Salud mental, conflictos sociales y cultura de paz

Wilson López-López, Alfonso Urzúa, Carlos Gantiva, María-Juliana Reyes-Rivera y Laura Cano-Sierra

Recibido: 21 de noviembre de 2025 | Aceptado: 1.° de diciembre de 2025 | Modificado: 7 de diciembre de 2025

https://doi.org/10.7440/res95.2026.01

Resumen | Este artículo otorga una visión panorámica sobre la relación compleja entre salud mental, violencia y construcción de paz, e introduce las diversas investigaciones que componen este número temático. Se propone una mirada integral que articula la evidencia empírica, la reflexión teórica y la práctica psicosocial para discutir los impactos individuales y colectivos de los conflictos sociales sobre el bienestar psicológico, evidenciando el carácter multidimensional de los procesos de conflicto y paz, así como las limitaciones de los modelos biomédicos tradicionales para entender las afectaciones de salud mental derivadas de estos escenarios. El artículo invita a superar las miradas individualizantes y a reconocer la salud mental como un proceso colectivo, vinculado a la justicia social, a la memoria y a la construcción de una paz sostenible.

Palabras clave | bienestar psicosocial; conflictos sociales; culturas de paz; determinantes sociales de la salud; salud mental

Mental Health, Social Conflicts, and the Culture of Peace

Abstract | This article offers a panoramic overview of the complex relationship between mental health, violence, and peacebuilding, and introduces the different studies that comprise this thematic issue. It adopts an integrative perspective that weaves together empirical evidence, theoretical reflection, and psychosocial practice in order to examine the individual and collective impacts of social conflicts on psychological well-being. In doing so, it underscores the multidimensional nature of conflict and peace processes, while also highlighting the limitations of traditional biomedical models for understanding the mental health effects that arise in these contexts. The article calls for moving beyond individualizing perspectives and for recognizing mental health as a collective process, closely connected to social justice, memory, and the construction of sustainable peace.

Keywords | cultures of peace; mental health; psychosocial well-being; social conflicts; social determinants of health

Saúde mental, conflitos sociais e uma cultura de paz

Resumo | Este artigo oferece uma visão ampla da complexa relação entre saúde mental, violência e construção de paz, e apresenta as diversas pesquisas que compõem esta edição temática. Propõe-se uma visão abrangente que articula evidência empírica, reflexão teórica e prática psicossocial para discutir os impactos individuais e coletivos dos conflitos sociais no bem-estar psicológico, evidenciando a natureza multidimensional dos processos de conflito e paz, bem como as limitações dos modelos biomédicos tradicionais para entender os efeitos na saúde mental derivados desses cenários. O artigo convida a superar visões individualizadoras e a reconhecer a saúde mental como um processo coletivo, vinculado à justiça social, à memória e à construção de uma paz sustentável.

Palavras-chave | bem-estar psicossocial; conflitos sociais; culturas de paz; determinantes sociais da saúde; saúde mental

Introducción

Un informe reciente del Comité Permanente entre Agencias de las Naciones Unidas (IASC 2024) evidencia el vínculo bidireccional entre la salud mental y la paz, revelando las dificultades que tienen las sociedades con problemas de salud mental para construir entornos de paz, cuando, además, han estado expuestas a contextos prolongados de violencia y de vulneración de derechos humanos. Cano-Sierra et al. (2025) resaltan que esta relación bidireccional se presenta de tres maneras: (i) las afectaciones en salud mental que son producto de las violencias propias de conflictos sociales; (ii) las condiciones de salud mental de las poblaciones pueden generar barreras para la construcción de paz e influir en factores de mantenimiento de las violencias, y (iii) la manera en que las agendas gubernamentales y sociales orientadas a la construcción de paz priorizan diversas problemáticas sociales y económicas, lo que contribuye a la invisibilización y estigmatización de la salud mental en las poblaciones afectadas.

