemos en el próximo apartado.

Trayectorias de implicación en luchas de migración

Las trayectorias migratorias, de subjetivación política y de implicación en luchas de migración reconstruidas a partir de los 45 relatos de vida muestran, en términos generales, cuatro tipos de trayectorias imbricadas (figura 1). La más densa es aquella en la que el proceso de subjetivación política se inicia en el país de residencia (Chile) con la implicación en una lucha de migración —ante todo ligada al espacio de la ciudadanía y, en menor medida, al régimen de trabajo— y se proyecta en el mismo país de residencia, en torno a la lucha de migración que le dio origen. Dentro de estas luchas de ciudadanía, la causa fundamental que anima los procesos de subjetivación política del grupo de entrevistados es la vivienda, tal causa reúne actores diversos que se organizan en un entramado en, por y para el territorio, entendido como “una construcción socioespacial con historias y significados en circulación y disputa” (Fernández Labbé 2023, 2) (ahondaremos en ello en el próximo apartado). No es casual que gran parte importante de la implicación de personas migrantes en Chile se produzca en torno al derecho a la vivienda o a la ciudad. Como ya han mostrado algunos autores, se trata de una causa con una historia de politización en el país (Angelcos Gutiérrez 2012; Angelcos y Pérez 2017), que además está vinculada con el papel central de los pobladores y el de la autoconstrucción en la edificación de las ciudades latinoamericanas y del sur global (Palma y Pérez 2020). Con este contexto sociohistórico se articula, a su vez, uno de los grandes problemas que ha enfrentado parte importante de la población migrante que ha llegado a Chile en los últimos años, que es precisamente el acceso a la vivienda6 (Palma y Pérez 2020; Stang et al. 2022).

Figura 1. Tipos de imbricación de trayectorias

Nota: O, país de origen; R, país de residencia actual; SP, subjetivación política; ILM, implicación en luchas de migración.

Fuente: elaboración propia.

En ese marco, algunas de estas trayectorias se inician de un modo funcional o instrumental. Estela, por ejemplo, cuenta cómo llegó al comité de vivienda7 del que forma parte y por qué razones se unió:

Una vez fui [a la junta de vecinos de su sector] para pedir certificado de residencia, porque a veces nos piden en el consultorio8, o para presentarse a algún trabajo. Ahí me di cuenta de que había un comité para postular para vivienda, para tener más opciones, porque a veces cuesta postular para un crédito, piden muchos requisitos, o tener en efectivo, y eso es algo que no está en mi alcance. (Estela, peruana, Región Metropolitana, 43 años, 17 años viviendo en Chile)

La vinculación a luchas de migración ligadas al trabajo también remite principalmente a razones instrumentales: aunar fuerzas para la gestión y el acceso a apoyos, en el caso de artesanos y emprendedores; y, en el de las trabajadoras de casa particular puertas adentro, sentirse acompañadas y estar al tanto de los marcos normativos para no ser abusadas por sus empleadores. Esa fue la situación de Elma, miembro de un sindicato de mujeres migrantes trabajadoras de casa particular:

Yo me incorporé, conocí bastantes chicas de mi país y una de ellas me invitó al sindicato. Me dijo: “Vamos, no se trata de que tú pertenezcas, es para que sepas las leyes de acá, para que te orientes sobre tu estadía aquí en este lugar, para que no abusen tus jefes de ti”. Me dijo así, y ya, me fui. Y desde ahí me gustó el calor humano de los inmigrantes, en ese tiempo había bastantes chicas de todo lugar del mundo y me conocí con bastantes chicas de mi país. (Elma, peruana, Región Metropolitana, 57 años, 8 años viviendo en Chile)

En varias de las trayectorias ligadas a luchas migrantes de ciudadanía con acción territorial aparecen lazos con actores del Estado en su nivel local, sobre todo, funcionarios municipales con interés o sensibilidad en torno a la población migrante. En algunos de esos casos, estos nexos han generado la inquietud por ocupar cargos electorales en la estructura municipal y, por añadidura, vínculos con orgánicas partidarias. Así le sucedió a Eder (ecuatoriano, Región Metropolitana), que fue candidato a concejal9 por su comuna; también a Antonio, quien, a partir de su participación en la junta de vecinos del sector en el que reside, se ha relacionado con el alcalde y aspira a ser concejal por la suya10:

Participamos activamente en la campaña de la alcaldía de acá, dándole algunas propuestas para motivar a la gente migrante a que vote. Porque acá, bueno, es una realidad que […] hay mucho haitiano acá, pero los haitianos no tienen cultura de votar, en cambio el ecuatoriano, el peruano, sí. El fin que queremos es identificar a los extranjeros, al venezolano, al peruano, al ecuatoriano, al boliviano, que tienen cultura de votar, y con esos formar un buen grupo y poder plantear propuestas de cambio. (Antonio, peruano, Región Metropolitana, 50 años, 24 años viviendo en Chile)

Dentro de estas trayectorias de subjetivación política que se inician en el país de residencia, en relación con la implicación en una lucha de migración por alguna dimensión de la ciudadanía, aparece un segundo tipo de imbricación, aunque mucho más acotado. Se trata de trayectorias de politización que se proyectan en el país de origen, con el propósito, ya sea a mediano o largo plazo, de ocupar cargos electivos allí. Celia (ecuatoriana, Región Metropolitana), por ejemplo, sin experiencia organizativa anterior, fue candidata a un cargo de representación legislativa en su país como miembro de la comunidad nacional que reside en el exterior. Por su parte, Rosa (peruana, Región Metropolitana, 47 años, 21 años viviendo en Chile) aspira a convertirse algún día en la máxima autoridad del gobierno local de su pueblo natal y, por ello, mantiene una participación activa allí asistiendo con regularidad a instancias colectivas y presentando petitorios y reclamos: “Mi plan loco es que yo quiero ejercer en la política, pero en mi pueblo […] yo no le tengo miedo a la política, porque la política es bonita”. Ella, quien tampoco tenía experiencia organizativa previa, participa desde hace algunos años en un grupo informal de formación política en Chile, integrado por nacionales y migrantes, sobre el que dice: “Ojalá formemos un cuadro político… incorruptible”. Ambas llevaban más de 20 años viviendo en Chile al momento de realizar las entrevistas.

Mientras que, en estos dos primeros tipos de trayectorias, prima la vinculación con luchas de ciudadanía; en los casos en los que esa subjetivación política comenzó en el país de origen, la mayor parte se relaciona en Chile con luchas por la movilidad, ante todo a partir de demandas de regularización de las personas migrantes (algo que se ha dificultado de manera muy significativa con la aprobación, en 2021, y entrada en vigor en 2022, de la nueva Ley de Migración y Extranjería n.o 21.325). La mayoría de esas trayectorias liga la lucha por la movilidad con la lucha por la ciudadanía, es decir, en general hay pocas trayectorias que se ocupen de manera exclusiva de la primera. Se trata de un vínculo esperable, en la medida que esta se centra en la demanda por la regularización de las personas migrantes, puerta de entrada a varias dimensiones de las luchas migrantes por la ciudadanía.

Un grupo significativo de estas trayectorias despliega su acción en torno a su país de residencia, Chile en este caso, sin descartar que un nuevo proyecto migratorio esté en sus planes futuros. Solo un pequeño grupo considera también como frente de acción su país de origen, con propósitos ajenos a las luchas de migración. Dentro del primer grupo mencionado, algunas trayectorias iniciaron con militancias estudiantiles o juveniles, ya sea asociadas a partidos políticos —de un espectro que va desde la centroderecha hasta la izquierda, aunque este clivaje convencional no es traducible sin matices entre los diversos países— o a movimientos sociales. Otras trayectorias, en menor número, tuvieron su germen de politización alrededor de causas indígenas y afrodescendientes.

Vale la pena destacar una de estas trayectorias imbricadas, de las más extensas de los 45 relatos de vida con los que trabajamos, por el modo en que va tejiendo su biografía con las circunstancias sociales y políticas históricas de los países por los que lo lleva su periplo migratorio. Se trata de Juan Carlos (peruano, Región Metropolitana), quien lleva más de 35 años viviendo en Chile. Su proceso de subjetivación política inicia de joven, como estudiante universitario en su país de origen. Desde allí se integra a comunidades campesinas y al movimiento de autoconstrucción de “pueblos jóvenes” (denominación que se utiliza en Perú para referirse a asentamientos informales). En paralelo, mientras participa de una red de solidaridad latinoamericana, trabaja brindando apoyo a refugiados de dictaduras regionales que llegan al Perú (entre ellos, chilenos). Después, las circunstancias políticas de su propio país lo empujan a migrar, a otros países primero y finalmente a Chile. Allí, junto con otros compatriotas comienzan a organizarse como colectivo nacional, con la mirada puesta en el proceso político que vivía el Perú. En ese momento (década de 1990), Chile empieza a recibir un alto flujo de migrantes de origen peruano por motivos económicos (Luque Brazán 2007; Rojas 2021), y las acciones empiezan a orientarse progresivamente a sus necesidades, dentro de ellas, la de la regularización documentaria. Pero con el paso de los años, la trayectoria de Juan Carlos vuelve a ligarse al movimiento de pobladores, así participa de la conformación de un comité de vivienda migrante. La maduración de su trayectoria política lo lleva a articular un discurso en el que se imbrican deliberada y estratégicamente estos caminos:

Hoy en día yo creo que la situación está muy difícil, ha sido tema de campaña [política]. Los republicanos [Partido Republicano de Chile, organización política de ultraderecha] le han puesto mucho tema a eso de los extranjeros, sin embargo, lo concreto, en el tema de vivienda hemos ganado dos o tres peleas porque no lo hemos presentado como migrante, sino como poblador11… ¿Por qué?, porque queremos presentar la noticia de que somos parte de este pueblo, no somos raros traídos de Marte. (Juan Carlos, peruano, Región Metropolitana, más de 70 años, y más de 35 años viviendo en Chile)

El último grupo de trayectorias está conformado por tres casos y orienta su acción a las luchas de migración en Chile. También trabaja en función de una incidencia indirecta en el país de origen, que es Venezuela, lo que sin duda explica esta proyección, tanto por la situación que los lleva a emigrar como por el hecho de que es una migración más reciente y, por ende, el vínculo con el país de origen es aún intenso. En los tres casos, hay un pasado de dirigencia partidaria juvenil y, en uno de ellos, de persecución política. Los tres participan de orgánicas partidarias del país de origen en el exterior y tienen vínculos con partidos políticos chilenos. Yeferson (venezolano, Región Metropolitana, 26 años y dos años y medio viviendo en Chile), por ejemplo, dice: “Yo fui presidente de la juventud de mi partido en [departamento venezolano], entonces, cuando llegué acá, eso seguía dentro de mí… Empecé a moverme para ayudar a los venezolanos [en Chile]”. Darwin, por su parte, señala:

Llegar a Chile me hizo ver la falta de información para migrantes y me activé desde ahí [...]. Las personas que tienen dificultades en lo económico, en lo social, ¿cómo lo podemos hacer? Entonces [la respuesta fue] la creación de fundaciones, buscar donaciones, aportes de organizaciones no gubernamentales. Eso me ayudó mucho a entender la política y a entender cómo yo terminé siendo un servidor político. (Darwin, venezolano, Región Metropolitana, 29 años, 2 años viviendo en Chile)

Con ese propósito se ha integrado a redes de think tanks y a una organización que brinda apoyo jurídico y social a migrantes venezolanos en Chile. Pero, a la vez, se relaciona con migrantes que militaban en el mismo partido en Venezuela. Así, vemos que estas imbricaciones de trayectorias que se inician en un país y se proyectan en otro tienen, en general, en algún momento de ese proceso de subjetivación política, modos más formales e institucionales de participación, principalmente de carácter partidario.

Aunque el objetivo de este apartado es descriptivo, es necesario llamar la atención sobre el hecho de que estas subjetivaciones políticas desbordan fronteras geopolíticas e interlocuciones ciudadanas centradas en el Estado de nacimiento y, así, de alguna forma erosionan los confines de la ciudadanía formal. No es, por supuesto, una observación novedosa, pero el enfoque analítico construido nos permite llevar la mirada a la relación de esa transformación con la imbricación entre trayectoria de subjetivación política e implicación en luchas de migración. Es decir, es la experiencia migratoria la que da forma a esta configuración subjetiva en la arena política, de modo situado. Sobre ello ponemos el foco en el próximo apartado.