En este contexto, múltiples estudios han identificado efectos negativos significativos en la salud mental y el bienestar de las personas expuestas a conflictos sociales y de violencia; se resaltan síntomas y trastornos psicológicos como estrés postraumático, ansiedad, depresión, intentos de suicidio, psicosis y esquizofrenia, y, en menor medida, trastornos alimenticios, reacciones de estrés agudo, déficit de atención e hiperactividad, trastorno bipolar, trastorno de pánico, trastornos de ansiedad específicos en la niñez, trastornos del sueño, consumo problemático de sustancias psicoactivas, dificultades cognitivas y duelos prolongados (Abu Suhaiban et al. 2019; Aqtam 2025; Bürgin et al. 2022; Charlson et al. 2019; Hoppen et al. 2021; León-Giraldo et al. 2021; Mohsen et al. 2021; Moreno-Murcia et al. 2021; Moreno-Chaparro et al. 2022; Morina et al. 2020; Shimelash Yasegnal 2022; Xu et al. 2023). Además, se ha encontrado que los conflictos sociales están asociados con estados emocionales como el miedo, la ira, el nerviosismo, la tendencia al aislamiento, el agotamiento, el fastidio, la impotencia y la frustración, así como con reacciones de agresión y sentimientos de inseguridad (Aqtam 2025; Kurapov et al. 2022; Shimelash Yasegnal 2022).

No obstante, para comprender desde una perspectiva más global el impacto psicológico de los conflictos sociales en la vida de una persona o comunidad, es importante reconocer que no puede hacerse desde un punto de vista biomédico tradicional, que tiende a ser patologizante y a entender la salud como una problemática individual, sin tener en cuenta el contexto (Oblitas 2008); esta perspectiva ha dominado en las investigaciones sobre afectaciones en salud mental por los conflictos sociales (López-López et al. 2022). Una comprensión adecuada debe incluir factores externos a la persona y el análisis de cómo estos afectan e interactúan con los factores intraindividuales, lo que complejiza el impacto de los conflictos sobre la salud mental. A manera de ejemplo, se han identificado efectos psicosociales significativos en poblaciones afectadas por conflictos sociales, principalmente relacionados con la ruptura del tejido social y familiar que se genera por la pérdida de seres queridos, y con afectaciones en los vínculos de confianza existentes entre los miembros de la comunidad, lo que puede generar estigmatización, segregación social y aislamiento (Aqtam 2025; Bürgin et al. 2022; IASC 2024; Moreno-Murcia et al. 2021; Shimelash Yasegnal 2022). Lo anterior conlleva, asimismo, la pérdida de redes de apoyo y de lugares seguros, una baja sensación de control y el aumento de las dificultades en el acceso a servicios y garantías de derecho, lo que obstaculiza el afrontamiento de situaciones difíciles (Bürgin et al. 2022; Moreno-Murcia et al. 2021; Østergaard et al. 2023). Ante estas afectaciones complejas a nivel individual y colectivo derivadas de los conflictos sociales, algunos autores han propuesto el término bienestar biopsicosocial, en vez de salud mental, como una forma más adecuada de abordar dichos procesos (Cano-Sierra et al. 2025).

En relación con esto, se ha identificado que los conflictos sociales pueden conllevar el desarrollo de traumas intergeneracionales y situaciones en que las sociedades perpetúen los ciclos de violencia vividos (Aqtam 2025; IASC 2024). En tales contextos de victimización, afectación psicosocial y ausencia de garantías para el adecuado afrontamiento emocional, es frecuente observar interacciones sociales inadecuadas, conductas antisociales, sentimientos de odio y miedo, tensiones entre grupos y deseos de venganza (UNDP 2022), que pueden terminar por dificultar la consolidación y el avance de los programas y procesos de construcción de paz (IASC 2024).