De migrantes a pobladores: actos de ciudadanía territorial

Nos ocuparemos ahora en detalle del primer tipo de imbricación que describimos en el apartado previo: aquellas trayectorias de subjetivación política que inician a partir de la implicación en luchas de migración relativas al espacio de la ciudadanía. En particular, en estas trayectorias se recurre a la demanda por el derecho a la vivienda y la ciudad, que es el que se menciona con mayor frecuencia en estos relatos de vida, sobre todo, pero no únicamente, de quienes residen en campamentos12. Se trata de un tipo de subjetivación política migrante que queremos analizar con mayor detenimiento por su capacidad de iluminar un proceso en el que ahondaremos, que tiene que ver con el vínculo entre la migración, el Estado-nación, la institución de la ciudadanía y la construcción de lo político.

En Chile —al igual que en América Latina en general—, los asentamientos informales han posibilitado el acceso a la vivienda a partir de la autoconstrucción y han sido escenario de procesos de politización emergentes (Palma y Pérez 2020). Las personas migrantes con las que hemos trabajado se han organizado en torno a esta causa y han hecho parte, en mayor o menor medida, de estos procesos de politización. Algunas de ellas, de hecho, refieren a su participación o la de sus familias en procesos semejantes en sus países de origen (Magliano y Perissinotti 2021; Stang 2021). En aquellos territorios del país de residencia con un tejido organizativo muy activo en el movimiento de pobladores por la vivienda, estos procesos de implicación han sido más intensos. ¿Por qué, entonces, relacionamos estas trayectorias de subjetivación política con un tipo de lucha de migración? Porque observamos que la dimensión de la extranjeridad13 le imprime especificidades a esa implicación que ponen en tensión la institución de la ciudadanía.

Otros investigadores han examinado las particularidades de la implicación de las personas migrantes en luchas por la vivienda. Piñeyro Nelson (2014) analizó el caso del Movimiento por Justicia del Barrio, una organización sociopolítica migrante de base neozapatista que luchó por detener la gentrificación del barrio East Harlem, en Nueva York. El autor puso énfasis en el propósito de mejorar las condiciones de vida en las sociedades receptoras que primó en esa experiencia. Perissinotti (2016) ha estudiado este tema en asentamientos informales en la ciudad de Córdoba, Argentina. Allí ha analizado experiencias de politización de mujeres migrantes en torno a la permanencia en el lugar de destino, poniendo el acento en el hecho de que, en esas prácticas, lo que se juega “no tiene que ver con la posibilidad de irse o quedarse en el país de destino, sino con el ‘cómo’ quedarse” (62). Como señala la autora, son luchas de migración que exceden el estatuto jurídico del migrante. En efecto, lo desbordan, pero en ese exceso también dan por sentada una tensión frente a ese estatuto que no puede ignorarse. Palma y Pérez (2020), en Chile, observaron en su trabajo que, aun reconociendo los procesos de exclusión que implican los campamentos, los migrantes los conciben “como un espacio que les permite materializar tanto sus aspiraciones de permanencia en Chile como sus deseos de integración urbana y social” (18).

Nuestro trabajo con personas migrantes organizadas en torno a demandas por la causa del derecho a la vivienda y la ciudad, llevado adelante desde 2019, abona estos hallazgos. Planteamos que en estos procesos de subjetivación política migrante se generan actos de ciudadanía territorial que, en la medida que son protagonizados por migrantes (esto es, no-ciudadanos de jure), están transformando gracias a nuevas subjetivaciones algunos aspectos de la inacabada institución formal de la ciudadanía, siguiendo la línea argumentativa de Sassen (2016). Esta autora llamó la atención sobre ciertas prácticas políticas emergentes que involucran a “grupos y organizaciones poblacionales […] [que] mediante sus efectos desestabilizadores […] producen aperturas operacionales y retóricas para el surgimiento de nuevos tipos de sujetos políticos y nuevas espacialidades para la política”, algunos de los cuales desestabilizan “jerarquías nacionales centradas en el Estado” (2016, 112). En ese sentido, reside en la figura del extranjero “la capacidad heurística de la inmigración para iluminar las tensiones que permanecen en el núcleo del Estado nación históricamente construido” (123-124).

En ese intersticio queremos situarnos para pensar los actos de ciudadanía territorial, entendiéndolos, como propone Isin (2008), como actos que transforman los modos y las formas de subjetivación política del ciudadano, a través de demandas por menoscabos a la igualdad a partir de nuevos lugares y escalas de lucha. El carácter territorial de estos actos busca relevar el tipo de vínculo que se genera con el Estado y la comunidad política, enfatizando justamente una articulación específica de lugar y escala.

Para entrar en detalle, traemos una escena de uno de los relatos de vida que condensa varios aspectos de los actos de ciudadanía territorial. Se trata de la historia de Rubén, un migrante dirigente del comité de vivienda de un campamento de la ciudad de Antofagasta. Cuenta la acción de ocupación y resistencia organizada frente a un desalojo que intentaban realizar las fuerzas especiales de carabineros —la policía nacional chilena— en la toma del terreno en que residen en la actualidad:

Nos reunimos un sábado en la noche, allá en la cancha. Yo dije: “Ná’ más [no más] reuniones, hoy día nos tomamos esto”. “Ya, listo”. Y un plan de contingencia hicimos, y empezamos a construir casas. Y toda esta calle la cerraron, la llenaron los fuerzas especiales [de carabineros] como a las 10 de la noche. Todo esto… lleno, lleno, lleno, lleno de… el zorrillo, el guanaco [carros lanza-agua de la policía], todo, todo esto, sí, todo. Y nosotros acá arriba… empezamos a construir. Yo les dije que cogiéramos material y empezáramos, y empezamos. [Ya habían parcelado todo el terreno en rectángulos de 7 metros por 15 y demarcado calles]. […] Ya tenemos organizamientos [sic], que los hombres van a empezar a hacer en el 7 por 15, cada terreno de cada persona, una habitación de 4 por 4, pequeña. Entonces esa noche empezamos a hacer casitas o cuarticos. Le armamos un cuarto, y ahí mismo se metió la familia ahí, un colchón, con sus hijos, con sus cocinas. Esa noche hicimos diez, diez cuarticos así. Íbamos construyendo, ta ta ta, y cerramos… hasta con puerta y ventana, y el techo. “Ya, está listo, métase, con su mujer, sus hijos”. Y los carabineros abajo con esos altavoces: “¡Paren de construir!”. Y nosotros: “¡Suban a detenernos!”. (Rubén, colombiano, Antofagasta, 49 años, 9 años viviendo en Chile)

Como se deduce del relato, esa escena es en cierta forma el punto cúlmine de un largo proceso de organización entre los vecinos que hoy ocupan ese territorio. La acción que Rubén describe implica, para los migrantes como él (había muchos nacionales también en la toma, de hecho, más que migrantes, según su catastro), una confrontación abierta, incluso punible, frente a la violencia “legítima” del Estado, el cual, en términos jurídicos, al no ser el propio, amenaza con la expulsión. Se trata de una acción que tiene por propósito ganarse las condiciones para el acceso a un derecho: la vivienda. En los términos en que se piensan las luchas de migración desde los lugares de enunciación más críticos de la autonomía de las migraciones, es un acto de desobediencia civil (Domenech y Boito 2019).

En prácticas de construcción de espacios de habitabilidad y sociabilidad, según observamos, el lazo con la comunidad política pasa cada vez menos por una relación de interlocución directa con el Estado y cada vez más por una disposición al sí-con-otros en el territorio. La motivación es la necesidad de resolver las precariedades de las condiciones de vida en el espacio, de materializar el acceso a un derecho en virtud de la pertenencia a esa comunidad política localizada y contingente (en el sentido de que no está predefinida formalmente). Graciela, integrante del comité de vivienda de otro campamento de Antofagasta, decía en una de las entrevistas:

Todas las organizaciones que estamos aquí presentes buscamos una respuesta que venga del pueblo realmente, no del Gobierno, porque el Gobierno viene con todo hecho [se refiere a los proyectos de vivienda social estatales]. Lo que nosotros queremos es que nosotros mismos como pobladores y pobladoras lo hagamos […]. Es un barrio, y eso es lo que hay aquí. Una comunidad organizada, un barrio. De eso se trata la vivienda, no solamente de que tú te vienes a vivir en cuatro paredes y ya, sino ¿[con] el que vive al lado y el que vive al frente cómo nos llevamos?, ¿cómo interactuamos entre nosotros? De eso nos encargamos nosotros los dirigentes, haciendo todos estos años actividades nosotros para la mejor convivencia. (Graciela, colombiana, Antofagasta, 35 años, 8 años viviendo en Chile)

En estos relatos, y en otros referidos a escenarios semejantes, sus protagonistas no hacen una distinción entre nacionales y migrantes en las prácticas que despliegan. Como leíamos también en el relato de Juan Carlos, en el apartado previo, el sujeto político que emerge es el del poblador o la pobladora, similar a lo que han observado Perissinotti (2016) y Magliano y Perissinotti (2021) en su extenso trabajo etnográfico en Córdoba, Argentina. Así, aparece en reiteradas oportunidades la idea de construir una “ciudad latinoamericana”, incluso en los testimonios de residentes nacionales de estos territorios, a quienes hemos entrevistado como informantes clave, y aun cuando preguntamos explícitamente por conflictos entre nacionales y migrantes en los campamentos y en las propias organizaciones (comités de vivienda y juntas de vecinos).