Y es que los procesos de conflicto y paz deben entenderse de manera multidimensional y dinámica, comprendiendo que están asociados con factores sociohistóricos, socioeconómicos, sociopolíticos, legales, de seguridad, socioculturales, socioambientales y psicosociales, dimensiones que están integradas e interrelacionadas (López-López 2020). Este modelo, además de dar cuenta del carácter complejo de los conflictos sociales, recuerda que las acciones que priorizan dar respuesta a los problemas legales, financieros o políticos implicados en los conflictos resultan insuficientes para permitir un verdadero proceso de reparación y construcción de paz, y pueden contribuir a la revictimización de las poblaciones afectadas al no tener en cuenta todas sus necesidades y actuar de manera descontextualizada (Cano-Sierra et al. 2025; López-López 2020). Esto resulta especialmente importante en la dimensión psicosocial, en tanto las afectaciones en este ámbito se hacen manifiestas en las interacciones cotidianas intra e interindividuales, y, como ya se mencionó, tienen un impacto directo en la manera en que las poblaciones se involucran en los procesos de construcción de paz, perdón y reconciliación (IASC 2024).

Sobre esta dimensión, López-López (2020) argumenta que un buen análisis de las consecuencias psicosociales de la exposición al conflicto debe pensar el impacto diferencial de las acciones de los varios actores y formas de violencia, así como el efecto que tienen los procesos como la verdad, la memoria, la justicia y la reparación (figura 1). Se ha evidenciado que el tipo de violencia ejercida configura diferentes afectaciones psicosociales; por ejemplo, no es lo mismo ser víctima de desplazamiento que de una retención forzada, de amenazas o de violencia física, aun si se dan en un contexto similar (Ramírez-Giraldo et al. 2017). Por su parte, las víctimas de los conflictos no solamente viven violencias directas por parte de los actores armados; también pueden ser afectadas por acciones (o inoperancia) gubernamentales o institucionales, o por los discursos sociales de legitimación de la violencia, deshumanización y estigmatización en los que la sociedad civil y los medios de comunicación tienen un importante papel (López-López 2020). Adicionalmente, se ha encontrado que la participación en prácticas o escenarios relacionados con el perdón, la memoria o la reconciliación puede ser relevante en la resiliencia y la salud mental de las víctimas (García-Padilla et al. 2025; Rocha Payares et al. 2025; Rokhideh 2017).

Figura 1. Actores, violencias, consecuencias y procesos psicosociales del conflicto

Fuente: tomado de López-López (2020).

Es claro que la comprensión de los conflictos sociales y sus efectos requiere dar cuenta de la compleja interrelación entre conflictos y salud mental, por lo cual es útil tener como punto de partida una perspectiva teórica como el modelo de determinantes sociales de la salud (DSS), en el que se identifican factores comunitarios, biológicos, psicológicos y sociales que influyen en la mejora o el deterioro de la salud general (Bezo et al. 2012; CSDH 2008). Entre estos determinantes se encuentran los ingresos, la educación, el acceso a servicios de salud, y la existencia de conexiones sociales y comunitarias; los más importantes son la pobreza, la desigualdad y la exclusión social (Woods-Jaeger et al. 2024), pues influyen en las condiciones de vida de las personas y las comunidades, afectando su salud física y psicológica (Braveman y Gottlieb 2014; Rodríguez-Yunta 2016; WHO 2008).

A partir de este punto de vista, se entiende que la presencia o ausencia de ciertas condiciones estructurales impacta directamente en una mayor vulnerabilidad a presentar dificultades de salud mental. Además, estas mismas situaciones dificultan la atención oportuna, lo que suele conllevar una transmisión intergeneracional de la pobreza, la violencia y el trauma psicológico, que contribuye a desigualdades en la salud mental de las poblaciones (Kirkbride et al. 2024; WHO y Calouste Gulbenkian Foundation 2014). Los conflictos sociales, en particular el conflicto armado, han sido considerados determinantes sociales que inciden en la salud mental de las comunidades (Rubio-León et al. 2025). Lo anterior se relaciona con el hecho de que generan estresores indirectos, más allá de la exposición directa a situaciones de conflicto o violencia, que pueden tener impactos emocionales significativos en las personas. Entre estos estresores se han identificado la pérdida de múltiples seres queridos, la separación familiar, la violencia de género, la inseguridad, la discriminación, la dificultad para satisfacer las necesidades básicas, las desigualdades en atención en salud, la pobreza, el desplazamiento y la inestabilidad social, así como interrupciones generales de la vida diaria que, junto con las violencias derivadas de los conflictos, conllevan efectos desestabilizantes en las sociedades (Aqtam 2025; Bürgin et al. 2022; IASC 2024; López-López 2020; Shimelash Yasegnal 2022; UNDP 2022).