En los actos de ciudadanía territorial estudiados, si bien el Estado no deja de aparecer como una referencia, el vínculo político se establece con mayor fuerza con un par que habita el territorio, el vecino, el poblador. Al Estado se le asigna en algunos casos el rol de interlocutor oposicional, de lucha, en la medida que no logra constituirse como garante de derechos, o bien como el responsable de atender las expectativas o las demandas de la organización que sostienen ese entramado político contingente: “vínculos y relaciones que despliegan, no sin tensiones, con vecinos/as, organizaciones sociales y agentes estatales con el fin de asegurar la reproducción de la vida desde un lugar ‘común’ de solidaridad y resistencia en los confines de las ciudades” (Magliano y Perissinotti 2021, 12).

Entonces, la demanda para acceder a un derecho que se defiende por pertenecer a la comunidad política, en el caso de las personas migrantes, se plantea más allá del Estado- nación, pues el carácter universal de ese derecho los cubre en tanto “seres humanos” en el sistema internacional. Pero la demanda también se plantea más acá del Estado-nación, en el territorio donde se reside, a partir de una subjetivación política que se construye en la contingencia de esa demanda, la cual se esgrime de modo contencioso. Y en esto radica un punto clave: esa subjetivación del sí-con-otros ocurre entre migrantes y nacionales, por lo que en estos actos de ciudadanía territorial se configura una parte relevante del enjambre social desde el que están emergiendo las formas de organización política que se consolidarán en el futuro cercano, en el marco de la peligrosa intensificación de fenómenos xenofóbicos y racistas tanto en Chile como a escala global.

En un diálogo con una dirigente migrante de otro campamento en Antofagasta, encontramos los esbozos de nuevas nociones que se están trazando en estos actos de ciudadanía territorial:

—Oye, Julia, ¿y qué es para ti ser un ciudadano?, ¿o cuándo se empieza a ser un ciudadano?, ¿qué es un ciudadano? (entrevistadoras)

—Es que ya no hay ciudadanos en esta tierra, hay personas. ¿Qué es para mí ser ciudadano? Es lo que se está mirando ahora, lo que se está construyendo. Es generar una intelectualidad barrial se podría decir, una intelectualidad barrial que te permite pensar y decidir cuál es la ley que te permite ser feliz, ¿me entiendes? Son preguntas rebásicas, o sea, ¿en qué prioridad va la salud, la educación?, ¿en qué prioridad va la vida digna? (Julia, peruana, Antofagasta, 52 años, 24 años viviendo en Chile)

En esta cita observamos que, más que la clase, que podría comprenderse como una dimensión fundamental de la categoría de poblador que se construye en esta lucha, es el territorio, entendido como tejido social localizado, denso (y tenso), lo que aparece como definitorio en la subjetivación política de estas personas migrantes.

Conclusiones

En este artículo nos hemos ocupado de la imbricación entre las trayectorias migratorias, las trayectorias de subjetivación política y las trayectorias de implicación en luchas de migración, a partir de la evidencia empírica construida durante varios años de trabajo con personas migrantes que participan en organizaciones sociales ligadas a diversas luchas de migración (en torno a la movilidad, la ciudadanía y el trabajo) en el centro y norte de Chile, un destino emergente de las migraciones regionales, sobre todo sudamericanas.

A partir de los relatos de vida de 45 personas migrantes con participaciones sociales y políticas activas, hemos encontrado cuatro tipos de trayectorias de subjetivación política principales: i) aquellas en las que el proceso inicia en Chile con la implicación en luchas de migración relacionadas, mayormente, con el espacio de la ciudadanía y, en menor medida, con el régimen de trabajo, esta se proyecta en el mismo país de residencia y en torno a la misma lucha inicial; ii) las trayectorias que se emprenden en Chile pero que también se proyectan en el país de origen, con el propósito de generar una trayectoria política formal, a corto o largo plazo; iii) las trayectorias que surgieron en el país de origen y que, en el país de residencia (Chile), se implican en luchas de migración (de movilidad ante todo, junto con luchas de ciudadanía); y iv) las trayectorias que comienzan en el país de origen, que se implican en luchas de migración en Chile, pero que a la par mantienen su propósito de incidencia política en el país de origen (Venezuela en los casos trabajados).

Esta tipología de trayectorias, en su afán de clasificación tendencial, se ordena en función del recorrido entre el país de origen y el de residencia. Sin embargo, lo cierto es que la ondulación vital de la migración conecta, en cada caso, acontecimientos biográficos multisituados que requerirían un espacio más amplio para su abordaje. Aun así, la tipología resulta útil para mostrar la complejidad de los procesos de configuración de sujetos políticos y ciudadanos que experimentan las personas migrantes, así como el rol que juegan las luchas de migración —y la extranjeridad— en ello.

Poner el foco en las luchas que presentan mayor relevancia en los relatos de vida (referidas al espacio de la ciudadanía e impulsadas por demandas para acceder al derecho a la vivienda y la ciudad) permitió reflexionar, de manera situada, sobre uno de los modos en que estas imbricaciones están transformando los contornos de la ciudadanía formal en lo que llamamos actos de ciudadanía territorial. Siguiendo a Isin (2008), estos actos modifican los modos de subjetivación política de los ciudadanos a través de demandas por menoscabos a la igualdad que se viven (y construyen) a escala territorial. En estos actos, el lazo con la comunidad política pasa, cada vez menos, por una relación de interlocución directa con el Estado y, cada vez más, por una construcción de un sí-con-otros en ese territorio. En efecto, tal nexo obedece a la necesidad de resolver las precariedades de las condiciones de vida, lo cual se busca atender demandando el acceso a determinados derechos en virtud de la pertenencia a esa comunidad política, así como de la permanencia en ella. Se trata, así, de una comunidad localizada y contingente, en la medida en que no está definida por una relación formal (de jure), sino por un vínculo de facto.

Si bien se encuentran referencias al Estado, su rol es el de interlocutor oposicional o depositario de la demanda que da origen y sentido a la lucha en la que se construye el sí-con-otros del que emerge la comunidad política contingente. La extranjeridad juega un papel fundamental en esta configuración, ya que la construcción del sí-con-otros supone una herejía respecto de la definición estadocéntrica de la ciudadanía. Por eso, sostenemos que en los actos de ciudadanía territorial están tejiéndose nuevas formas del lazo social, un ámbito de investigación en el que es urgente avanzar dados los escenarios de xenofobia, racismo y criminalización de las personas migrantes que estamos viviendo en Chile y a escala global.

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✽ Este artículo surge del trabajo realizado en el marco del proyecto “Trayectorias de subjetivación política y luchas de migración: imbricaciones e implicaciones” (Fondecyt 11241215), que a su vez es una continuación del proyecto “Migración, precariedad y ciudadanía: de las tácticas de subsistencia a las estrategias de lucha” (Fondecyt 3190674), ambos financiados por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo de Chile (ANID). La investigación de la que surge este artículo tiene el aval del Comité Ético Científico de la Universidad Católica Silva Henríquez (Chile) y cuenta con los consentimientos informados de quienes participaron. No se ha utilizado inteligencia artificial en ninguna de las fases de elaboración de este trabajo. Participación de autoras: la primera autora realizó parte del trabajo de campo, la sistematización y análisis de la información y la redacción del artículo; la segunda autora participó del trabajo de campo y la sistematización y análisis; la tercera desarrolló parte de la sistematización y el análisis.

1 Esta característica es relevante y distintiva de nuestra aproximación, pues buena parte de las investigaciones sobre el accionar político de las personas migrantes abordan la relación entre el migrante y la sociedad receptora en términos de integración, entre ellos, los trabajos con perspectiva transnacional, que han representado un aporte central a este ámbito de estudios.

2 Cuando hablamos de la ciudadanía concebida en términos convencionales nos referimos a su acepción marshalliana, acotada a la adscripción de derechos y deberes por la pertenencia a una comunidad política, lo que, en general, los Estados-nación han equiparado con la posesión de nacionalidad, por nacimiento o naturalización (Velasco 2016). De todos modos, como ha mostrado Luicy Pedroza en un exhaustivo trabajo comparado de años en el que se aproximó al tema desde la perspectiva de los ciudadanos emigrados, esa equiparación tiene sus grises, que generan nuevas jerarquizaciones (Pedroza 2013; Pedroza y Palop-García 2017).