Adicionalmente, se ha reportado que los efectos negativos de los conflictos sociales en la salud mental estarían asociados a características como la intensidad, la duración y el tipo de exposición a las violencias (Castaño et al. 2018; Moreno-Chaparro et al. 2022), con una mayor afectación cuando se experimenta una victimización múltiple (Campo-Arias et al. 2017; Moreno-Murcia et al. 2021) o desplazamiento forzado (León-Giraldo et al. 2021; Moreno-Murcia et al. 2021; Østergaard et al. 2023; Ramírez-Giraldo et al. 2017). A su vez, existen determinantes sociales que podrían afectar la magnitud del impacto de las situaciones de conflicto en las personas. Como factores de riesgo se han identificado un menor nivel educativo o una educación interrumpida (Castaño et al. 2018; Hewit-Ramírez et al. 2014; León-Giraldo et al. 2021); ser niño, niña, adolescente o adulto joven (Aqtam 2025; Betancourt et al. 2020; Bürgin et al. 2022; Castaño et al. 2018; Marroquín Rivera et al. 2020); ser mujer (Aqtam 2025; Xu et al. 2023); estar en condiciones de pobreza e inequidad; residir en lugares aislados; tener preexistencias en condiciones de salud mental (Østergaard et al. 2023; Xu et al. 2023), o presentar estrategias de afrontamiento relacionadas con la evitación, la agresión y la dependencia (Hewitt Ramírez et al. 2016). En contraste, como factor protector se ha encontrado el mantener conexiones con la familia y la comunidad (Betancourt et al. 2020).

En este marco, desde hace unos años, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) han hecho llamados para atender de manera prioritaria los problemas de salud mental, al destacar la necesidad de reducir las brechas en salud y de ampliar los servicios de salud mental para poblaciones vulnerables, especialmente en países con contextos de violencia o de violación de derechos. Ejemplo de esto son la Resolución 65.4 de 2012 (OMS 2012) y el Plan de Acción Integral sobre Salud Mental 2013-2030 de la OMS (2022), que evidencian la urgencia de que los Estados implementen políticas, servicios, estrategias y programas para afrontar este problema creciente. Para ello, creemos, es necesario contar con evidencia que facilite la comprensión de todos estos factores, lo que posibilitaría la creación de intervenciones contextualizadas.

Bajo este principio, el presente número pretende contribuir con una mirada más compleja, interdisciplinar y multidimensional de la salud mental, al entender su estrecha relación con las realidades sociales en las que se enmarca y plantear que los eventos de conflicto social deben ser considerados como un determinante social (Rubio-León et al. 2025).

El presente número

Los artículos que componen este dosier hacen un recorrido por diferentes tipos de conflictos sociales, en territorios como España, Bosnia y Herzegovina, Chile y Colombia. Los abordajes son diversos en perspectivas y metodologías, parten de investigaciones cualitativas y mixtas, y se nutren de la conversación interdisciplinaria entre la psicología clínica, social y jurídica, así como con la historia, la salud pública, la ciencia política, la educación, la sociología y la teología. De este número emergen diversas reflexiones que pueden categorizarse en tres grandes ejes temáticos: el primer grupo de artículos analiza los impactos que los escenarios de conflicto social tienen sobre la salud mental y el bienestar de las poblaciones victimizadas, así como las implicaciones de estas afectaciones para las intervenciones; el segundo propone intervenciones complejas para lidiar con las consecuencias biopsicosociales del conflicto social; y el tercero rescata la otra historia, es decir, en lugar de centrarse en los daños o afectaciones del conflicto y en las intervenciones externas aplicadas a las poblaciones, propone un enfoque que reivindica las fuerzas y potencialidades de las comunidades para afrontar su sufrimiento.