3 Según los datos censales, entre 1992 y 2024 las personas migrantes en Chile pasaron de representar el 0,8 % al 8,8 % de la población total, cifras que no consideran la migración irregular.

4 A lo largo del texto utilizamos los términos de politización y subjetivación política de modo indistinto y referidos a la definición que se explicita en este apartado conceptual.

5 Aunque no existe un registro sobre personas migrantes organizadas que permita una desagregación por género, en nuestro trabajo y el de otros colegas se ha podido constatar una mayor presencia de mujeres migrantes organizadas (Barrera 2024). Respecto del desigual reparto de casos por regiones, esto obedece a la alta concentración de población migrante en la Región Metropolitana (60 % del total).

6 Según la Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (Casen), en 2022 un 7,9 % de los hogares en Chile presentaban problemas de acceso a la vivienda. El 34 % de ellos tenían jefatura de una persona migrante. Por otra parte, mientras que en 2015 los migrantes representaban el 6,9 % de las familias que vivían en campamentos (asentamientos irregulares), una década después ese porcentaje creció a 39,3 % (CES Techo-Chile 2025).

7 Figura legal con la que el Estado ha buscado organizar a las familias para la postulación al subsidio de vivienda. Aunque los comités han surgido a partir de los parámetros del Estado, también han permitido la conformación del movimiento social de pobladores.

8 Centro público de atención primaria de la salud.

9 Miembro del Concejo Municipal, elegido por votación directa. Las personas migrantes requieren contar con la nacionalidad chilena para ser candidatas en elecciones a un cargo de representación.

10 Chile es uno de los cinco países del mundo con derecho al voto en elecciones nacionales para la población migrante no nacionalizada (Finn 2020).

11 En Chile, la idea de poblador refiere a un sujeto de derechos que busca superar las condiciones materiales que impone la pobreza interpelando al Estado (Angelcos y Pérez 2017).

12 En Chile se denomina campamento a un asentamiento “donde ocho o más familias, que habitan viviendas agrupadas o contiguas, se encuentran en una situación irregular de tenencia del terreno y carecen de acceso regular a uno o más servicios básicos de la vivienda (agua potable, energía eléctrica y alcantarillado/fosa séptica)” (CIS Techo-Chile 2018, 3).

13 Entendida como una noción que “enlaza de manera compleja estas dos dimensiones: la jurídica, referida a las formas y categorías de acceso a cierto estatus legal (o su denegación), asentada a su vez sobre la distinción básica entre nacional-ciudadano/extranjero-no ciudadano, y la social, estrechamente relacionada con aquella, pero centrada principalmente en procesos de alterización racial y étnico-nacionales, que en América Latina se encuentran, a su vez, atravesados por la pertenencia de clase” (Stang et al. 2022, 229).


María Fernanda Stang

Doctora en Estudios Sociales de América Latina por la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina. Investigadora del Centro de Investigación en Ciencias Sociales y Juventud de la Universidad Católica Silva Henríquez, Chile. Líneas de investigación: migración, política(s) y Estado; migración, géneros, diversidades y disidencias sexuales; migración, educación e interculturalidad. https://orcid.org/0000-0003-3781-3024 | fstang@ucsh.cl

Mariela Nadine Delgado Silva

Magíster en Sociología por la Universidad Alberto Hurtado, Chile. Asistente de investigación del proyecto Fondecyt 11241215. Líneas de investigación: desigualdad de género en el trabajo doméstico no remunerado, con énfasis en la distribución y uso del tiempo y en las valoraciones subjetivas que hombres y mujeres otorgan a estas actividades. https://orcid.org/0009-0004-2279-649X | marielandelgadosilva@gmail.com

Laura García del Río

Estudiante de la Maestría en Demografía de la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina. Consultora de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). Líneas de investigación: análisis de desigualdades sociales desde un enfoque de género, interculturalidad y derechos humanos, con énfasis en población indígena y afrodescendiente, envejecimiento y dinámicas demográficas. Personal técnico del proyecto Fondecyt 11241215. https://orcid.org/0009-0004-6889-1820 | lauragarciadelrio@gmail.com