El primer bloque está compuesto por cinco investigaciones. En primer lugar, está el artículo de Alexandra Vallejo Mejía, Mónica Alexandra Reyes Cuartas y Sebastián Reyes Leal, “Análisis comparativo de factores conductuales y emocionales entre población víctima y no víctima del conflicto armado colombiano”, que profundiza en la comprensión de las heridas particulares que deja la guerra. Los autores evalúan aspectos emocionales, cognitivos, relacionales e identitarios, demostrando que la comprensión de la salud mental y sus afectaciones puede trascender la óptica diagnóstica y sintomatológica tradicional. Además, recuerdan que el bienestar psicosocial se compone de diversas capas y exponen cómo cada una de ellas se ve afectada de forma diferencial por la violencia social.

En segundo lugar, el artículo “Trauma cultural y memoria: experiencias de la población afrocolombiana desplazada del Pacífico colombiano”, amplía el foco al entender la salud mental como un fenómeno social y comunitario. Lida Elena Tascón Bejarano y Mariana Reina Villamil describen los efectos individuales, familiares y comunitarios del desplazamiento forzado, y comprenden el trauma como un fenómeno social, asociado no solo con el abandono obligado del territorio y todas las pérdidas que esto significa, sino con el reto que supone la llegada a un nuevo contexto en el que debe iniciarse desde cero, aún con el peso de todas las carencias recientes. Las autoras también dan pistas de cómo, en el análisis de las afectaciones de salud mental, se observan caminos por los que los saberes, recursos y vínculos comunitarios influyen positivamente sobre los procesos colectivos de bienestar y recuperación.

En esta misma línea, Alexandra Ainz-Galende, en el artículo “De la ansiedad al fundamentalismo: salud mental y religiosidad en jóvenes musulmanes de Almería (España) y Sarajevo (Bosnia y Herzegovina)”, propone que el sufrimiento psíquico es emocional, relacional y social. La autora estudia la relación estrecha de la salud mental con la dimensión religiosa, postulando que esta última tiene una función simbólica y ambivalente de afrontamiento en contextos de sufrimiento psicosocial, la cual cambia según el contexto sociocultural específico. La autora reivindica la posición situada y cultural de la salud mental, y propone incluir esta dimensión simbólica humana en las comprensiones sobre bienestar psicosocial y en los procesos de construcción de culturas de paz.

Por último, y de forma similar, dos artículos plantean formas de afrontamiento del malestar psicosocial en escenarios de conflicto social, que caen en el terreno de lo sociopolítico. En “Seeking Order in Chaos: Anomie, Authoritarianism, and Mental Health in the Context of Social Crisis in Chile and Spain”, Anna Włodarczyk, Lander Méndez, Saioa Telletxea, Marcela Ristow, Sara Hernández y Darío Páez abordan la relación existente entre la percepción de desorden e inestabilidad sociopolítica, el malestar psicológico y las actitudes de apoyo ante Gobiernos autoritaritos; además, analizan cómo las particularidades contextuales influyen significativamente en la naturaleza y fuerza de esta interacción. Asimismo, en “Inequality or Dignity?: Domain-Specific System Justification and the Palliative Minimization of Perceived Discrimination among Minoritized Groups in Chile”, Joaquín Bahamondes argumenta que las creencias que justifican (o no) los sistemas sociales establecidos pueden alterar la percepción sobre la existencia de discriminación intergrupal y cumplir una función paliativa en relación con el malestar psicosocial asociado, lo que, a su vez, implicaría efectos sobre las posibilidades de agencia social. A partir de dos estudios diferentes, el autor analiza cómo esta función paliativa se apoyaría en distintos dominios de justicia y cambiaría según el grupo social que analice el sistema. De tal forma, estas aproximaciones contribuyen a una visión multidimensional de la salud mental, en la que lo político entra a ser una variable fundamental, que no es solo determinante o causa del malestar/bienestar psicosocial, sino que también puede ser una forma de transitar estos procesos socioemocionales.

En el segundo bloque hay dos investigaciones que exponen propuestas de intervenciones complejas que tienen como objetivo disminuir el impacto de las consecuencias biopsicosociales del conflicto social.

En el primer artículo, “Estrategias de regulación emocional en víctimas el conflicto armado: una intervención participativa basada en estrategias contextuales”, Nathalia Rey-Gómez, Paola Andrea Pulido-Escobar, Laura Sofía Santamaría-Uribe y María Idaly Barreto-Galeano demuestran que son posibles las investigaciones clínicas que adopten un enfoque más amplio para entender e intervenir la salud mental, sin desligarla artificialmente de los procesos sociopolíticos con los que se mantiene una relación bidireccional. El trabajo evalúa los resultados de una intervención grupal que combina el abordaje clínico y el psicosocial para mejorar las habilidades de regulación emocional, flexibilidad psicológica y autocompasión de una población víctima del conflicto armado colombiano, con miras al fortalecimiento de competencias socioemocionales relevantes para transitar los procesos de construcción de paz. Dentro de los elementos llamativos están el uso de una lógica de investigación participativa para la co-construcción del tratamiento y la reivindicación del sufrimiento emocional como una reacción comprensible y de afrontamiento ante la vivencia de experiencias violentas. De manera transversal, el impacto de la intervención se discute en términos individuales, sociales y colectivos, trascendiendo así la perspectiva de que la clínica debe estar contenida en las paredes del consultorio.

El segundo artículo, “Asambleas deliberativas sobre salud mental en comunidades rurales afectadas por el conflicto armado: una evaluación de la calidad deliberativa en Montes de María, Colombia”, Yessica P. Blanco Torres, Pablo Abitbol, Diana Carolina Rubio León y Dennys del Rocío García Padilla, siguiendo las metodologías participativas, invitan a pensar la salud mental como un tema colectivo y político, que está atravesado por factores sociales, económicos, culturales y políticos más amplios, y cuyo estudio debe superar los modelos verticales y asistenciales que en el pasado han fracasado en contextos de conflicto social y violencia. De esta manera, a partir de la idea de los modelos comunitarios de intervención psicosocial en salud mental, se propone la deliberación democrática como una herramienta útil para fortalecer el conocimiento de las comunidades sobre su situación de salud mental y dilucidar posibilidades de afrontamiento colectivo de las que pueden valerse.

Finalmente, el tercer grupo tiene su eje en la resiliencia. El objetivo de las investigaciones que lo conforman es estudiar las variables y los factores que reivindican las fuerzas y potencialidades de las comunidades para afrontar el sufrimiento.

Al respecto, el artículo “Contribuciones de las organizaciones comunitarias a la promoción de la salud mental de niños, niñas, adolescentes y jóvenes en el Pacífico colombiano” permite analizar el papel que algunas organizaciones comunitarias colombianas han tenido en el apoyo a la población juvenil afectada por el conflicto armado interno. Juan Pablo Aranguren Romero, Sergio Daniel Arrieta, Francy Carranza-Franco, Juan Roberto Rengifo, Karina Martínez, Mónica Pinilla-Roncancio, Sanne Weber, Germán Casas, Sarah-Jane Fenton y Paul Jackson evidencian que son las mismas comunidades las que ejercen como los primeros respondientes ante las necesidades de salud mental de sus poblaciones. Estas plantean prácticas culturales específicas que conllevan bienestar emocional y crean espacios de expresión, fortalecimiento de las redes de apoyo, revitalización de la tradición y arraigo cultural, y abren nuevos horizontes de posibilidad para los jóvenes que deben forjar su futuro habiendo experimentado la violencia. En esta aproximación no solo se tiene una visión comunitaria y despatologizante del bienestar; también se recuerda que este integra elementos emocionales, espirituales y sociales.

Dentro de las convenciones comunitarias que promueven el bienestar, emerge un tipo de práctica que sobresale por su aporte significativo a los procesos de recuperación psicosocial: las acciones de resistencia y agencia comunitarias. En “Agencia social y recuperación psicosocial: una perspectiva resiliente de los determinantes sociales de la salud mental en una comunidad afectada por el conflicto armado colombiano”, Diana Marcela Bedoya Gallego, Daniel Gómez Gómez, Efrén de Jesús Castaño Gallego y Jenith Marcela Valencia Giraldo analizan cómo las acciones de preservación de la memoria histórica pueden fortalecer los lazos comunitarios y la agencia política colectiva, lo que permite practicar la solidaridad y la resistencia civil para la reparación social y psicoemocional.

Creemos que el recorrido que hacen estos nueve artículos constituye una lectura multidimensional e integral de las relaciones existentes entre los procesos de conflicto social y la salud mental de las poblaciones estudiadas. Una comprensión más completa del tema y la construcción de intervenciones óptimas para hacer frente a los efectos adversos del conflicto requieren de un cambio en la lógica investigativa, que estudie más los factores colectivos e incluya a las comunidades como actores expertos de sus propios procesos y sus prácticas autóctonas en tanto recursos válidos con los que revisar su efectividad (Cano-Sierra et al. 2025; García-Padilla et al. 2025).

Lo anterior supone diversos desafíos. Debe recordarse que, hasta el momento, la perspectiva dominante en el tema se ha basado en la lógica biomédica, que estudia las dificultades psicológicas como enfermedades y explora sus posibles orígenes en alteraciones biológicas o en la historia del individuo, valiéndose de sistemas diagnósticos, como el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM), desde los que el sufrimiento se entiende como un fenómeno intraindividual (Nicolò 2025). Además, los estudios sobre salud mental en contextos de conflicto armado han priorizado mediciones sintomáticas de afectaciones individuales para sistematizar sus resultados (López-López et al. 2022). Como alternativa, se ha propuesto que asumir la salud mental como un fenómeno contextual y social supone que la investigación en el tema adopte un modelo multinivel, que trascienda el foco biológico y aborde también aspectos de la experiencia subjetiva, interacciones sociales, agencia, contexto inmediato de la persona, así como las estructuras socioeconómicas, contextos políticos, desigualdades y otras situaciones suprapersonales (Nicolò 2025). Así, las investigaciones complejas, multidimensionales y holísticas de la salud mental se enfrentan a la necesidad de utilizar diferentes teorías coherentes con esta comprensión, desarrollar metodologías que permitan recoger información sobre los diferentes niveles de análisis (subpersonal, personal y suprapersonal) o, al menos, integrar explícitamente en sus discusiones cómo los resultados puntuales de un estudio pueden entenderse de manera ecológica, relacional y situada.

Por su parte, a pesar de las múltiples limitaciones que tiene la investigación desde el modelo biomédico, su dominancia se defiende argumentando que esta perspectiva cumple con criterios de legitimidad y validez científica, permite la claridad diagnóstica y facilita la obtención de apoyo institucional para nuevas investigaciones e intervenciones (Blehar 2006; Nicolò 2025). De esta manera, el desarrollo de nuevas perspectivas teóricas y metodológicas para la investigación sobre salud mental en escenarios de conflicto social se enfrenta al reto de abordar procesos biopsicosociales más amplios, sin perder la rigurosidad científica que posibilite su reconocimiento en el medio académico e institucional. Al respecto, la investigación acción participativa puede representar una oportunidad para acercarse a este fin, al tiempo que hace viable una verdadera inclusión de las comunidades y sus prácticas en el proceso investigativo (Cano-Sierra et al. 2025).

Finalmente, creemos que el objetivo de este número se estará cumpliendo si el lector amplía su visión sobre estas relaciones, planteándose reflexiones sobre la salud mental como un fenómeno de carácter comunitario, que está inevitablemente entrelazado con dimensiones que incluyen lo político, lo religioso, lo cultural y lo socioeconómico (López-López y Taylor 2021). Esperamos que el presente dosier abra conversaciones e intentos de nuevos caminos para la comprensión e intervención de estos escenarios, que superen los enfoques tradicionales culpabilizadores, patologizantes e individualizadores.

Referencias

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Este artículo forma parte del proyecto “Diseño participativo de un modelo de atención psicosocial de salud mental en las comunidades de Montes de María en el marco de la emergencia sanitaria por COVID-19”, financiado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de Colombia (MinCiencias), convocatoria “Construyendo paz, resiliencia y salud mental: convocatoria binacional de investigación para mejorar el apoyo y la comprensión de los retos actuales de Colombia en tiempos de pandemia”, n.º 884-2020. Dado el carácter participativo del proyecto, todos los autores contribuyeron en los roles de conceptualización, redacción, revisión y edición del artículo.


Wilson López-López

Doctor en Psicología Básica y Social por la Universidad de Santiago de Compostela (España). Profesor titular del Departamento de Psicología y director del grupo de investigación Lazos Sociales y Culturas de Paz de la Pontificia Universidad Javeriana (Colombia). Su investigación se centra en temas relacionados con la paz, el perdón, la reconciliación, la memoria, los movimientos y los conflictos sociales, como la migración y los derechos humanos.htts://orcid.org/0000-0002-2964-0402| lopezw@javeriana.edu.co

Alfonso Urzúa

Doctor en Psicología Clínica y de la Salud por la Universidad de Barcelona (España). Académico e investigador titular de la Escuela de Psicología de la Facultad de Psicología de la Universidad Católica del Norte (UCN) (Chile). Actualmente es vicerrector de Investigación y Desarrollo Tecnológico de la UCN. Sus temas de investigación giran en torno a la salud y la migración.htts://orcid.org/0000-0002-0882-2194| alurzua@ucn.cl

Carlos Gantiva

Doctor en Psicología Clínica y de la Salud por la Universidad de Granada (España). Profesor asociado del Departamento de Psicología y director del Laboratorio de Psicofisiología y Salud de la Universidad de los Andes (Colombia). Sus intereses de investigación incluyen la prevención de adicciones y la promoción de hábitos saludables mediante técnicas de neurociencia y economía conductual.htts://orcid.org/0000-0002-9232-121X| c.gantiva@uniandes.edu.co

María-Juliana Reyes-Rivera

Estudiante de la Maestría en Psicología Clínica de la Pontificia Universidad Javeriana (Colombia). Es miembro del grupo de investigación Lazos Sociales y Culturas de Paz de la misma institución. Su trabajo integra la práctica clínica con la investigación sobre el comportamiento prosocial, la reconciliación y la salud mental en contextos afectados por conflictos armados.htts://orcid.org/0000-0001-5055-5651| mj-reyes@javeriana.edu.co

Laura Cano-Sierra

Estudiante de la Maestría Erasmus Mundus en Psicología de la Movilidad Global, la Inclusión y la Diversidad en la Sociedad, en la SWPS University (Polonia) y en la Universitet i Oslo (Noruega). Es miembro del grupo de investigación Lazos Sociales y Culturas de Paz. Sus intereses de investigación incluyen los derechos humanos, la migración y la reconstrucción posconflicto.htts://orcid.org/0009-0007-7122-2996| laura_cano@javeriana.edu.co